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Queridos diocesanos:
Con motivo de la celebración del Año Santo Sacerdotal,
establecido por el Santo Padre Benedicto XVI, al cumplirse 150 años de la
muerte del Santo Cura de Ars, San Juan María Vianney, seis sacerdotes de
nuestra diócesis y un servidor, como su Obispo, peregrinamos, del Lunes al
Jueves de Pascua, a Ars, pueblecito no lejos de Lión, en Francia donde el Santo
Cura de Ars pasó casi toda su vida como sacerdote. 
Ars era
entonces – años 1818 a
1859 – un pueblecito de unos 300 habitantes, con una vida cristiana y de amor
fraterno, que dejaba bastante que desear. San Juan María Vianney puso todo su empeño
y se entregó con toda su alma en su servicio como sacerdote a todos y a cada
uno de sus feligreses. Poco a poco, el pueblo se transformó en un pueblo que
rezaba, que participaba en la
Eucaristía, que confesaba, que se amaban como hermanos y
servían a los pobres y necesitados.
El Santo
Cura de Ars se pasaba las horas ante el Sagrario en oración, en el
confesionario confesando y aconsejando. Predicaba la palabra de Dios, visitaba
a los enfermos y a los feligreses en general, ayudaba a sus compañeros
sacerdotes de otras parroquias, recogía limosnas para el culto, para la
reparación del templo y para la atención a los pobres, enfermos y necesitados. Oración,
Palabra de Dios y la misericordia constituyen como los tres puntales de su vida
y de su dedicación.
Su fama de
santo y de pastor bueno se extendió por los pueblos vecinos y por roda Francia.
De todas partes acudían al Santo Cura de Ars para escuchar sus homilías y sus
catequesis, para confesar con él, consultarle en los más diversos problemas… y
todos salían edificados y confortados de sus encuentros.
Llama la
atención que el Santo Cura de Ars llegase a adquirir tal fama en vida y después
de muerto, habiendo tenido serias dificultades en sus estudios, sobre todo del
latín, no habiendo sido profesor, ni escrito libros, ni fundado escuela de
discípulos, congregación religiosa o movimiento de espiritualidad. Ni siquiera
fue párroco de parroquia importante.
Brilló por
su santidad, porque vivió siempre en la doble tensión de la gloria de Dios y
del servicio a los demás, hasta el agotamiento y el olvido de sí mismo. Su pasión
era que el Señor fuera conocido y amado y que todos los que le oían recibieran
la gracia de la conversión para el perdón de sus pecados y de la salvación y se
amasen como hermanos. Vivió y murió en la más absoluta pobreza, a pesar de que
dispuso de recursos por las limosnas que recibía; pero todo lo empleaba para la
atención de los pobres, por ejemplo, de las niñas huérfanas para las que fundó
una institución “La
Providencia”.
Contemplando
la casa donde vivió, el lecho en que murió, los muebles, utensilios, ropa… que
usó y el estilo de vida que vivió, sorprende que llegara a vivir 73 años. Suscita
admiración el ejemplo de este santo y uno llega a la conclusión de que una cosa
sólo es la que importa y todo lo demás es secundario. El Cura de Ars supo
escoger.
El Santo
Cura de Ars es un modelo de sacerdote para todos los tiempos, porque encarna lo
más auténtico de un buen pastor, a semejanza de Jesucristo, nuestro Buen
Pastor: Vivió y transmitió la palabra de Dios y la gracia de los Sacramentos,
entregado totalmente al servicio de Dios y de los hermanos, con especial
preferencia por los más necesitados, como los pobres, los huérfanos, los
enfermos, los ignorantes y los pecadores.
También para
los que no son sacerdotes, como las personas consagradas o los fieles
cristianos laicos, se les ofrece en la persona del Santo Cura de Ars, San Juan
María Vianney, un modelo de vida cristiana: En la valoración de las cosas de
Dios y del espíritu, en el aprecio del sacerdocio, de la palabra de Dios, de la
oración, de la Eucaristía
y de la Confesión
y en la entrañable devoción a la Virgen María.
Os saluda y
bendice vuestro Obispo
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