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Carta del cardenal Lluís Martínez
Sistach, arzobispo de Barcelona para el domingo 21 de marzo de 2010
El 23 de enero celebramos la Beatificación del Dr.
Josep Samsó, mártir y párroco de la parroquia de Santa Maria de Mataró. Estamos
preparando para el próximo 25 de abril la Beatificación del P. Josep Tous,
capuchino y sacerdote también del presbiterio diocesano de Barcelona. 
Benedicto XVI nos recuerda que “la misión del
sacerdote en la Iglesia es irreemplazable”. Aunque haya una penuria de
sacerdotes en bastantes regiones, no se ha de perder nunca la certeza de que
Jesucristo continúa suscitando hombres que, como los Apóstoles, abandonando
cualquier otra preocupación, se consagran totalmente a la celebración de los
santos misterios, a la predicación del Evangelio y al ministerio pastoral. Los
sacerdotes son precisamente los que, en nombre de Cristo, ofrecen a la
comunidad cristiana estos servicios básicos sin los cuales la comunidad
perdería rápidamente vigor e identidad.
La vida, como don maravilloso que Dios nos da,
tiene un riquísimo sentido vocacional. Recibimos la vida para dedicarla al
servicio de lo que Dios quiere de cada uno de nosotros. Una vida entregada a
Dios con generosidad es el camino más propicio para escuchar y discernir la llamada
que el Señor puede hacer a un joven para seguir la vocación que Él quiere
darle. Cuando a los jóvenes se les presenta a la persona de Jesucristo en toda
su plenitud, se enciende en ellos una esperanza que los impulsa a dejarlo todo
para seguirlo.
La vocación sacerdotal es una llamada de Dios y una
respuesta generosa por parte del hombre. Sin embargo, para ayudar a escuchar la
llamada vocacional es muy importante y casi indispensable la mediación de los
sacerdotes. En el libro de Samuel del Antiguo Testamento, hay una interesante
narración de la vocación de un joven que se llamaba Samuel. Pero Samuel no
conocía suficientemente la voz de Dios. Fue el sacerdote Elí el que lo ayudó a
discernir con claridad la llamada de Dios.
Hoy el Señor continúa llamando a jóvenes como
Samuel que necesitan, en los primeros momentos, el acompañamiento de personas
que, como Elí, los ayuden a descubrir que se trata de la voz de Dios, a
escucharlo y discernir cual es auténticamente su llamada en la propia vida.
Este servicio es muy propio de los sacerdotes, que tienen una misión
indispensable en el despertar vocacional. Como también lo tienen las familias y
las comunidades cristianas. En la carta pastoral “Las vocaciones sacerdotales,
don de Dios”, dije que “necesitamos comunidades parroquiales fervorosas,
espirituales, evangelizadas y evangelizadoras, en las cuales haya jóvenes
cristianos capaces de escuchar y de acoger la llamada de Jesús”.
También es necesario, en el camino de respuesta de
los llamados, el servicio de los profesores y formadores de los seminaristas,
tanto en el orden de la formación humana como en la formación intelectual,
espiritual y pastoral. Agradezco, en este sentido, el trabajo del Rector y del
equipo de formadores de nuestro Seminario diocesano, que da una sólida
formación en los ámbitos mencionados, cuidando la formación y la vida
espiritual, con la dedicación de un director espiritual residente en el mismo
Seminario, que constituye una nota destacada de nuestro Seminario.
† Lluís Martínez Sistach
Cardenal arzobispo de Barcelona
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