Escrito por + Demetrio Fernández, obispo de Córdoba
lunes, 03 de mayo de 2010
Las
noticias de abuso de menores proliferan en todos los medios de comunicación.
Son calificados como pederastas aquellos que abusan sexualmente de los niños y
niñas para su placer, destrozando la vida de tantos inocentes en su edad
temprana.
Los
enemigos de la Iglesia han encontrado un filón de oro para desprestigiarla, y
de manera calculada van ofreciéndonos cada día algunas gotas de este elixir que
es placer de demonios. Algunos incluso se han atrevido a arremeter contra el Papa
Benedicto XVI, acusándole de encubridor. Si consiguieran probar la más mínima
mancha, habrían dado en el “blanco” de sus pretensiones. Lo de “blanco” no sólo
es por el vestido blanco del “dulce Cristo en la tierra”, sino porque atacado
el Papa quedaría desprestigiada toda la Iglesia católica.
Los
hechos están ahí. Son innumerables los delitos cometidos en el abuso de menores
por parte de padres, profesores, deportistas, médicos, profesionales de
distintos tipos, etc. Pero lo más noticiero es que algunos eclesiásticos
también son delincuentes, y esa es la noticia. Lo demás no importa tanto. Incluso se
justifica y se promueve desde una educación sexual cada vez más precoz en una
sociedad erotizada.
Ante
los hechos evidentes, lo primero es reconocer públicamente que algunos
eclesiásticos –sacerdotes o religiosos- han cometido tales delitos. Y eso nos
avergüenza a todos. Pues si alguno debe dar ejemplo en cualquier campo moral y
más en éste, ha de ser aquel que se ha consagrado a Dios en cuerpo y alma. Nada
más extraño al cristianismo que una sexualidad desordenada, convertida en un
juego de placer y no en lenguaje del amor verdadero.
En
segundo lugar, a la Iglesia le preocupan las víctimas de tales abusos, vengan
de donde vengan. Y si los abusos vienen de personas consagradas, la Iglesia
está poniendo los medios para purgar de sus filas a los que no merecen la
confianza de tratar con niños y niñas que hay que ayudar a crecer, no destrozar
en su infancia. El encubrimiento de estos delitos no favorece a nadie, es como
un pus que cuanto más se deja más se pudre.
Sin
embargo, son miles y miles los sacerdotes y los religiosos que realizan
estupendamente su tarea. Colegios de la Iglesia, parroquias, voluntariados,
tiempo libre, etc. están llenos de personas buenas que hacen el bien con la
dedicación plena de sus vidas. Todos conocemos a muchos de ellos. No es justo
mirar y calificar a todos por el mal que algunos hayan cometido. Ciertamente,
un solo niño malogrado es ya demasiado. Pero no olvidemos los miles de personas
buenas que han gastado y gastan su vida en esta noble tarea. Merecen toda
nuestra confianza, hoy más que nunca, porque hoy más que nunca el Papa y todos
los que tienen alguna responsabilidad en la Iglesia no dejarán pasar una en
este delicado tema.
Los
que han cometido tales abusos están llamados a pedir perdón a Dios, a quien han
ofendido gravemente, y a someterse a la justicia de los tribunales. El Papa
Benedicto XVI ha practicado “tolerancia cero” en este grave tema y nos invita a
que todos hagamos penitencia por los pecados de algunos en esta materia.
No
todo termina con la denuncia. ¿Quién podrá sanar el corazón del hombre, que se
ha dejado llevar por sus malas inclinaciones? -Sólo la misericordia de Dios,
que incluye el cumplimiento de toda justicia, y nos hace capaces de pedir
perdón y de ofrecerlo. A esa misericordia nos acogemos todos, extremando los
controles para que tales delitos no sucedan más.
JOSE ANTONIO LOPEZ LARA
- DESDE MEXICO, QUE JESUS Y MARIA BENDIGAN A TODOS L
|189.139.13.xxx
|2010-06-24 16:14:41
SI, QUE SEAN BENDECIDOS Y QUE SEAN GUARDADOS EN EL CORAZON DE JESUS Y MARIA SANTISIMA.
QUIERO DAR UN ABRAZO Y MI APOYO DE CORAZON A TODOS LOS SACERDOTES DEL MUNDO.
PARA MI, TODOS ELLOS SON UN REGALO MUY GRANDE DE DIOS PARA QUIENES NO SOMOS CONSAGRADOS.
DOY GRACIAS A DIOS POR TODOS LOS SACERDOTES, PUES SIN ELLOS MI VIDA TAL VEZ HUBIERA SIDO MUY INUTIL.