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De un tiempo a esta parte, algún lector de
la prensa podría sacar la impresión de que en los sacerdotes están concentrados
los sujetos más viciosos de la humanidad: rara es la semana en la que no se
airea algún escándalo protagonizado por un clérigo. 
Vaya por delante que no pretendo justificar
a los sacerdotes que cometen un acto gravemente reprobable. Condeno cualquier
acto inmoral cometido por cualquier persona, sea sacerdote o no. Si además el
acto es constitutivo de delito, apruebo que la justicia intervenga con toda la
fuerza de la ley, sin mirar si el culpable es sacerdote o no.
Sin embargo, pienso que cualquier sacerdote
debería estar orgulloso de la valía humana de sus hermanos en el sacerdocio y
de su entrega a los demás y su amor a Dios y al prójimo.
Ya ha habido muchos que han mencionado que
los casos de corrupción sexual o económica entre los sacerdotes se dan en una
auténtica minoría y que los medios de comunicación hacen un cubrimiento
desproporcionado de estos casos. Como ha recordado Mons. Lombardi, portavoz de
la Santa Sede, “los datos recientemente proporcionados por las autoridades en
Austria dicen que en un mismo periodo de tiempo los casos comprobados en
instituciones relacionadas con la Iglesia son 17, mientras que ha habido otros
510 en otros ambientes. Es bueno preocuparse también de estos”.
Estoy de acuerdo con esas ideas. Sin
embargo, como sacerdote esta argumentación no me resulta suficiente. No se
trata solo de que entre los sacerdotes la incidencia delictiva es menor que en
otros sectores. El hecho es que entre los sacerdotes se encuentran seguramente
los ciudadanos más ejemplares en cualquier país. En una búsqueda sencilla en
Santopedia.org se puede comprobar que en el siglo XX ha habido, hasta el
momento, 1010 santos y beatos; de ellos, 362 son sacerdotes, 39 obispos y 2
papas, San Pío X y el Beato Juan XXIII. Esto es, el 40 por ciento de los santos
son sacerdotes, lo que da una proporción elevadísima. El lector me disculpará
si en este recuento considero todo el siglo XX, pero un proceso de
beatificación suele durar varios decenios ‑muchos duran siglos‑ mientras que un
proceso penal suele durar un año o dos. Por otro lado, al hablar de los delitos
de los sacerdotes se están sacando hechos inmorales que sucedieron a veces hace
40 años.
¿Qué sector de la sociedad en el siglo XX
puede ofrecer un elenco de ciudadanos tan entregado al servicio de los demás
como el clero? Algunos dieron su vida por el prójimo como San Maximiliano
Kolbe, o recogieron ancianos y pobres desamparados como San Luis Orione,
denunciaron las atrocidades del régimen nazi y dieron su vida por ello como el
Beato Jacobo Gapp, o las del régimen stalinista como el Beato Vicente Eugenio
Bossilkov o el genocidio turco con los armenios como el Beato Ignacio Maloyan.
San Carlos de Foucauld vivió entre los tuaregs haciéndose uno entre ellos, San
Ezequiel Moreno fue misionero en Filipinas.
¿Quiere inspirarse en un activista
sindicalista? El jesuita chileno San Alberto Hurtado puede ser su modelo.
¿Conoce a alguien que se haya enfrentado a las tropas soviéticas? El Beato
ucraniano Andrés Iscak lo hizo y dio su vida por ello. ¿Y alguien que se haya
enfrentado a las tropas nazis? Los Beatos polacos Francisco Stryjas y Francisco
Rogaczewski lo hicieron; uno acabó fusilado y el otro murió en Dachau. ¿Ha
defendido Ud. a alguna chica de quienes pretendían violarla? San Luis Versiglia
y San Calixto Caravario defendieron a tres chicas en China y encontraron la
muerte por ello. ¿Considera impenetrable la cultura china? San José
Freinademetz, de origen tirolés, se hizo chino entre los chinos para dar a
conocer a Cristo. ¿Le gustaría pertenecer a la nobleza? El beato Marcelo
Spínola, arzobispo de Sevilla, era hijo de un marqués y se dedicó tanto al
servicio de los pobres que le llamaban el
arzobispo mendigo. Son solo unos pocos ejemplos, pero se podrían
multiplicar por mucho y eso sin salir del siglo XX. ¿Hay algún sector
profesional tan entregado al servicio a los demás como el de los sacerdotes?
Soy sacerdote y estoy orgulloso de serlo,
no solo porque he meditado muchas veces en la dignidad que tenemos por la
gracia de Dios, sino también porque me emociona pensar en los ejemplos de mis
hermanos sacerdotes. San Josemaría Escrivá de Balaguer ‑otro sacerdote santo reciente‑
predicó que la santidad no es un privilegio exclusivo de sacerdotes y
religiosos y yo me hago eco de sus enseñanzas, pero es innegable que entre los
sacerdotes es fácil encontrar ejemplos heroicos de servicio a la sociedad.
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