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Abc - JESÚS BASTANTE. MADRID. El obispo de Bilbao y presidente de la Conferencia Episcopal, Ricardo Blázquez, reivindicó ayer, «con profunda gratitud», el legado de «concordia, pluralidad y diálogo» dejado en la Iglesia y la sociedad españolas por el cardenal Vicente Enrique y Tarancón, de cuyo nacimiento se acaban de cumplir cien años.
La vigencia del «espíritu» de Tarancón fue una de las claves del discurso inaugural de la última Asamblea Plenaria de la Conferencia Episcopal antes de las elecciones que, el próximo mes de marzo, dilucidarán si Ricardo Blázquez continúa o no como máximo dirigente del Episcopado de nuestro país, después de un mandato marcado por las dificultades, tanto en el interior de la Casa de la Iglesia como en las fluctuantes relaciones con el Gobierno socialista. Elecciones el 4 de marzo Una votación que, además, coincidirá en el tiempo con las elecciones generales, que se celebrarán con apenas unos días de distancia. Así, y a falta de confirmación oficial, los comicios en la Casa de la Iglesia tendrán lugar el 4 de marzo, mientras que la fecha para las generales será el 9 de ese mes. En esta clave, las palabras de Blázquez, asumiendo el legado de Tarancón, supusieron la apertura de una nueva vía de debate ante unas elecciones que se presumen vitales para el futuro de la Iglesia española y de su capacidad para influir en la vida social, cultural y política de nuestro país. «El cardenal Tarancón buscó siempre la concordia, respetando la pluralidad y fomentando el diálogo», apuntó Blázquez, quien recordó cómo «tanto el amor a la Iglesia como el servicio a nuestro pueblo» fueron las grandes preocupaciones del cardenal. Éste «contribuyó poderosamente a que nuestra Iglesia acometiera los cambios» indicados por Pablo VI «cuando pensó en él para liderar a la Iglesia española en aquella delicada situación y cuando la Conferencia Episcopal lo eligió y reeligió como su presidente», subrayó el obispo de Bilbao. Tarancón «afirmaba abiertamente que la Iglesia veía con buenos ojos la llegada de la democracia y el pluralismo que le es inherente», recordó el presidente del Episcopado, quien añadió que, a través de su impulso, «la Iglesia respondió con dignidad y clarividencia al desafío que le planteaba la aplicación del Concilio en la fase de la transición de nuestra sociedad». «La Iglesia estuvo a la altura» «La Iglesia estuvo a la altura del momento histórico», apuntó el obispo de Bilbao, quien enfatizó que la actitud demostrada por los obispos españoles en aquel tiempo, bajo el mando de Tarancón, «no fue sólo coyuntural; aunque la situación presente sea en muchos aspectos diversa, hay valores permanentes», simbolizados en el legado dejado por el que fuera cardenal de Madrid. Como gesto de homenaje a la figura del que fuera cardenal de Madrid, y en vísperas al recuerdo de su fallecimiento, acaecido el 28 de noviembre de 1994, la Casa de la Iglesia inauguró un retrato del purpurado. El otro gran tema del discurso de Blázquez giró en torno a la memoria de la Guerra Civil y el papel de los cristianos en aquel «periodo agitado y doloroso de nuestra historia». En este sentido, los obispos «deseamos que se haga plena luz sobre nuestro pasado: qué ocurrió, cómo ocurrió, por qué ocurrió, qué consecuencias trajo». No obstante, el presidente del Episcopado puntualizó que «la memoria colectiva no se puede fijar selectivamente». En su opinión, «cada grupo humano (una sociedad concreta, la Iglesia católica en un espacio geográfico, un partido político, un sindicato, una institución) tienen derecho a rememorar su historia y a cultivar su memoria colectiva». «Pero no es acertado -recalcó- volver al pasado para reabrir heridas, atizar rencores y alimentar desavenencias». Para Blázquez, es necesario «mirar al pasado con el deseo de purificar la memoria, de corregir posibles fallos, de buscar la paz (...), sin ánimo de revancha, sino con la disponibilidad de afirmar lo propio y de fomentar al mismo tiempo el respeto a lo diferente, ya que nadie tiene derecho a sofocar los legítimos sentimientos de otro ni a imponerle los propios». «Debemos pedir perdón» «La búsqueda de la convivencia en la verdad, la justicia y la libertad puede guiar el ejercicio de la memoria», aconsejó el presidente del Episcopado, quien recalcó cómo, al hacerlo, «en muchas ocasiones tendremos motivos para dar gracias a Dios por lo que se hizo», mientras que «en otros momentos, sin erigirnos orgullosamente en jueces de los demás, debemos pedir perdón y reorientarnos, ya que la «purificación de la memoria», a que nos invitó Juan Pablo II, implica tanto el reconocimiento de las limitaciones y de los pecados como el cambio de actitud y el propósito de enmienda». «Recordemos la historia no para enfrentarnos sino para recibir de ella o la corrección por lo que hicimos mal o el ánimo para proseguir en la senda acertada», añadió el obispo de Bilbao, quien rompió una lanza en favor del testimonio de tantos mártires, fallecidos a causa de su fe, durante la Guerra Civil, muchos de los cuales ya han sido beatificados. «Los mártires -indicó el presidente del Episcopado-, habiendo sido perdonados y queridos por Dios, ofrecen también perdón. No denuncian ni señalan a nadie, no guardan rencor en su corazón». Por ello, Blázquez se empeñó en recordar que «la beatificación de los mártires no va contra nadie, a nadie se echa en cara su muerte, a nadie se acusa, a nadie se pide cuentas». Sí apostó el obispo de Bilbao por reconocer el «comportamiento moral de otras personas», que defendieron sus ideas «con sacrificios y radicalidad». En este sentido, Blázquez mostró «nuestro respeto a las personas que han mantenido sus convicciones y han servido a sus causas hasta sus últimas consecuencias». Para Blázquez, «ante toda persona que lucha honradamente por la libertad de los oprimidos, por la defensa de los pobres y por la solidaridad entre todos los hombres inclinamos nuestra cabeza, remitiendo a Dios el juicio último de su vida y de la nuestra». «Al servicio de la unidad» En su discurso, el presidente de la Conferencia Episcopal estuvo flanqueado por su vicepresidente Cañizares y por el cardenal Rouco, quien por primera vez en los últimos años pudo asistir a las palabras del obispo de Bilbao. También asistió el Nuncio, Manuel Monteiro de Castro, quien, ante la asamblea, evocó el viaje de Juan Pablo II, hace 25 años, a España, recordando a los obispos su compromiso de «estar al servicio de la unidad»
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