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Homilía Mons. Cesar Franco eucaristía organizada Delegación Apostolado Seglar Madrid Imprimir E-Mail
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Escrito por Ecclesia Digital   
miércoles, 16 de diciembre de 2009

HOMILIA DE MONS. CESAR FRANCO  EN  LA EUCARISTIA DE Preparación a la Navidad 2009 ORGANIZADA POR LA DELEGACION DIOCESANA DE APOSTOLADO SEGLAR DE MADRID, en la catedral de Santa María de la Almudena el lunes 14 de diciembre.

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La Delegación de Apostolado Seglar nos convoca para celebrar este día de preparación a las fiestas de la Navidad y lo hacemos en el ámbito de la Celebración Eucarística que es el lugar donde la Iglesia se desarrolla y avanza hacia su plenitud, el lugar de la fe católica, de la comunión. Y puesto que aquí estamos representantes de diversos movimientos y asociaciones de la Iglesia en Madrid, aquí crecemos en esa comunión que anhelamos para toda la Diócesis y para nosotros mismos.

La cercanía de la fiesta de la Navidad tiene, en la liturgia de hoy, un aspecto de profecía, de anuncio y de misterio. De hecho, las dos lecturas que acabamos de escuchar son muy enigmáticas. La del oráculo de Balaán que divisa el tiempo de la llegada del Mesías, el cetro de Israel y la constelación de Judá; las preguntas que le hacen a Cristo sobre su autoridad y que, como habéis escuchado, deja sin contestar: “puesto que vosotros no me contestáis a lo que yo os pregunto tampoco yo os contesto”. Nos puede sorprender esta forma de reaccionar de Jesús, pero cuando se entiende el contexto en que le hacen las preguntas desaparece la sorpresa, porque Jesús les plantea un tema muy concreto, el tema del profeta, de Juan, que ha venido, que les ha hablado, que les ha advertido de la inminencia del Mesías y al cual no han hecho caso. Han tenido delante a un profeta y no han querido escucharle. Y por eso, Jesús les pregunta sobre Juan para poner en evidencia que tuvieron delante de sí al que cumplía las profecías, a la voz que clama en el desierto, al que mostraba al Cordero de Dios que quita el pecado del mundo y no le quisieron hacer caso, de manera que es una pregunta ociosa la que hacen a Cristo sobre su autoridad cuando no han querido reconocer la autoridad del profeta, la autoridad de Juan.

En realidad, lo que viene a decirnos Jesús es que tenemos que estar atentos a lo que sucede delante de nosotros, si queremos descubrir el momento de la venida del Mesías. Hoy, la gente, también, hace muchas preguntas a Cristo, presente en la Iglesia. La gente pregunta a los obispos, pregunta a los sacerdotes y os pregunta a también a vosotros como cristianos. Algunas preguntas van dirigidas de buena fe, otras son malintencionadas. La Iglesia responde cuando hay buena fe. Y la Iglesia remite a los signos, a los acontecimientos, a la historia de la fe y del cristianismo. A quienes no quieren aceptar lo que tienen ante sus ojos, el oráculo de Balaán les habla de tener los oídos abiertos y los ojos despiertos para ver los signos de Dios y para escuchar las Palabras de Dios. Y sobre todo tenemos a Cristo que es la plenitud de la revelación.

Es posible que la Iglesia en muchas ocasiones no desvele en plenitud el misterio de Cristo, es posible que todos los que estamos aquí, empezando por mí, obispos, sacerdotes y consagrados, o laicos, no seamos capaces de desvelar el rostro de Cristo, pero Cristo está ahí, está presente en la Historia de la Iglesia y cualquiera que se acerque a ella podrá descubrir la grandeza de Cristo, a pesar de que muchas veces nosotros velemos su rostro. Hoy celebramos la fiesta de un gran santo, San Juan de la Cruz. En la Subida al Monte Carmelo tiene un texto admirable relacionado precisamente con la Fiesta de la Navidad. En su tiempo también había mucha gente: los iluminados, los que estaban esperando revelaciones nuevas, los que pensaban que la renovación de la Iglesia tenía que venir de signos extraordinarios, como ha pasado siempre, que había gente que buscaba revelaciones por todos los sitios. En la Subida al Monte Carmelo, San Juan de la Cruz dice que Dios nos habló definitivamente en una Palabra que es el Todo, porque lo contiene todo y, desde entonces, Dios ha quedado mudo. Y que, es ofender a Dios, pedir revelaciones extraordinarias cuando nos ha dicho todo. Ciertamente es ofender a Dios cuando venimos a decirle que no nos basta Cristo. Es ofender a Dios buscar por otros lados que no sea la Palabra única y definitiva y total que es Cristo; es ofender a Dios pensar que se nos van a decir cosas nuevas cuando ya está todo dicho en Cristo. En otro lugar, que es el pasaje que hoy lee la Iglesia en su Oficio de Lecturas, San Juan de la Cruz dice que Cristo es como una mina en la que hay muchísimos niveles de minerales y que todos pueden encontrar en esa mina aquello que buscan. Ese es Cristo, la Palabra viva, la definitiva, la que esperamos y en la cual está escondida y revelada al mismo tiempo toda la verdad sobre Dios.

Yo os animo, queridos hermanos, a buscar siempre en Cristo la respuesta a vuestras preguntas, porque allí la tenéis. La Iglesia, aun cuando reconoce determinadas revelaciones privadas, nunca obliga a aceptar lo que esas revelaciones contienen ni el hecho mismo de la revelación; por eso las considera privadas.

A todos nos obliga la revelación definitiva que es Cristo. A todos nos obliga la verdad de Cristo Jesús. Vayamos a esa mina donde encontraremos todas las riquezas que necesitamos para vivir. Escuchemos con oído atento y con ojos abiertos, como dice la profecía, a quien es la impronta del ser de Dios, el esplendor de su belleza y la verdad definitiva para todos los hombres. Y que María, la Madre de Cristo, nos eduque en esta escucha de la Palabra verdadera, Ella nos ayude a todos, a los que estáis aquí presentes, a vuestros grupos, movimientos, a la Delegación de Apostolado Seglar a escuchar a Cristo y a vivir de Cristo, porque Él nos enseñará también a estar presentes en el mundo y a responder con sabiduría y, a veces, a callar como hizo Cristo, que, cuando le preguntaron con mala intención no solamente en el Evangelio de hoy sino en alguna otra ocasión, se calló; porque la sabiduría calla ante la necedad del mundo. Que la Virgen María Nuestra Señora de la Almudena nos conceda alcanzar de Cristo el gozo de conocer plenamente y de vivir en esa Palabra, que es Palabra de Vida Eterna”.

Comentarios
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Janusz Barleski Fogel  - privado   |89.129.217.xxx |2009-12-25 15:25:31
Es grandiosa perdida, que el sermon lee la lectora, a no Excelentisimo Obispo
Cesar Franco - persona excelente. Gracias a Dios, Madrid tiene El como gran
Persona y gran Obispo. Tuve mi primiero encuentro con Cesar Franco en la Vigilia
de Inmaculada, grabe sus palabras hechas en la homilia,escuche mil veces
inclinando mi cabeza y rodillas ante de El.
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Modificado el ( jueves, 12 de abril de 2012 )
 
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