Escrito por Mons. Francisco Gil Hellín, Arzobispo de Burgos
viernes, 18 de mayo de 2012
En una sociedad en la que con un clic ha llegado a Australia un largo
mensaje enviado desde Burgos o en el que las radios y las televisiones están
dando continuamente noticias, puede parecer chocante relacionar comunicación y
silencio. Si nos acercamos a observar lo que vemos casi todos los días,
comprenderemos que el silencio y la palabra lejos de ser antitéticos e
irreconciliables son grandes amigos.
El Señor Jesús, momentos antes de su
Ascensión al Cielo, envió a sus discípulos a proclamar
la buena noticia del Evangelio. “Id al mundo entero y proclamad
el Evangelio a toda la creación” (Mc 15, 15), les dijo. A esta misión
ineludible de la Iglesia habrá que incorporar todos los medios disponibles
de comunicación, desde los medios clásicos a los nuevos ámbitos de
comunicación y de las redes sociales.
Cuando
hablamos de obediencia estamos descartando, ya de entrada,las actuaciones que se emprenden cuando uno
está convencidode lo que tiene que
hacer o evitar o siente interés personal por ello. Quiero decir algo tan
sencillo como esto: cuando uno está convencido de que algo debe hacerse o
evitarse, no necesita que se lo manden. En todo casoesperará que se lo permitan si es otro quien
tiene la autoridad sobre él o sobre lo que pretende. Lo mismo ocurre cuando se
trata de llevar a cabo algo, o de evitarlo en un momento o lugar determinados.
¿Por dónde empiezo? ¿Por lo positivo o por
lo negativo?... La verdad es que creo que las luces y las sombras están entremezcladas
en el Movimiento 15-M. ¿Estamos ante un claroscuro propio del alba, o ante el
claroscuro característico del ocaso?
Mirando a cierta distancia, pienso que el
15-M ha sido una gran oportunidad desperdiciada. Me refiero a que podría haber
sido una gran iniciativa para impulsar el principio de subsidiariedad tan necesario:
¡más sociedad y menos estado! Pero, desgraciadamente, uno tiene la impresión de
que la dictadura de lo políticamenete correcto ha terminado por engullir al
15-M.
Escrito por + Demetrio Fernández, obispo de Córdoba
jueves, 17 de mayo de 2012
Uno
de los cauces para el sostenimiento de la Iglesia Católica es el de marcar la X
en tu declaración de la renta. Ni se paga más ni te devuelven menos, y con ello
se destina el 0,7 % de tus impuestos para el sostenimiento de la Iglesia.
También puedes marcar al mismo tiempo la X en la casilla “otros fines sociales”
y eso no merma nada al sostenimiento de la Iglesia. Tienes además los cauces de
las donaciones libres y directas a tu parroquia, a tu diócesis.
Especialmente promovido
por un partido político, durante estos meses se está pidiendo a la Iglesia que
renuncie a su exención del IBI, el Impuesto de Bienes Inmuebles, porque opinan
que es un privilegio y porque en estos tiempos de crisis económica los ayuntamientos
y otras entidades necesitan recaudar más fondos. ¿Qué podemos afirmar?...
“Apóstoles para la Nueva Evangelización”
es el lema de esta jornada eclesial, el 27 de mayo
En
la celebración de la solemnidad de Pentecostés de este año deseo recordar la
experiencia del Espíritu Santo que vivimos en el agosto pasado en Madrid,
durante la celebración de la XXVI Jornada Mundial de la Juventud. Allí, una
inmensa multitud de jóvenes se reunió junto al Papa, con sus obispos,
sacerdotes y educadores, para celebrar la presencia gozosa del Señor
resucitado.
Celebramos
hoy, VII Domingo de Pascua, la ascensión del Señor a los Cielos. Tal
acontecimiento estriba en que, cuarenta días después de su resurrección,
nuestro Señor Jesucristo fue elevado al Cielo en presencia de los discípulos y
se sentó allí a la derecha del Padre hasta su venida en gloria al final de los
tiempos.
La
ascensión de Jesucristo al Cielo es descrita sucintamente por Lucas al final de
su Evangelio (cf Lc 24, 50-53).