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Deseo compartir algunas impresiones y apreciaciones sobre el II Sínodo Africano, recién clausurado. El tema escogido para el II Sínodo, celebrado del 4 al 25 de Octubre en Roma, (“La Iglesia en África al servicio de la reconciliación, la justicia y la paz”), no sólo es muy acertado y actual, sino hasta vital para África y para el mundo entero. 
Además, el hecho de que otros organismos, no necesariamente eclesiales, estén afrontando el mismo argumento, indica que no es posible imaginar un futuro mejor para el continente sin tomarse en serio la realidad del pluralismo cultural, religioso y social. Fue en su reciente visita a África que Benedicto XVI entregó a la Iglesia Africana el Instrumentum Laboris. El Consejo Especial para África de la Secretaría General del Sínodo se ocupó, en un primer momento, del texto de los lineamenta sobre el tema del Sínodo, publicado el 27 de Junio de 2006. Sucesivamente, el mismo consejo redactó el presente Instrumentum laboris. Se trata de la síntesis de las respuestas solicitadas, remitidas por las 36 Conferencias Episcopales y por 2 Iglesias orientales católicas sui juris, presentes en el continente, así como por los 25 dicasterios de la curia Romana y de la Unión de Superiores Generales. A tales respuestas se han añadido reflexiones de diferentes Instituciones eclesiales y de fieles laicos, comprometidos en la evangelización y la promoción humana en el continente. A juicio de los propios africanos, con sus muchas e valiosas aportaciones, reflejan la situación de la Iglesia en la África de hoy. El primer capítulo, de los cinco de que consta el Documento, describe el nuevo contexto social que vive nuestro continente, con algunas breves reflexiones teológicas sobre la reconciliación, la justicia y la paz. En el segundo se presenta la urgencia de esta misma reconciliación, referida a todo el continente y enlazando esos tres elementos como constitutivos internos. La misión de la Iglesia, hoy, es que “como familia de Dios, en su actuación se convierta en signo e instrumento de reconciliación”. A todo esto se apunta en el tercer capítulo, insistiendo en la justicia y la paz, armonizando evangelización y promoción. El capítulo cuarto afirma que un Sínodo no es tarea exclusiva de obispos, sino que abarca e implica a todo el pueblo de Dios: personas y estructuras. Y como tarea particular corresponde a todos los cristianos comprometidos en la sociedad, desde la política hasta los medios de comunicación social y organismos internacionales Y concluye el capítulo quinto con oración y esperanza firme en la Virgen Nuestra Señora de África. El documento reconoce que la globalización ha causado tal mezcla de pueblos y concentración de masas en África es un continente profundamente religioso, que acoge y responde generosamente al Evangelio. espacios tan escandalosamente restringidos, que se hace imposible ofrecer el mínimo de servicios indispensables para una vida digna y sana, desde el punto de vista físico, social y espiritual. Nunca como hoy el mundo se ve expuesto a tanta “diversidad”, pero no está preparado para ella. El otro, físicamente cercano, se considera emotiva y culturalmente “lejano”, cuando no “hostil”. La llamada “aceleración histórica” es un hecho global. En África, sin embargo, tiene connotaciones únicas. En cada familia africana conviven cuatro generaciones, pertenecientes a otras tantas épocas histórica distintas, “compactadas” en un brevísimo período de tiempo, mientras en Europa han tenido siglos para sedimentarse y acoplarse. No es raro el caso de abuelos pastores-nómadas, padres agricultores, hijos empleados en la industria o en el turismo, y nietos con títulos universitarios en informática. ¿Es posible una sana comunicación y mutua aceptación entre “cosmovisiones” tan distintas? En África, recurrir a la violencia como instrumento para solucionar los conflictos parece ser una posibilidad cautivadora. La llegada del negro Obama a la Casa Blanca no borra el hecho de que, tan sólo hace menos de 40 años el apartheid era un régimen en vigor en Sudáfrica, como en Estados Unidos. Y los guetos negros aún existen en los Estados Unidos. Los barracones de los arrabales de las macro-ciudades africanas son un volcán en ebullición. Si el Sínodo ha focalizado su atención en las masas de pobres de nuestro continente, eso no significa que el resto del mundo esté exento de este mal. La presencia africana crece por todas partes: además de los 900 millones de habitantes del continente, hay otros 200 fuera de él, empezando por América del Norte y del Sur. Y allí donde hay africanos, hay guetos. ¿Quién demolirá los muros y las fosas? ¿Quién construirá puentes de comunicación? La Iglesia católica, reunida en un Sínodo para África, se ofrece como convencida candidata para esta fascinante tarea. El nuevo Sínodo Africano, ha demostrado al mundo, la posibilidad de reflexionar sobre el reto plantario de la convivencia de personas y pueblos diferentes. El II Sínodo, confiamos, se habrá pronunciado, entre otras cosas, sobre el buen gobierno del continente y sobre la gestión de sus recursos naturales, temas dramáticos y necesitados de indicaciones precisas. ¿Acontecimiento africano o romano? Reducir el Sínodo Africano al documento final, supone dejar de lado la sensibilidad y el genio africano. La mentalidad africana está preparada para crear y abrazar un evento, no tanto un documento. Si un texto quiere ser aceptado y entendido, debe estar al servicio del acontecimiento. Si para el africano un acontecimiento dice más que un documento, entonces también el lugar en que se celebra tiene su importancia. Ya, con ocasión del I Sínodo, muchos insistieron en la importancia de elegir un lugar africano. Para celebrar un acontecimiento que sea, verdaderamente, africano, el lugar, el ambiente, el clima, la cultura, la comida, el contacto con las masas, son ingredientes indispensables. Dudo de que Roma, o qualquier otro contexto europeo, pueda contener, adecuadamente, un acontecimiento africano. ¡Tendremos que esperar al próximo Sínodo , o mejor, “concilio” africano! ¿Qué resonancia ha despertado en África el II Sínodo que acaba de clausurarse el día 25 de Octubre? Poca. Esta podría ser una primera reacción ante el II Sínodo Africano. Ha tenido escasa repercusión en los medios de comunicación y entre los propios cristianos. Es como si lo sucedido en Roma, durante este mes de Octubre, no interesase a mucha gente. ¿A qué se debe? Es obvio que los periodistas son sensibles a las noticias sorprendentes. Cualquier actuación fuera de lo común – especialmente escandalosa – atrae a multitud de reporteros allí donde se produce. Otras muchas quedan olvidadas, en la sombra. De ahí que ciertas noticas se repiten hasta la saciedad y otras simplemente se ignoran. Una reunión de obispos suele pertenecer al segundo grupo. Un sínodo no suele aportar grandes sorpresas y tampoco llena las primeras páginas de los periódicos. El poco eco que el encuentro ha tenido entre los cristianos de África es algo distinto y ello puede deberse a otras razones. En primer lugar, creemos que a una falta de participación de las comunidades cristianas en el proceso sinodal. E prefacio del documento, previo al Sínodo, presenta el Instrumentum laboris como la conclusión de un grande esfuerzo de consulta de las Iglesias Locales. Vistas así las cosas, todo parece como si las comunidades de base, las parroquias, los movimientos y otras agrupaciones eclesiales africanas hubieran sido solicitadas abundantemente y hubieran aportado numerosas y adecuadas respuestas a los temas candentes de su vida diaria. Según esto, el documento que los obispos han trabajado estos días sólo sería un resumen del amplio diálogo compartido con la mayoría de los cristianos del continente. La preparación del II Sínodo Africano hubiera debido ser así, y entonces la reacción de los cristianos hubiera sido diferente: hubieran seguido cada paso del trabajo sinodal con atención y esperarían los resultados con el mismo interés. Pero, por lo visto, la preparación del sínodo estuvo lejos de ser así. Los Predicando en la Comunidad Cristiana de Makobola, - Mozambique en la Fiesta de San Lucas cristianos africanos no han sido suficientemente conscientes, ni han participado bastante en el proceso. ¿Razones? ¿A falta de tiempo? ¿A falta de método y de medios? Los misioneros, sabemos que, cualquier actividad pastoral en África, debe ser precedida por un tiempo abundante de animación de las comunidades cristianas sobre la cuestión. Eso supone una cercanía y una escucha atenta de las verdaderas necesidades de la gente, una explicación clara y repetida de lo que se pretende, vigilancia a las reacciones, consecuencias y beneficios para el lugar, costes, etc. Es un período largo de escucha que debe ser muy bien preparado. Puede poner a prueba la paciencia de los que desean resultados inmediatos. Pero, si se actúa sin tener demasiado en cuenta a la gente, lo que se lleve a cabo (un pozo, un dispensario, un banco de microcrédito, una capilla o un sínodo…) será experimentado como algo externo, no asumido. Quizás, desde esta perspectiva, podemos comprender mejor lo que muchos Agentes de Pastoral, Catequistas, Sacerdotes, Misioneros, Religiosos y algún obispo africano no temen afirmar: Que este Sínodo ha tenido poco eco entre las poblaciones del continente, porque quizás no fueron consultadas suficientemente. Hay que señalar también el problema del lenguaje. Los misioneros experimentamos la necesidad constante de adecuar nuestro lenguaje si queremos ser comprendidos por nuestros destinatarios. Los documentos oficiales de la Iglesia, sin embargo, suelen ser abstractos, farragosos, usando expresiones eruditas, términos y conceptos muy alejados del hablar cuotidiano y sólo conocidas por unos cuantos estudiosos. En este sentido, el resultado del Sínodo, apenas se dé a conocer, puede ser incomprensible e inaccesible para la gran mayoría de los cristianos africanos. No creo que sea mucho pedir a los Padres sinodales, que dejen aparcada una forma de expresarse enrevesada, y se esfuercen en comunicar su mensaje con un lenguaje sencillo. Todos ganaremos con ello, particularmente, los pobres, los preferidos de Jesús, que constituyen las grandes mayorías de nuestras comunidades cristianas y la gran riqueza, fuerza y dinamismo de la Iglesia Africana. JANGAMO, a 29 Octubre de 2009 Enrique Báscones Lezcano, ofm. Misionero en Mozambique
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