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Te Deum laudamus: te Dominum confitemur A ti, oh Dios, te adoramos, a ti, eterna Trinidad, te reconocemos.
A ti, Padre de todos, origen de todo, generador y motor de todo te venera todo cuanto has creado, pues de ti procede.

Los ángeles todos, los cielos, sistemas, galaxias, planetas, astros, satélites en sus órbitas, asteroides, meteoritos, cometas y todas las potestades te honran; cuantos tienen poder ordenan tu alabanza.
Los querubines y serafines, los animales del bosque y de los océanos, los que vuelan y los que reptan, los corredores veloces y los lentos andarines te cantan sin cesar:
Santo, Santo, Santo es el Señor, Trino y Uno, Uno y Tres, Dios del universo.
Los cielos y la tierra están llenos de la majestad de tu gloria, gloria que llega a la médula de la tierra, más allá de los cielos, más allá de lo más alto. A ti te ensalza el glorioso coro de los apóstoles, la multitud admirable de los profetas, el blanco ejército de los mártires,
la innumerable muchedumbre de los infieles, los apóstatas y descreídos, impíos y renegados, desertores, enemigos y perseguidores te alaban sin saberlo con sólo respirar. A ti la Iglesia santa,
extendida por toda la tierra, y más allá de ella, en otros mundos, en todas las lenguas, sin lengua y sin palabras, cantando o gimiendo, y muda totalmente, te aclama:
Padre de inmensa majestad, Hijo único y verdadero, digno de adoración, Espíritu Santo, Defensor, Trinidad única y suprema.
Tú eres el Rey de la gloria, Cristo. Tú eres el Hijo único del Padre Tú eres la Trinidad en unión y comunión, junto con el Padre y el Espíritu. Tú, para liberar al hombre, aceptaste la condición humana sin desdeñar el seno de la Virgen,
y siendo Trinidad al mismo tiempo, nos introdujiste en el círculo trinitario.
Tú, rotas las cadenas de la muerte, abriste a los creyentes el reino del cielo y la puerta al amor divino que fluye entre los Tres.
Tú te sientas a la derecha de Dios en la gloria del Padre y envuelves con tu gloria el misterio infinito.
Creemos que un día has de venir como juez lleno de amor, de gracia y de bondad.
Te rogamos, pues, que vengas en ayuda de tus siervos, a quienes redimiste con tu preciosa sangre y tiendas tu mano poderosa para impedir que caigamos fuera y lejos de la santa Trinidad.
Haz que en la gloria eterna nos asociemos a tus santos y sobre todo haz que sobre nosotros siempre resplandezca tu mirada y la del Padre y la del Espíritu.
Salva a tu pueblo, Señor, y bendice tu heredad, intercede siempre por ella para que la bendiga el Padre y el Espíritu Santo.
Sé su pastor y ensálzalo eternamente y eternamente tenlo en la luz de tu rostro.
Día tras día te bendecimos y alabamos tu nombre para siempre, por eternidad de eternidades adorando sin cesar a cada una de las tres Personas y a la Trinidad indivisa.
Dígnate, Señor, en este día guardarnos del pecado y perdona sin cansarte tantos como hemos cometido y que tantas veces ya nos has perdonado.
Ten piedad de nosotros, Señor, Santa Trinidad, ten piedad de nosotros.
Que tu misericordia, Señor, venga sobre nosotros, como lo esperamos de ti, de tu amor trinitario, de las Tres Personas misericordiosas.
En la Trinidad confié, Padre, Hijo y Espíritu Santo: no me veré defraudado para siempre.
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