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Homilía pronunciada en la Solemne Eucaristía celebrada en la Santa Iglesia Catedral de Teruel, por el Sr. Obispo, D. José Manuel Lorca Planes Esta celebración de la Solemnidad del Corpus Christi nos preparamos para el encuentro personal con Nuestro Señor, para tener la experiencia y el gozo de la fortaleza de la fe y para trabajar, con la seguridad que te da ésta, por la evangelización. Cada uno se conoce a sí mismo y sabe en qué punto está de respuesta a Dios.

Así que, con la conciencia de ser indignos por causa de los pecados, pero necesitados de alimentarnos con el amor que el Señor nos ofrece en el sacramento eucarístico, renovemos hoy, en esta mañana, nuestra fe en la presencia real de Cristo en la Eucaristía. El Papa, Benedicto XVI decía a propósito del Corpus en Roma, "¡No hay que dar por descontada nuestra fe! Hoy se da el riesgo de una secularización que penetra también dentro de la Iglesia, que puede traducirse en un culto eucarístico formal y vacío, en celebraciones a las que les falta esa participación del corazón que se expresa en la veneración y respeto de la liturgia. Siempre es fuerte la tentación de reducir la oración a momentos superficiales y apresurados, dejándose dominar por las actividades y por las preocupaciones terrenales". Tengamos presentes estas advertencias y dispongámonos a renovar nuestros compromisos con el Señor, en la Eucaristía y en la adoración eucarística.
¡Qué bello es descubrir el verdadero sentido de la Eucaristía! ¡Qué bueno poder superar los tópicos del "aburrimiento", "siempre lo mismo", "no me dice nada",... y abrir bien los ojos y los oídos a la presencia de Dios. Con la Eucaristía el cielo viene a la tierra, el mañana de Dios desciende al presente y el tiempo es como abrazado por la eternidad divina... La misa es un encuentro de amor con Jesús, en ella "descubrimos que somos amados de una manera infinita". La Eucaristía, explicó el Papa en Lourdes, "sólo es completa, si el agape litúrgico se convierte en amor cotidiano. En el culto cristiano, las dos cosas se transforman en una, el ser agraciados por el Señor en el acto cultual y el cultivo del amor respecto al prójimo".
En esta solemnidad la Iglesia en España celebra el Día de la Caridad y es que hay una relación esencial entre Eucaristía y caridad. La celebración de la Eucaristía tiene implicaciones sociales. "Cada celebración eucarística actualiza sacramentalmente el don de la propia vida que Jesús ha hecho en la Cruz por nosotros y por el mundo entero. Al mismo tiempo, en la Eucaristía Jesús nos hace testigos de la compasión de Dios por cada hermano y hermana. La Misa te lleva al compromiso, por eso no puede ser aburrida, a no ser que tu presencia en ella sea una ausencia existencial.
"Después de haber recibido la Palabra de Dios, después de haberos alimentado con su cuerpo, dejaos transformar interiormente y recibir de él vuestra misión". El Señor Jesús, "os envía al mundo para llevar su paz y ser testigos de su mensaje de amor. No tengáis miedo de anunciar a Cristo a la gente, a jóvenes y adultos". "Enseñadles que Cristo no es un impedimento para vuestra vida ni para vuestra libertad; por el contrario, mostradles que os da la verdadera vida, que os hace libres para luchar contra el mal y hacer de vuestra vida algo bello". Insisto, no tengáis miedo a anunciar a Cristo que Dios no les quita nada a aquellos que se entregan totalmente a él. Por el contrario, les da todo. Saca lo mejor de cada uno de nosotros, de manera que nuestras vidas puedan florecer verdaderamente. Es conveniente resaltar la dimensión eucarística de la caridad, porque no se entendería esta sin la referencia a la entrega total de Nuestro Señor, sin la referencia a su Muerte y Resurrección, que ha derramado hasta la última gota de sangre por rescatarnos del pecado y de la muerte. Cada Eucaristía, acabamos de leer, actualiza sacramentalmente el don de la propia vida que Jesús ha hecho en la Cruz... Dios es el origen de la caridad, porque Dios es Amor y lo que nos debe caracterizar a los cristianos no puede ser otra cosa que el amor, el cristiano es un ser que ama. Esto es lo que nos define, lo que nos ha regalado Dios y lo que se nos pide que no perdamos nunca, debemos permanecer siempre en el amor.
Una persona que ama mantiene los ojos abiertos a su alrededor, cuida especialmente a los hermanos con un celo samaritano y se hace eco de sus necesidades sin pasar de largo. Pero esto es obligación también de la comunidad y de la Iglesia. En la primera Encíclica del Papa nos recordaba este deber: "La Iglesia no puede descuidar el servicio de la caridad, como no puede omitir los Sacramentos y la Palabra...". La razón de esta realidad y de este estilo de vida la encontramos en el evangelista San Juan: "Queridos, si Dios nos amó de esta manera, también nosotros debemos amarnos los unos a los otros" (1 Jn 4,11). Esto lo entendieron perfectamente las primitivas comunidades cristianas que se tomaron muy en serio la comunicación cristiana de bienes y también la necesidad de la conversión personal y comunitaria... "todo lo tenían en común", eran un "solo corazón y una sola alma". Jesús, durante la última Cena, partió el pan y lo dio a sus discípulos, "en el pan partido, el Señor se reparte a sí mismo".

Termino con la misma súplica que pronunciaba el Papa: ¡Quédate con nosotros Jesús, entrégate a nosotros y danos el pan que nos alimenta para la vida eterna! Libera a este mundo del veneno del mal, de la violencia y del odio que contamina las conciencias, purifícalo con la potencia de tu amor misericordioso. Y tú, María, que has sido mujer "eucarística" durante toda tu vida, ayúdanos a caminar unidos hacia la meta celestial, alimentados por el Cuerpo y la Sangre de Cristo, pan de vida eterna y remedio dé la inmortalidad divina ¡Amén!
Oración pronunciada por el Sr. Obispo en la Plaza del Torico de Teruel, ante el Santísimo Sacramento, antes de dar la Bendición con el Santísimo, ante un numerosísimo público.
Señor Jesús, te saludo a ti el primero, estás aquí en esta plaza, corazón de la ciudad. Y vosotros, hermanos, hermanas, amigos... estáis aquí, conmigo, ante El.
Cuando te contemplamos, vemos a Aquel que, durante la cena pascual, ha entregado su Cuerpo y su Sangre a sus discípulos, para estar con ellos "todos los días, hasta el fin del mundo" (Mt 28,20)... Vemos y adoramos a Aquel que está al inicio y al final de nuestra fe, sin ti no estaríamos aquí esta mañana, sin ti no seríamos nada, no existiría nada, nada, absolutamente nada.
Hermanos, hermanas, hoy en el Día de Corpus, nos ofreceros a Quien nos lo ha dado todo, que vino no para juzgar al mundo, sino para salvarlo (cf. Jn 3,17), aceptad reconocer en vuestras vidas la presencia activa de Quien está aquí presente, ante nuestras miradas. Aceptad ofrecerle vuestras propias vidas.
"Pidamos la gracia de aprender a vivir cada vez mejor el misterio de la Eucaristía, de manera que comience así la transformación del mundo"Pidamos aprender a amar de verdad, a entregar nuestra vida por las causas nobles y grandes, por la causa del hombre, como Jesús, que durante la última Cena, partió el pan y lo dio a sus discípulos: "en el pan partido, el Señor se reparte a sí mismo"."Este gesto del partir alude misteriosamente también a su muerte, al amor hasta la muerte. Él se da a sí mismo, que es el verdadero 'pan para la vida del mundo'. El alimento que el hombre necesita en lo más hondo es la comunión con Dios mismo, aprender a amar como Él nos amó.
¡Quédate con nosotros Jesús, entrégate a nosotros y danos el pan que nos alimenta para la vida eterna! Libera a este mundo del veneno del mal, de la violencia y del odio que contamina las conciencias, purifícalo con la potencia de tu amor misericordioso. Y tú, María, que has sido mujer "eucarística" durante toda tu vida, ayúdanos a caminar unidos hacia la meta celestial, alimentados por el Cuerpo y la Sangre de Cristo, pan de vida eterna y remedio de la inmortalidad divina ¡Amén!
Agustín Fdez Buj - Delegado Episcopal de Medios de Comunicación Social
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