|
Todo
se ultimó en cuestión de horas. Y la sorpresa fue una de las primeras
reacciones tras el anuncio el miércoles 4 de marzo de que Benedicto XVI
vendrá a Santiago de Compostela y a
Barcelona, los días 6 y 7 de noviembre. ECCLESIA Digital
pudo adelantar la noticia once horas antes que el resto de los medios
informativos. Y junto a la sorpresa inicial, la alegría y la satisfacción
se concitaron pronto en el ánimo de nuestra Iglesia. Y tras ello y mientras se
disponen los preparativos tan necesarios en todos los órdenes para que la
visita papal sea un éxito, cabe ahora ahondar en las claves de un viaje papal
tan oportuno y tan esperanzador como este. 
Este
viaje, el segundo ya a España, de Benedicto XVI, y en perspectivas del tercero
para agosto de 2011 con ocasión de la JMJ 2011 Madrid, supone que España se va
a convertir en el país más visitado por el actual Papa. Ello significa su
aprecio y valoración hacia España y
hacia nuestra Iglesia. Ello demuestra que Benedicto XVI sigue muy de cerca la
vida de la Iglesia y de la sociedad españolas y que tiene mucho interés en lo
que sucede entre nosotros.
Su
peregrinación a Santiago de Compostela del próximo 6 de noviembre se inserta,
en primer lugar, en su recorrido por los principales santuarios de la
catolicidad, entre los que se halla, por supuesto, la catedral compostelana,
que, en los Años Santos, acoge a más de seis millones de peregrinos. En este
sentido, el Papa ya ha visitado Aparecida, Mariazell, Lourdes, Czestochowa, San
Giovanni Rotondo y otros de los principales santuarios italianos, y el 13 de
mayo irá a Fátima. ¿Cómo no iba a venir a Santiago, máxime en Año Santo
Compostelano? Su peregrinación compostelana será, pues, un incentivo añadidio
para el Camino y para la Religiosidad Popular.
En
segundo lugar, bueno será recordar que Benedicto XVI procede de Baviera, en el
corazón cristiano y católico de Europa, y toda su vida ha discurrido en Europa.
Es un europeísta de convicción, de vocación y de corazón. Es consciente
asimismo de la deriva cultural de la Europa actual. Y sabe –con palabras de su
compatriota Goethe– que «Europa nació peregrinando a Compostela». Sin duda que
aprovechará su visita a Santiago –como ya hiciera Juan Pablo II el 9 de noviembre de 1982– para
lanzar una nueva llamada a la necesaria recuperación y revitalización de las
raíces cristianas.
Su estancia en Barcelona ofrece una amplia y
poliédrica gama de significados. La primera de ellas es la más obvia: Barcelona
es la segunda ciudad de España y la capital de la segunda comunidad autónoma
más poblada. Barcelona, ciudad moderna, próspera y espléndida, es también un
gran referente internacional. Barcelona es, en buena medida, un nuevo «patio de
la gentilidad» –mosaico intercultural e interreligioso y acusado ámbito
asimismo de secularización– y testimonio de un extraordinario legado histórico
de inequívoca raigambre cristiana, bien cuajada de frutos.
El diálogo con la cultura es otro de los hilos
conductores del ministerio apostólico de Benedicto XVI. La Sagrada Familia de
Barcelona, el templo que va a consagrar, es un magnífico espacio para el
diálogo entre la fe y la cultura, particularmente para el encuentro fecundo
entre cristianismo y arte. Solo la fe y la cultura cristianas aunadas explican la belleza y el milagro de
décadas de la Sagrada Familia de Barcelona. Y al contemplar y comprobar esta
realidad emerge como un extraordinario punto de encuentro la figura emblemática
de Antoní Gaudí, el arquitecto de la Sagrada Familia, católico cabal y
ejemplar, cuya causa de canonización está ya incoada y camina a buen ritmo.
Por
último el nombre completo de la iglesia que va a consagrar Benedicto XVI en
Barcelona nos aporta una ulterior y fundamental clave de aproximación al viaje
papel. La iglesia se llama «Templo Expiatorio de la Sagrada Familia». El Papa
viene a Barcelona a hablar de la familia, santuario de la vida, de toda la vida
y de la vida de todos, de la vida desde su concepción y hasta su ocaso. De la
familia fundada solo en el matrimonio entre un hombre y una mujer. De la
familia, célula básica de la sociedad, esperanza de la humanidad y de la
Iglesia, santuario doméstico, primer semillero vocacional.
|