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Diez ejemplos
sacerdotales en el Día del Seminario 2010 y en medio de verdades y mentiras
sobre imputaciones a sacerdotes por abusos sexuales
En medio de la consternación de toda la Iglesia
ante las informaciones sobre casos ciertos de pederastia de eclesiásticos y en
medio también de la indignación ante las manipulaciones, falsedades y
exageraciones al respecto, bueno será, primero, conocer los datos reales de
esta lacra y, segundo, contemplar algunos modelos de ejemplar vida sacerdotal.
La inmensa mayoría
de los sacerdotes viven de modo fiel y adecuado. Y las miserias de unos pocos
no pueden empañar la grandeza humilde de los demás, que son más del 99% de los
sacerdotes y religiosos.
En medio siglo, tres mil casos entre
medio millón de sacerdotes: ni uno por
ciento
La
actualidad viene marcada por la polémica en distintos países de Europa especialmente, Irlanda, Alemania, Austria y
Holanda- de algunos casos de abusos sexuales a menores realizados por
sacerdotes y religiosos en el último medio siglo y de los que ahora se tiene
conocimiento. La hoja de ruta de tolerancia cero al respecto es inequívoca en
la voluntad del Papa, quien ha calificado estos actos como atroces y execrables.
Con todo, bueno es
también saber que el número de casos encausados es de tres mil y se refieren a
los últimos cincuenta años. De esos tres mil, el 60% no son delitos propiamente
de pedofilia, sino de “efebofilia”; el 30% son relaciones heterosexuales; y el
10%, de pedofilia propiamente dicha. De ese 10% de casos, es decir,
trescientos, el 20% han sido ya juzgados, al 60% se les ha aplicado un
procedimiento administrativo al ser sus autores sacerdotes ancianos, el 10% ha
sido resueltos con la expulsión del estado sacerdotal y el otro 10% han sido
ellos mismos quienes han pedido la secularización. Ahora bien, téngase en
cuenta que el número actual de sacerdotes en todo el mundo asciende a 409.024,
a los que habría sumado el millón de consagrados. Téngase en cuenta también que los casos denunciados y encausados proceden del último medio siglo. Asimismo es preciso saber que esta
lacra no afecta solo a la Iglesia y que en Austria, a título de ejemplo, que en
el mismo período de tiempo los casos en instituciones vinculadas a la Iglesia han
sido 17 mientras en otros ambientes eran
510.
Con todo, estos
delitos son un gravísimo y deleznable pecado, que exige la máxima colaboración
con la Justicia, la reparación de los males ocasiones y la conversión. Pero en
ellos ni reflejan ni se acaba –ni por asomo- la verdad del sacerdocio y del
sacerdote y su apasionante vida a favor de los demás. Valgan al efecto las
breves biografías sacerdotales de sacerdotes de todos los tiempos y lugares que
a continuación sigue.
Juan
Pablo II, Juan XXII y Padre Pío, tres modelos contemporáneos
Karol Jozef Wojtyla nació en la
localidad polaca de Wadowice el 20 de mayo de 1920. Con tanto solo 20 años, y
ya muertos sus padres y su único hermano
y Polonia invadida por el ejército nazi, Karol, que prometía ser actor y
escritor, al enfrentarse a la realidad del mal, descubre que solo el amor de
Jesucristo es la clave de la felicidad que anhela el corazón del hombre.
Ingresa en el seminario de Cracovia, estudia en Roma y es ordenado sacerdote el
1 de noviembre de 1946.
La
universidad y los jóvenes fueron los
principales ámbitos de los doce años de su ministerio como sacerdote. Su patria
polaca se enfrentaba entonces a otro de los grandes males del siglo XX: el
comunismo. Karol Wojtyla es obispo auxiliar de Cracovia de 1958 a 1962 y
arzobispo metropolitano de esta misma sede durante 16 años. Cardenal desde
1967, el 16 de octubre de 1978 es elegido Papa con el nombre de Juan Pablo II. Durante más de
veintiséis inolvidables años, desarrolla un admirable ministerio petrino.
Fallece, tras ser visitado durante años por la cruz, el 2 de abril de 2005.
Angelo Giuseppe
Roncalli
nació el 25 de noviembre de 1881 en Sotto il Monte (Bérgamo), en el seno de una familia de humildes
labriegos. De 1892 a 1904 cursa la formación sacerdotal en Bérgamo y en
Roma. Doctorado en Teología, el 10 de agosto es ordenado sacerdote. Fue
secretario del obispo de Bérgamo, es movilizado en la I Guerra Mundial, tras la
cual es nombrado director espiritual del seminario de Bérgamo. De 1921 a 1925 fue presidente para Italia de
la Obra Pontificia para la Propagación de la Fe. Es ordenado obispo el 19 de
marzo de 1925 y nombrado visitador apostólico de Bulgaria. En 1934 es nombrado
delegado apostólico en Turquía y Grecia y administrador apostólico para los
cristianos de rito latino de Constantinopla. De 1944 a 1952 es nuncio apostólico en Francia. Creado cardenal en 1953,
es nombrado patriarca de Venecia.
Cinco años después
es elegido Papa. Toma el nombre de Juan XXIII. Convoca el Concilio
Vaticano II. Fallece el 3 de junio de 1963. Es el Papa bueno, el Papa del
pueblo, el Papa del cambio. Fue beatificado en 2000.
En el seno de una
humilde familia de labriegos y emigrantes, el 23 de mayo de 1887 nació en
Pietrelcina, en la región italiana de la Campania, Francesco Forgione. Quince años después será fraile capuchino y
recibirá el nombre de Pío de Pietrelcina.
El
10 de agosto de 1910 fue ordenado sacerdote. En 1916 recala en el santuario de
Santa María de las Gracias, en la falda del monte Gárgano. El 20 de septiembre
de 1918 se hacen visibles en su cuerpo -costado izquierdo, pies y manos- los
estigmas de la cruz de Cristo. Los estigmas le acompañarán hasta un día de su
muerte, en la madrugada del 23 de septiembre de 1968.
Su ministerio
sacerdotal consistió en la dirección espiritual, en la administración del
sacramento de la Confesión, en la promoción de la caridad a través, sobre todo,
del Hospital por él fundado “Casa Alivio del Sufrimiento” y en el apostolado de
la oración, fundando los llamados grupos de oración del Padre Pío. Asimismo su sacerdocio se realizó a través del sufrimiento y de la
piedad mariana. 
Tres
grandes apóstoles de los jóvenes y de las misiones: San Juan Bosco, San
Francisco Javier, San Antonio Mª Claret
Nacido en
Castelnuovo, en el Piamonte en 1815, San Juan Bosco vivió una infancia dura y precaria, trabajando como
pastor de ovejas.
A
los 9 años tuvo un sueño revelador. Estaba rodeado de niños que se peleaban
entre sí y se insultaban. El trataba de calmarlos y poner paz, primero con
gritos y después con golpes. Súbitamente se le apareció Jesús y le dijo:
"¡No con golpes, sino con amor y mansedumbre deberás ganarte a estos tus
amigos!... Hazte fuerte, humilde y robusto, y a su tiempo lo entenderás todo".
En el sueño, Jesús le indicó también que su maestra sería la Virgen María,
quien apareció al instante y le dijo: "Toma tu cayado de pastor y guía a
tus ovejas".
A los 17 años entró en el seminario. Ordenado
sacerdote, sirvió en la pastoral penitenciaria y parroquial. Y los jóvenes
marginados le "robaron" el corazón. Su vida fue desde entonces un
servicio incondicional a la educación humana y cristiana de los jóvenes, para
quienes, tras veinte años de iniciativas previas, fundó en 1874 la Congregación
Salesiana, también llamada Sociedad Don Bosco. Murió en Turín en 1888.
Al alba del 3 de
diciembre de 1552 fallecía en la isla de Sanción, frente a las costas de China
continental, San Francisco Javier,
el divino impaciente, el aventurero de Dios, el patrono de las misiones. Nacido
en el castillo navarro de Javier el 7 de abril de 1506, anhelaba fama, gloria y
poder hasta que se encontró en París con Ignacio de Loyola y descubrió que solo
se gana la vida “perdiéndola” por el amor y el servicio a los demás en el
nombre del Señor. Porque “¿de qué le
sirve al hombre ganar su vida si pierde su alma?
Fue
ordenado sacerdote en Venecia en 1536. Y pronto el mundo –siempre “más allá,
más lejos”- se le hizo pequeño. Olvidado de sí mismo e inflamado en el amor a
Cristo y en el paulino “¡ay de mí si no evangelizare!”, recorrió mares y
caminos predicando la Palabra de Dios. Y cuando estaba a punto de llegar al
gran y enigmático imperio chino, murió en una pequeña isla mientras el Cristo
de su castillo de Javier sangraba de amor. También la vida había sido Cristo y
el anuncio ardiente de su Reino.
San Antonio María
Claret
(1807-1870) fue un magnífico pastor -sacerdote y obispo-, un gran formador de
pastores y de misioneros, un excelente reformador de la vida religiosa -amén de
fundador-, un ardiente predicador, un espléndido y creativo catequista, un
incansable promotor vocacional, apóstol de élites -fue confesor de la Reina
Isabel II- y hombre del pueblo. Fue un misionero en el sentido más pleno del
término.
De los rasgos de su
retrato espiritual sobresalen su amor a Jesucristo, su fidelidad a la Iglesia y
su intensa devoción mariana. Dotado de verbo encendido y de pluma ágil,
escribió un centenar de obras propias (15 libros y 81 opúsculos), escribió
"Camino recto y seguro para llegar al cielo" (1846), "Catecismo
de la Doctrina Cristiana" (1848) y de otros muchos títulos, todos ellos de
carácter pastoral y espiritual. Del "Catecismo" se han hecho 185
ediciones, con más de cuatro millones de libros vendidos, y "Camino recto"
es, después de la Biblia, uno de los libros de los que se han hecho más
ediciones en su catalán natal. Su
memoria litúrgica es el 24 de octubre.
El
Cura de Ars y San Juan de Ávila
El Santo Cura de
Ars –Juan María Vianney- nació el 8
de mayo de 1786 en Dardilly,
localidad francesa cercana a Lyon. De
familia humilde y poco dotado, en principio, a los estudios, hubo de superar
distintas dificultades para ordenarse sacerdote. Por fin, el 13 de agosto de
1815 recibió la ordenación sacerdotal. Destinado primero a Ecully como
coadjutor y después, ya como párroco, a la pequeña aldea de Ars, en la diócesis
de Belley, Juan María Bautista Vianney hizo de la oración, la penitencia y la
caridad los principales instrumentos de su ministerio pastoral.
Estaba
además dotado de cualidades extraordinarias como confesor, lo cual hacía que
los fieles acudiesen a él de todas partes para recibir de él el perdón
sacramental y escuchar sus santos consejos. Tras 42 años de admirable ministerio sacerdotal en Ars, falleció en esta
localidad el 4 de agosto de 1859. Beato desde 1905, santo desde 1925, patrono
del clero parroquial y rural desde 1928, el 11 de junio de 2010 -clausura del
Año Sacerdotal en el 150 aniversario de su pascua- el Papa Benedicto
XVI lo proclama patrono de todos los sacerdotes.
Nacido en Almodóvar
del Campo (Ciudad Real) el 6 de mayo de 1500, San Juan de Ávila fue beatificado en 1894, es patrono del clero
secular español desde 1946 y es santo desde 1970. Ahora se espera su pronta declaración como doctor
de la Iglesia
Juan de Ávila era
de familia noble y pudiente. Tras estudiar Leyes, Artes y Teología, en 1526 es
ordenado sacerdote y reparte todos sus bienes entre los pobres. Marcha a
Sevilla con intención de irse como misionero a América. Pero el arzobispo
hispalense le manda quedarse en la capital andaluza para evangelizar. Comienza
su intensa actividad evangelizadora que tendrá a Andalucía como su epicentro.
Predica, confiesa, escribe y enciende las almas y los corazones.
Tras Sevilla,
evangeliza en Córdoba, Granada y Jaén. A partir de 1539 funda Colegios y
Universidades, crea grupos o escuelas sacerdotales y realizó algunos inventos. En 1560 se retira a
Montilla (Córdoba), donde muere el 10 de mayo de 1569, agotado por sus trabajos
y enfermedades, diezmado por sus penitencias y confortado por su vida de
ardiente caridad, de intensa oración y de amor a la cruz de Jesucristo. 
Dos fundadores extraordinarios: San
Ignacio de Loyola y San Francisco de Sales
El 31 de julio es
la fiesta de San Ignacio de Loyola. Allí, en el castillo de Loyola, en
la localidad guipuzcoana de Azpeitia, nació Íñigo López de Loyola, conocido
después y para la eternidad como Ignacio de Loyola. Nació a la vida terrena el
4 de junio de 1491 y su “dies natalis” aconteció en Roma el 31 de julio de
1556. Una veintena de años antes había fundado en París una Compañía bien
formada y bien dispuesta para “la mayor gloria de Dios”, “para abrir caminos al
Evangelio”, para “en todo amar y servir”. El Papa Paulo III, en Roma, en 1540,
aprobó definitivamente esta Compañía, la Compañía de Jesús.
De
caballero a peregrino y de peregrino a apóstol, el fundador de los Jesuitas e inspirador de tantas otras
Congregaciones religiosas es también el “padre” de los ejercicios espirituales
y del ideal de ser contemplativos en la acción para servir solo al Señor y a su
esposa la Iglesia bajo el estandarte de la cruz. San Ignacio de Loyola -uno de
los mayores timbres de gloria de la Iglesia- fue ordenado sacerdote en 1536.
San Francisco de Sales, francés del siglo XVII,
vivió en el corazón de la reforma protestante como obispo católico en la
calvinista Ginebra. Es destacado autor de espiritualidad y de vida cristiana y
fundador e inspirador de Congregaciones Religiosas. Calificado como "uno
de los más fieles trasuntos del Redentor", de él dijo San Vicente de Paúl que fue
"uno de los hombres que mejor imitó al Hijo de Dios en su vida
mortal".
Escribió más de 30.000 cartas, con ágil y fresco estilo
literario. Se dirigía a los fieles
mediante unas hojas u octavillas. Predicaba constantemente y así nos consta, por ejemplo, que en un mes predicó 180
sermones. Destacó por su hondura intelectual, calidad humana, profundidad
religiosa, celo pastoral, exigencia espiritual y ascética y sentido práctico,
realista y concreto. Es el santo del amor de Dios en las distintas
circunstancias de la vida, de diálogo permanente y con todos, de la
santificación a través de la vida cotidiana, de la sencillez, de la ternura, de
la humildad, de la alegría, de la esperanza, de la paz interior. Su fiesta es
el 24 de enero.
Y
tantos y tantos más
El recorrido por
sus biografías –y por las de tantos como se quedan en el tintero: San Martín de
Tours, San Benito de Nursia, San Bernardo de Claraval, San Juan de Dios, San Carlos
Borromeo, San Pedro de Alcántara, San Juan de la Cruz, San Francisco de Borja,
San Carlos Borromeo, San Juan Bautista de la Salle, San Vicente de Paúl, San
Antonio María Claret, San Josemaría Escrivá de Balaguer, los Papas Juan XXIII y
Pablo VI…- mostrará de modo fehaciente y hermosísimo como los sacerdotes fieles
son una bendición de Dios para la Iglesia y para la humanidad. Y como el Año
Sacerdotal –en el que nos hallamos y cuyo lema es “Fidelidad de Cristo,
fidelidad del sacerdote”- es un tiempo de gracia para todos.
Y este el camino,
el ideal y la realización en las vidas de tantos y tantos sacerdotes conocidos
o anónimos. Sus testimonios emergen como una gran luz. Y más allá, mucho más allá, de casos
esporádicos y vergonzosos de infidelidad, estos testimonios y otros muchísimos más muestran que la vida del
sacerdote es apasionante y que merece la pena ser seguida y vivida así.
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