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El Papa subraya la necesidad de esperanza en el mundo porque el hombre necesita ser salvado de los males que afligen el espíritu Domingo, 27 sep (RV).- El Santo Padre Benedicto XVI ha celebrado esta mañana, ante miles de fieles, la Santa Misa en la explanada del aeropuerto de Brn. A ellos precisamente el Pontífice se ha dirigido durante su homilía, deteniéndose a analizar la realidad del mundo contemporáneo, y animando a todos a testimoniar la realidad fundada en Cristo. 
“Vengan a mí todos los que están afligidos y agobiados, y yo los aliviaré”. Con estas palabras escritas en la puerta de la catedral de Brn el Papa ha dado inicio a su homilía durante la que ha señalado que en República Checa, como en otras naciones, se está viviendo “una condición cultural que representa a menudo un desafío radical para la fe y, por lo tanto, también para la esperanza”. En este sentido Benedicto XVI ha señalado que tanto la fe como la esperanza, en la época moderna, han sufrido como un "desplazamiento", porque han sido relegadas al plano privado y ‘ultraterrenal’, mientras que en la vida concreta y pública se ha afirmado la fe en el progreso científico y económico (cfr Spe salvi, 17).
“Sabemos todos que este progreso es ambiguo –ha señalado después el Papa- abre posibilidades de bien junto con perspectivas negativas. Los desarrollos técnicos y la mejora de las estructuras sociales son importantes y ciertamente necesarios, pero no bastan para garantizar el bienestar moral de la sociedad (cfr ibid., 24)”. Porque como ha señalado el Pontífice, el hombre tiene necesidad de ser liberado de las opresiones materiales, pero debe ser salvado, y con mayor profundidad, de los males que afligen el espíritu.
La pregunta que se plantea es quién puede salvar al hombre sino Dios. El Santo Padre responde que nuestra firme esperanza es Cristo: “en Él, Dios nos ha amado hasta el extremo y nos ha dado la vida en abundancia (cfr Gv 10,10), aquella vida que cada persona, algunas veces incluso sin llegar a saberlo, anhela poseer”.
Por último Benedicto XVI ha animado a todos a testimoniar esta realidad fundada en Cristo. A los sacerdotes, les ha invitado a permanecer íntimamente unidos a Cristo, ejerciendo con entusiasmo su ministerio. A los religiosos y religiosas, con la feliz y coherente práctica de los consejos evangélicos. Y a los fieles laicos jóvenes, el Papa ha puesto como ejemplo la vida de los santos Cirlilo y Metodio -patrones de Moravia-, santa Zdislava madre de familia-, san Juan Sarkander –sacerdote y mártir-, san Clemente María Hofbauer –sacerdote religioso-, y la beata Restituta Kafkova, nacida en Bro y asesinada por los nazis en Viena.
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