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Como en los primeros siglos, también hoy en el ritual para la iniciación de los adultos se prevé y se considera con normalidad la participación de los neófitos a la Eucaristía: “Finalmente se tiene la celebración de la eucaristía, en la que por primera vez y con pleno derecho los neófitos toman parte, y en la cual encuentran la consumación de su iniciación cristiana… (RICA 36) 
Respecto a la iniciación de los niños la cosas se realizan diversamente. En la Iglesia latina nos encontramos ante una concreta situación pastoral que hace preceder la confirmación a la eucaristía. De la misma manera, el ritual del bautismo de los niños y el ritual de la confirmación presentan los tres sacramentos con la misma sucesión que corresponde a la secuencia antigua: bautismo, confirmación y eucaristía. El ritual del butismo de niños manifiesta en el nº 2 de la introducción: “Incorporados a Cristo por el Bautismo, son constituidos pueblo de Dios y, habiendo recibido el perdón de todos los pecados, son liberados del poder de las tinieblas y pasan al estado de hijos de adopción hechos nueva creatura por el agua y por el Espíritu Santo: de allí que son llamados y son en verdad hijos de Dios. Sellados por el don del Espíritu Santo en la Confirmación, de tal modo son más perfectamente configurados al Señor y llenos del Espíritu Santo que, siendo sus testigos ante el mundo, hacen que el Cuerpo de Cristo llegue con prontitud a su plenitud. Al participar en la mesa eucarística, comen la carne del Hijo de Dios y beben su sangre, para recibir la vida eterna y expresar la unidad del pueblo de Dios; al ofrecerse a sí mismos con Cristo, participan en el sacrificio universal, esto es, de todo el pueblo redimido ofrecido a Dios por el Sumo Sacerdote, y suplican para, que por una efusión más plena del Espíritu Santo, todo el género humano alcance la unidad de la familia de Dios. Por tanto, los tres sacramentos de la iniciación cristiana se complementan entre sí de tal manera que, conducen a su desarrollo total a los fieles, para que realicen en la Iglesia y en el mundo la misión encomendada a todo el pueblo cristiano” En el ritual de la Confirmación no se hace referencia a la participación previa a la eucaristía, aunque algunas oraciones lo indican, muestran como después del bautismo y la confirmación, sigue la primera Eucaristía. El orden de recepción de los sacramentos es fundamental y constitutivo de la identidad cristiana. Al intercambiar el orden se arriesga a introducirlos en un contexto privado, intimista y devocional por lo cual cada sacramento lleva a ser considerado en clave moralista: el bautismo para salvarse y alcanzar el paraíso, la comunión para poseer a Jesús en el corazón, la confirmación para certificar una mayoría de edad y poder acceder al matrimonio. La comunión, hemos de decirlo, es el sacramento que completa la iniciación cristina, es el sacramento de la plena adhesión eclesial a Cristo. Se arriesga así a dejar de lado el parámetro fundamental de la comprensión teológica de los sacramentos de la iniciación cristiana si no se tiene en cuenta una relación efectiva con la Iglesia. La salvación que viene del bautismo, la misma fe, la conversión, la madurez o perfección cristiana de los cuales son signos eficaces los sacramentos, establecen una relación con Dios, pero se actúa propiamente en la dimensión eclesial, constituyen las etapas del camino de acogida por parte de la Iglesia y de su misterio por parte del creyente. Cuando hablamos de “primera comunión” con Cristo debería ser considerada como la primera y plena celebración con el pueblo de Dios de la cena pascual del Señor. El Ritual de la iniciación cristiana evita la expresión “primera comunión” por la “primera participación a la eucaristía” (nº 36). Con esta celebración primera el bautizado confirmado tiene una experiencia plena de Iglesia, cuya manifestación primera es la participación plena y activa en la misma eucarstía (cf. SC, nº 41) No se trata sencillamente de recibir a Jesús, aunque este aspecto es verdadero. Sobre todo se trata de realizar claramente la incorporación plena a la Iglesia, la pertenencia al cuerpo de Cristo, dimensión fundamental de toda la iniciación cristiana (cf. RICA, n.27). No olvidemos que no se trata de ser iniciados al rito eucarístico, sino de recibir la iniciación por el rito eucarístico, aspecto que se ha dejado de lado por la reflexión teológica y la praxis pastoral. Un síntoma de ello es que la “primera comunión” se desarrolló y difundió desde Francia, hacia el final del XVII, en un contexto fuertemente devocional, individualista e intimista. Con otras palabras, la expresión viene de un contexto que no solo prescindía de la relación estrecha con los otros dos sacramentos de la iniciación cristiana, e incluso era capaz de separar la comunión eucarística de la misma celebración de la misa. La admisión a la eucaristía de quien no ha recibido la confirmación “de Dios”, además de la separación del bautismo, depende ampliamente de que la eucaristía es vista como un sacramento de santificación subjetiva, por lo que para acceder al mismo sería suficiente estar en gracia de Dios. Cuando un bautizado recibe la eucaristía sin haber recibido la confirmación, su participación podría decirse significa un nutrimiento que sostiene su ser cristiano, hijo adoptivo de Dios. Cuando, en cambio, ha recibido la confirmación, su participación a la eucaristía es más positiva y comprometida: ofrece con Cristo el sacrificio de la alianza para la salvación del mundo Por otra parte cuando se cambia el orden progresivo de los sacramentos de la iniciación cristiana lleva a dificulta el concepto mismo de iniciación, decaído en el contexto actual, no obstante su relevancia y toma de consideración en el concilio Vaticano II. La reconquista de la iniciación como “forma y formación de la experiencia” es una necesidad prioritaria para reconsiderar adecuadamente la estructua del sacramento de la eucaristía como “realización de la iniciación” La actual teología no es ajena a este tema, recalca que la iniciación cristiana es una “introducción progresiva” de la persona en el estado de gracia, pero junto a una introducción en la historia sagrada y en la comunidad de salvación, la Iglesia. Por otra parte somos conscientes que la salvación alcanza al individuo en la comunidad, por medio de la comunidad y para construir ulteriormente la comunidad. --- ( resumen de un artículo de Augé M.)
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