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Cuando los padres de familia son poco creyentes Imprimir E-Mail
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Escrito por + Ángel Rubio Castro - Obispo de Segovia   
jueves, 19 de noviembre de 2009

Según el ritual del bautismo de niños, los padres al pedir el bautismo para sus hijos se comprometen “a educarlos, para que guardando los mandamientos amen al Señor y al prójimo como Cristo nos enseña”. Esto es, también, lo que prometen al renovar las promesas de su propio bautismo. Los padres se esforzarán “en educarlos en la fe de tal manera que esta vida divina quede preservada del pecado y crezca en ellos de día en día”. Y cuando se les entrega el cirio pascual con la luz de Cristo, el celebrante les recuerda:

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“A vosotros, padres y padrinos, se os confía acrecentar esta luz. Que vuestros hijos, iluminados por Cristo, caminen siempre como hijos de la luz. Y perseverando en la fe, puedan salir con todos los santos el encuentro del Señor”. Por último, en la bendición de despedida, reciben gracia especial para ser “los primeros que, de palabra y obra, den testimonio de la fe ante sus hijos, en Jesucristo nuestro Señor”.

         Hay muchos padres de familia que, más o menos conscientemente, han renunciado al derecho y al deber de ser los primeros educadores de sus hijos. De ahí resulta que las instituciones siguientes, la parroquia y la escuela, se resisten en su tarea educativa. Lo que la familia no ha hecho es difícil lograrlo en otras instituciones. Ella es insustituible en el posterior desarrollo evolutivo.

         La realidad es que hay familias que no están capacitadas para cumplir su misión pedagógica. Otras, viven apartadas de la comunidad parroquial, de la vida sacramental y litúrgica. Tanto con unas como con otras conviene una línea pastoral hecha a base de diálogo, de proximidad, de etapas… ayudando a los padres a comprender, en primer lugar, el alcance que tiene toda educación humana y moral, con el fin de abrirles poco a poco a las dimensiones de una educación positivamente religiosa. Son familias a menudo pobres en medios de expresión y con frecuencia obstaculizadas con preocupaciones materiales. Por ello, reclaman de verdad un apoyo de la comunidad cristiana. Hay que realizar con ellas una auténtica evangelización.

         Cuando a los padres les falta la suficiente preparación, es preciso desarrollar toda una pastoral familiar en este sentido, con ocasión de la celebración del matrimonio, de la administración del bautismo, de la admisión de los niños a la catequesis, de la celebración de la primera comunión de los hijos.

         En el caso de que los padres vivan alejados de toda práctica religiosa, al margen de la vida de la Iglesia, es especialmente necesaria la presencia de militantes cristianos y de hogares cristianos en la catequización. Estos suplirán de alguna manera las deficiencias que el bautizado encuentre en su propia familia y, en la medida de lo posible, deberán ayudar discretamente a los padres a una evolución religiosa positiva.

         No cabe duda que los educadores y los maestros no se pueden improvisar, tampoco pueden dos jóvenes improvisar su misión paterna. La gracia del sacramento no crea una nueva competencia, lo más que hace es crear una aptitud para conseguirla. De ahí que la pastoral familiar ha de iniciarse en el noviazgo y continuarse durante todo el período matrimonial.

         Con frecuencia tenemos que constatar en muchos niños, desde su primera infancia, la falta de una fundamental formación religiosa y humana. Teniendo en cuenta ese hecho, la formación religiosa en la escuela y en la parroquia, no sólo llega con años de retraso, sino que además, encuentra ya lesionadas las disposiciones naturales y sobrenaturales del alma del niño.

         Se deben superar aquellas teorías que, por un concepto poco claro de la realidad, sugieren dejar para más tarde la propuesta del Evangelio con sus opciones y compromisos correspondientes. Desde la Iglesia hemos de mostrar y ofrecer el evangelio de las familias, hemos de defender proteger y tutelar la verdad del matrimonio y de la familia en la sociedad. Se han de formar bien las conciencias de las gentes sobre el matrimonio y la familia.

         Hay que avivar en los padres cristianos la grandeza de la visión cristiana del matrimonio y así poder vivirla mejor y ofrecer el testimonio de esa vida matrimonial y familiar a los demás.

 

 

 

 

+ Ángel Rubio Castro - Obispo de Segovia.

 

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