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SANTIAGO
PEREGRINO
(Nota de ECCLESIA DIGITAL): proseguimos la
serie de entregas de artículos de nuestro colaborador José Barros Guede a propósito
de su reciente libro sobre el apóstol Santiago, el Camino de Santiago y la
tradición Xacobea. Esta es la tercera entrega) 
La bella imagen de
Santiago Peregrino se encuentra en las catedrales, iglesias, monasterios y
lugares a lo largo de las rutas europeas y de las etapas hispánicas de los
Caminos y de los bellos monumentos de Compostela.
Los monjes benedictinos de la abadía francesa
de Cluny, al conocer que la Tumba del Apóstol Santiago se encontraba en
Compostela, no sólo son los grandes promotores y primeros peregrinos del Camino
francés en colaboración con los reyes de Francia, Aragón, Navarra y Castilla,
sino que son tambien los inspiradores de las hermosas tallas de Santiago
Peregrino como representación y símbolo del peregrino compostelano.
Alfonso Rodríguez
Castelao escribe en su libro, Sempre en
Galicia: “Europa representou ao Apóstolo Santiago a semellanza dos seus
peregrinos, con esclavina e chapeu cubertos de conchas-vieras, un bordón na man
dereita e un libro la esquerda, os pes descalzos e en actitude de andar tal
como se ve na cume de Saint Jaques de París, a modo de Santo protector dos
camiños, símbolo da alma viaxeira de
Europa”.
Los peregrinos
europeos antes de emprender viaje a la Tumba del Apóstol Santiago recibían la
bendición eclesiástica y la indumentaria propia jacobea en los atrios de las
iglesias de Europa, formada por sombrero para el sol, la esclavina para el
frío, el moral para la comida, la calabaza para el agua y el bordón para
defensa y apoyo.
Cantaban por el camino las canciones típicas
de su país y las propias del Camino de Santiago, siendo la canción más antigua
jacobea la conocida con el nombre de “Ultreya”, cuyo texto se halla en el Codex Calixtinus o Liber Santi Jacobi, que
escribió Aymeric Picaud, sacerdote francés, entre los años 1140 a 1150.
Anteriormente había hecho visitado y venerado la Tumba del Apóstol Santiago en
tiempos del arzobispo Diego Gelmírez, entre los 1128 a 1130.
El citado Codex Calixtinus recoge en su quinto libro las rutas y etapas del
Camino Francés, actualmente declarado Patrimonio del Humanidad por la Unesco e
Itinerario de Interés Cultural por el Consejo de Europa. Parte de las ciudades
de París, Arlés, Tours, Poitiers, Le Puy, Vézcelay y Orleáns y entra en España
por bien por la ruta aragonesa de Somport de 1632 m. de altitud, bien por la
ruta navarra de Roncesvalles. Ambas rutas se unen en Monte la Reina.
El Camino Francés
continúa por medio de las siguientes etapas: desde Monte la Reina a Nájara, de
Nájera a Burgos, de Burgos a Frómista, de Frómista a Sahagún, de Sahagún a
León, de León a Rabanal, de Rabanal a Villafranca, de Villafranca a Triacastela
pasando por el Cebreiro, de Triacastela a Palas de Rey y de Palas de Rey a
Santiago de Compostela.
A lo largo del
Camino Francés los peregrinos se alojaban en hospederías, posadas y mesones
para recibir alimento y descanso. Las hospederías de los monasterios,
catedrales y cofradías eran gratuitas, y las posadas y mesones de particulares
eran de pago. Según dicho Codex Calixtinus: “los malos posaderos
daban la comida de balde a sus huéspedes y se esfuerzan para que le compren
velas o cera vendiéndola cera a seis dineros en lugar de a cuatro”. Los
peregrinos enfermos en general pernoctaban en los hospitales y los leprosos en
leproserías.
En la plazoleta del
Paraiso de la puerta Norte de la Iglesia del Apóstol Santiago, los peregrinos
cambiaban sus monedas propias de su país o reino por las monedas de Compostela,
privilegio que el arzobispo Diego Gelmírez había conseguido del rey Alfonso VI,
de su hija la reina Urraca y de su nieto el emperador Alfonso VII, de Castilla
y León, y que sus sucesores confirmarán. Se lavaban y bebían agua en la hermosa fuente de dicha plazoleta, que Diego
Gelmírez había mandado construir al célebre y genial maestro y sabio arquitecto
Bernardo Estévez.
Entraban a la
Iglesia del Apóstol Santiago por la puerta Norte, oraban confesaban, comulgaban
y veneraban la Tumba del Apóstol Santiago. Si llegaban a Compostela de noche, pernotaban dentro de la Iglesia Catedral, muchos dormían
en el triforio y al día siguiente cumplían con sus obligaciones de peregrinos.
En dicha plazoleta
del Paraiso, el Codex Calixtinus de
Aymeric Picaud dice: “se venden cochas a los peregrinos, y tambien botas de
vino, zapatos, mochilas de piel de ciervo, bolsas, correas, cinturones, y
hierbas medicinales de todo tipo y demás especies, así como otros productos”.
En los siglos XV y
XVI los Caminos de Santiago de Compostela eran frecuentados por ladrones,
vestidos de peregrinos, hasta tal punto que el rey Felipe II prohibió el uso
del hábito de peregrino a sus caminantes. Tirso de Molina manifiesta en su obra
dramática, La romera, que los pícaros
abundaban por los Caminos de Santiago practicando el pillaje. Miguel de
Cervantes relata el encuentro que Don Quijote tuvo con los romeros que piden
limosna cantando.
Hoy día, resulta
admirable y fascinante ver caminar por el Camino Francés durante todos los días
del año, llueva, nieva, haga frío o calor, a cientos de personas ilusionadas de
todas las condiciones, confesiones y nacionalidades. Los creyentes, cristianos
para venerar la Tumba del Apóstol Santiago, y los no creyentes cristianos para hallar paz, amor y esperanza en
Compostela, cuya ciudad religiosa medieval trasmite misterio, espiritualidad y
eternidad por medio de su historia y arte.
José Barros Guede.
A Coruña, 2 de
marzo del 2010.
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