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El APÓSTOL SANTIAGO, PATRIARCA DE GALICIA (Nota de ECCLESIA DIGITAL: proseguimos con la serie de entregas de artículos de nuestro colaborador José Barros Guede a propósito de su reciente libro sobre el apóstol Santiago, el Camino de Santiago y la tradición Xacobea) 
El paisano gallego ama al Apóstol Santiago, al que considera el Patriarca de su tierra gallega, de su religión cristiana, de su cultura, de su historia, de sus costumbres, de su lengua y de su arte. Encuentra el consuelo y la esperanza cristiana en él e incomparables emociones de historia y arte en su Iglesia Basílica Catedral. En este sentido, Alfonso Rodríguez Castelao escribe en su libro, Sempre en Galicia: “Galiza representou ao Apóstol Santiago a semellanza dos Patriarcas, sentado en maxestade, un bastón na man esquerda, e un pergamino na man dereita, a cabeza erguida, os ollos en enfiados cara o ignoto Occidente e os beizos repetirán aquel salmo de David: no mar están os teus camiños e nas moitas augas as tuas sendas. Así o representou o mestre Mateo e así o espulpiu no Pórtico da Gloria, con réplica no altar mayor para recibir os antiguos visitantes da su Catedral”. Si Galicia era para los romanos “Finis Terrae”, el fin del mundo, era para las gentes de la Alta Edad Media la “Tierra de Santiago” al quedar lejos de los grandes centros y caminos de la actividad humana. Galicia está marcada y delimitada por el paisaje de sus suaves montañas, por sus bellos valles, por sus verdes campos, por sus muchos y hermosos ríos, por su clima atlántico lluvioso, por su cielo nubloso y por su extensa costa marítima con sus preciosas rías y varadísimas playas llenas de encanto. Las gentes gallegas son de origen celta, pueblo asentado en torno al Océano Atlántico. Los celtas eran hombres de guerra, bravos en el combate, propensos al desaliento y alegres en los banquetes y fiestas. Las gentes celtas mezcladas con los romanos, suevos, visigodos, castellanos y otros pueblos dieron lugar al pueblo gallego, temperamentalmente reservado, introvertido, retranquero, hipercrítico, positivista, conservador, trabajador y perseverante, de profunda impresión y al mismo tiempo de reacción lenta y de afectos fuertes dados a la nostalgia, a la morriña, a la euforia, a la alegría, al optimismo y al pesimismo. Manifestaciones de la cultura popular gallega son las formas de ser y hablar de los gallegos, su hábitat en las aldeas y pueblos de pocos vecinos, sus trajes típicos regionales, sus relaciones jurídicas y sociales ordenadas por el derecho gallego, sus cultivos agrícolas, ganaderos y pesqueros, sus típicos manjares, tales como el caldo galego, el cocido, la empanada, el pulpo, las carnes “o caldeiro”, los pescados fritos, el marisco, y sus fiestas con sus cantos típicos campestres y marineros acompañados y amenizados con la gaita gallega y con el baile típico de la muñeira. La estructura de la economía gallega ha estado estructurada por el cultivo agrícola, ganadero, forestal, pesca y derivados. La de la sociedad por la casa paterna, el linaje, la aldea, las parroquias, los municipios y las provincias, compuesta de señores y foreros, de hidalgos y caseros, de abades y feligreses, de caciques y caseros, de bandoleros, e indianos, de brujas y meigas, de curanderos y pescantinas. La religión cristiana católica gallega, de origen predominante medieval, enseñada en las iglesias y las casas paternas, ha penetrado fuertemente en el pueblo gallego. Está constituida por la fe que el Apóstol Santiago y sus discípulos Teodoro y Atanasio trajeron a Galicia, que consiste en creer en Dios como ser poderoso, bondadoso y providente, en el poder misericordioso de la Virgen María, Madre de Dios, en la gran veneración de los santos y ángeles, en la vida eterna, en el culto a los difuntos, en el valor de la oración, de las misas y de las ofrendas. La cultura popular gallega está totalmente llena de religiosidad cristiana como son los villancicos de navidad, la fiesta de las Candelas, las penitencias cuaresmales, las celebraciones de la Semana Santa, las procesiones del Corpus Chisti, el culto al los difuntos y sus ofrendas, la veneración de reliquias de los santos, la celebración de sus fiestas, las peregrinaciones y las romerías a sus santuarios. Emilia Pardo Bazán, escribe: “Galicia es el país de las ánimas”, siendo noviembre el mes de los difuntos, de los espíritus o de las ánimas. El culto del pueblo gallego a los muertos surge de misma concepción de la muerte como separación del cuerpo y espíritu y de la creencia religiosa cristiana de la vida eterna. Sus costumbres, ritos y ceremonias sobre la agonía de los difuntos, el velorio, el fallecimiento, el funeral, los responsos, el entierro y las ofrendas por ellos ponen de manifiesto la constante y sentida presencia de los muertos en el mundo gallego de los vivos. Las romerías en Galicia giran a torno a la Virgen Maria y a los santos en sus santuarios, capillas, parroquias, conventos y catedrales. Se hallan esparcidas por toda su geografía, ubicadas en sitios y lugares de encanto y belleza. Son muy concurridas y muy populares. En verano, la geografía gallega está llena de romerías y fiestas populares. Son la quinta esencia de la cultura o folclore gallego por sus creencias religiosas, por sus lugares, por sus típicas comidas campestres celebradas en familia con alegría y buen humor y acompañadas de la gaita gallega. Pero la romería gallega más importante y más famosa por excelencia es la del Apóstol Santiago en Compostela, de carácter universal. Pido, pues, a las autoridades eclesiásticas, estatales españolas, autonómicas y municipales gallegas promuevan eficazmente unidas este Año Santo Xacobeo 2010 para bien de Galicia, de España y de la Unión Europea. ¡La Humanidad y la Cristiandad se lo agradecerán!. José Barros Guede A Coruña, 23 de febrero del 2010
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