Escrito por + Atilano Rodríguez. Obispo de C. Rodrigo
lunes, 12 de abril de 2010
Los cristianos
durante la cincuentena pascual celebramos y revivimos de un modo especial el misterio
central de nuestra fe: la muerte y resurrección de Jesucristo. Las lecturas
bíblicas de este tiempo litúrgico nos presentan los encuentros de Jesús con los
suyos, después de resucitar de entre los muertos, haciéndoles ver que todo lo
que les había dicho sobre su futuro, en distintos momentos de la vida, se ha
cumplido. A partir de estos encuentros, los discípulos renuevan la fe en el
Resucitado, celebran su triunfo sobre el poder el pecado y de la muerte y se
convierten en testigos valientes de su resurrección. Desde entonces, gracias a
una cadena de testigos, la fe en el Resucitado ha llegado hasta nosotros y
hasta los últimos rincones de la tierra.
En nuestros días, según los datos de algunas encuestas,
existen bautizados que afirman creer en Jesucristo, pero incomprensiblemente
niegan su resurrección. Admiran a Jesús por su capacidad de liderazgo, por su
pobreza, sabiduría y valentía ante el poder constituido, pero no admiten
que Él sea el Hijo de Dios, el Mesías, el Señor de la historia, el único
Salvador de la humanidad. Esta visión de la persona de Jesucristo revela una
profunda incongruencia pues, mientras se admiten unas páginas del Evangelio, se
niegan otras sin ningún fundamento científico.
En ocasiones, otros hermanos, para justificar su increencia o su eclecticismo
religioso, llegan a afirmar que la fe en Jesucristo es algo
"irracional". De acuerdo con sus reflexiones, solamente sería
racional, y por tanto admisible, aquello que se puede probar o demostrar
científicamente. Quienes así opinan reducen el uso de la razón a las verdades
científicas y matemáticas, olvidando de este modo que la razón tiene distintos
usos y, por tanto, lo irracional consiste en reducirla a un solo uso.
A todos aquellos, que reducen las funciones de la razón humana únicamente a los
postulados científicos, habría que decirles que aquello que supera las
capacidades de la razón científica no es irracional. Si su afirmación fuese
cierta, tendríamos que admitir que existen distintas dimensiones del ser
humano, en las que las personas nos jugamos el presente y el futuro de la
existencia, para las cuales no tendríamos respuestas convincentes al no poder
demostrarlas científicamente.
La realidad nos dice que, cuando el ser humano trata de responder a las
preguntas últimas, como pueden ser el sentido de la vida, del dolor, del
sufrimiento, de la muerte y del más allá de la muerte, las respuestas
científicas son siempre muy limitadas o tienen poca importancia. Si no existe
la fe y las convicciones religiosas, no encontraremos respuestas convincentes a
las mismas. Por eso los cristianos tenemos muy claro que no hay oposición entre
fe y razón. La fe no nos impide pensar y razonar. Al contrario, eleva nuestra
inteligencia y nos invita a utilizarla. Aunque la fe supera la capacidad
racional del hombre, sin embargo no va contra la razón. Por eso, el cristiano
encuentra en la revelación divina propuestas cargadas de sentido y de
significación para desarrollar su personalidad y para fundamentar el presente y
el futuro de su existencia, tanto en los comportamientos personales como en las
relaciones sociales.
La fe en una persona o en un acontecimiento histórico a partir del testimonio y
de la autoridad de unos testigos no es irracional. Es el modo normal de
conocer. Por ejemplo, todos conocemos y descubrimos cosas nuevas, cuando nos
fiamos de lo que nos dicen nuestros padres o amigos. Al confiar en ellos no
vamos contra la razón, sino que la encontramos potenciada. Este método de
conocimiento por medio de testigos nos ayuda a vivir la vida con sentido, a
establecer relaciones de amistad, a progresar en la confianza y en el amor a
los otros. ¿Qué tipo de convivencia familiar o social podemos esperar, si no
nos fiamos de los demás y de lo que nos dicen?.
13 de marzo de
2010 +
Atilano Rodríguez
Obispo de C. Rodrigo
Javier
- la fe debe someterse a lo que ya ha demostrado la
|81.37.210.xxx
|2010-04-12 17:46:31
Debería usted asumir que la figura histórica de jesús el cristo está en entredicho por la ciencia objetiva. Que la arqueología bíblica no es una ciencia ya desde 1960, que lo que dice un libro muy manipulado con los años no puede ser considerado sin crítica...
NO, la razón es nuestro sistema de conocimiento, la única forma de legitimar lo que es verdad y lo que no lo es. Por ello todo lo que contradiga la ciencia, no es científico y no es verdad. Pero vamos a ver, si esto lo sabe usted de sus estidios sobre Aristóteles y la circunstancia de que ya hace 2.500 años la metafísica dejase de ser parte de la ciencia, hombre.
No. Como ateo que soy, no soy creyente en la no existencia de dios, sino que cuento con argumentos para rebatir la creencia en tal ser invisible con superpoderes.
Aunque sobre con Epicuro para desmontar tal deidad, igualmente desde mucho antes del supuesto Jesús.