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Tras los pasos de Jesús Imprimir E-Mail
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Escrito por Martín Ruiz   
lunes, 25 de mayo de 2009

Medio centenar de jóvenes navarros pertenecientes a las comunidades neocatecumenales dejamos aparcados trabajos y estudios entre el 8 y el 16 de mayo, para visitar Tierra Santa y tocar el que es, en palabras del Papa Benedicto XVI, "el quinto Evangelio"

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Desde la tierra de Abraham hasta los lugares de la vida de Jesús. Desde la encarnación hasta la tumba vacía, signo de su resurrección. Son algunos de los parajes de Tierra Santa que atravesamos medio centenar de jóvenes, pertenecientes a las parroquias de de San Nicolás, San Fermín y San Jorge de Pamplona, San Andrés de Villava, y La Asunción de Cascante, todas ellas en Navarra. Durante ocho días pudimos seguir las huellas de Jesús y recoger sus palabras de amor, que confirman que Dios sigue actuando hoy en nuestras vidas.

El mismo sábado que llegamos visitamos el monte Carmelo, donde Elías demostró ante los falsos profetas y sus ídolos quién es el verdadero Dios. Allí, a medio camino entre el Mediterráneo, y el Monte Tabor, rezamos vísperas y pedimos una señal que confirme la obra que el mismo Dios de Elías está haciendo en nuestras vidas, lo mismo que lo fue para la Virgen el embarazo de su prima Isabel.

Al día siguiente vimos las ruinas de Cafarnaun, ciudad donde Jesucristo obró múltiples signos sin que apenas se convirtiese ninguno de sus habitantes. “Bajarás hasta el infierno; porque si en Sodoma se hubieran hecho los milagros que en ti, quizá hubiera existido hasta este día. Pero os digo que, en el día del juicio, habrá más indulgencia para Sodoma que para ti", le dice Jesús. Una frase que también nos podemos aplicar quienes, cuando nos encumbramos y creemos “tan convertidos”, a veces miramos con suficiencia a los demás.

Y es que nunca somos quien para juzgar al hermano. Como nos enseñó gráficamente el mural de Kiko Argüello titulado “El juicio final” en la Domus Galilea. Ahí está pintado Dimas, el buen ladrón, en el paraíso. Fue juzgado y condenado a muerte por la justicia de su tiempo, como un criminal, al igual que Jesucristo. Pero es la única persona, además de Cristo, que nos consta, según la Palabra, que ya está en el cielo.

El mérito siempre es de Dios, que se hace fuerte en nuestra debilidad, cuando reconocemos nuestra pequeñez y su grandeza. Como pudimos reflexionar en el Primado de Pedro. Es todo obra de su Amor. Ya lo dijo en su visita su sucesor, Benedicto XVI: “Sí, Dios ha entrado en esta tierra, ha actuado con nosotros en este mundo. Pero podemos decir más todavía: Tierra Santa, por su misma historia, puede ser considerada un microcosmos que resume en sí el esforzado camino de Dios con la humanidad. Un camino que incluye a causa del pecado también la Cruz, pero gracias a la abundancia del amor divino también la alegría del Espíritu Santo, la Resurrección ya comenzada”.

Es la sensación que se nos quedó al visitar el sepulcro vacío en Jerusalem, con permiso de los dueños de la plaza donde se encuentra el templo ortodoxo, desde el que accedimos, eso sí, tras sacarnos unas fotos y pagárselas religiosamente. Es increíble la Paz y Alegría que se respira en ese pequeño habitáculo de 2x2 metros, en el que hay que agacharse para entrar. Ahí, Jesucristo nos ha abierto las puertas a la eternidad. Para que ya no vivamos dominados por el miedo a la muerte, sino dando gloria a Dios. Con las alegrías de cada día y con nuestras pequeñas, medianas o grandes cruces. En la vida cotidiana, en la familia, en la sociedad, en el trabajo diario, en el ocio... Algo que también pudimos pedir con fuerza al visitar Sephoris, población cercana a Nazaret, donde Jesús estuvo trabajando con su padre José buena parte de sus 30 años de “vida oculta”.

En Jerusalem también pudimos tocar la roca sobre la que la tradición cuenta que se asentó la Cruz de Jesucristo. Yo sentí estar palpando el inmenso amor que Dios me tiene entregando a su Hijo para liberarme de la esclavitud del pecado, comprándome con su sangre. Ahí además el Hijo entró rotundamente en la voluntad del Padre, aún tenido que pasar por encima de su razón humana. Como hizo en Jueves Santo, tras rezar en el huerto de Getsemaní, donde nos apremió: “Velad y orad para superar la tentación porque el Espíritu está presto, pero la carne es débil”.

Unos días después pudimos estar en Nazareth, para asistir junto con otros 50.000 jóvenes de decenas de países a la Eucaristía que celebró Benedicto XVI en el Monte del Precipio, donde el Papa nos animó en castellano a dar nuestro “Sí” a Dios.

“Ha sido una experiencia inolvidable poderle escuchar, recibir su bendición y comprobar que en esta sociedad se puede ser joven, alegre y cristiano”, explicaba ayer Pablo Soées Aldama, vecino de Barañáin de 18 años y estudiante de Psicología en Valencia. “Ves además que no estás solo que hay miles de jóvenes como nosotros”.

Detrás del santo padre, el mismo barranco desde el que escribas y fariseos quisieron despeñar a Jesús, como nosotros intentamos a veces cuando no dice lo que queremos oir.

Es un poco también la sensación que se te queda tras visitar el muro de las lamentaciones. ¿Acepto ya de una vez en mi vida a Jesucristo o me doy de cabezazos contra el muro y sigo esperando a ese pretendido mesías que me libere por la vía militar de lo que me “molesta”?

“Que tu Espíritu nos enseñe a pedirte lo que realmente nos conviene, Señor”, pudimos orar en el Cenáculo, escenario de la última cena y lugar donde los apóstoles días más tarde recibieron el Espíritu Santo.

Decía Débora Bezares Fernández, una de las jóvenes que fue en aquella peregrinación: “Mi experiencia ha sido encontrarme con el amor de Jesucristo, que me salva todos los días de vivir en una vida pequeña y sin sentido y me transforma, poco a poco, en una persona nueva, dispuesta a morir y donarse al otro, a pesar de mi debilidad y de querer buscarme siempre a mi misma. He podido experimentar el sentido de la Cruz como un bien”.

“El Mar de Galilea, el Primado de Pedro, la Basílica de la Visitación, los lugares de la multiplicación de los panes y los peces, el Santo Sepulcro o Getsemaní hablan también de mi historia”, exponía esta pamplonesa de 25 años.

Precisamente uno de los momentos que más le impactó fue el paseo en barca por el Mar de Galilea. “Fue muy significativo, ya que allí Jesús hizo muchos milagros: calmó la tempestad, hizo andar a Pedro sobre las aguas, llenó las redes de sus discípulos después de haber estado toda la noche sin pescar nada... Todos esos milagros también me interpelaban a pedir al Señor, poder confiar en su fuerza para darme paz en los momentos de dificultad y poder vivir el sufrimiento ‘caminando con Él’, no hundida en el 'sin sentido”.

“Hemos podido ver que todo lo que pone en las escrituras tiene suelo y tiene cielo”, exponía por su parte el pamplonés Luis Apalategui, de 28 años. Quien aseguraba que lo que mas le ha impresionado ha sido “ver el sepulcro vacío”.

Quedan muchas palabras y lugares fuera de esta crónica: el monte Tabor, la iglesia de las bodas de Canaan, el monte de las Bienaventuranzas (donde, según Juan Pablo II, “el Señor nos ha estado esperando” a los jóvenes para que volvamos al mundo a anunciar su amor)… Los guardaremos como un tesoro en nuestro interior para que vayan brotando.

Volvemos con una sensación: es esta tierra la que ha dejado su huella en nuestro corazón y no al revés.

Con una misión: “Id y anunciad el Evangelio a todas las gentes”, decía Jesús. Ya que, “los cristianos tenemos la misión de salvar al mundo”, pedía Kiko Argüello el viernes 15 a miles de jóvenes en un encuentro en el monte de las Bienaventuranzas. “Debemos morir por el otro, dando la vida, diciéndole que la esencia de Dios es Amor. Liberando de la perdición eterna, ya que si esto se ha hecho con el leño verde qué no se hará con el seco”.

Y volvemos con una esperanza en la que coincidimos: “Espero poder fiarme de la fuerza de Dios, de su providencia, de la alianza que tiene conmigo de hacer de mí una persona nueva. Para eso me ha llevado al lugar más profundo de la tierra, el mar Muerto, donde he vuelto a descubrir cómo soy. Espero decir cada día un Sí como el de la Virgen, la Madre, la que se fió sin entender nada. Y que la palabra que he escuchado pueda cumplirse en mi vida”, confía Débora Bezares.

Martín Ruiz

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

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Comentarios
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Juanesico  - Impresionante   |81.33.78.xxx |2009-05-25 21:50:07
No se puede explicar con palabras lo que fue ese viaje. Animo a todos (jovenes y
no jovenes) a ir a tierra santa porque es un chute de espiritu santo enorme
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