FESTIVIDAD DEL CORPUS CHRISTI, DÍA DE LA CARIDAD
(6 de Junio de 2010)
MENSAJE DE LA COMISIÓN EPISCOPAL
DE PASTORAL SOCIAL
EL SACERDOTE, HOMBRE DE LA CARIDAD
Celebramos este año la fiesta del
Corpus Christi cuando nos disponemos a culminar en la Iglesia el Año Sacerdotal
proclamado con ocasión de la celebración del ciento cincuenta aniversario de la
muerte de Juan María Vianney, el Santo Cura de Ars.
A lo largo
del año, los sacerdotes han sido invitados a reavivar el don que han recibido y
a profundizar en la riqueza personal y comunitaria que significa el ministerio
sacerdotal que se les ha confiado.
La figura del Santo Cura de Ars les ha motivado e iluminado para vivir el
sacerdocio como expresión del amor de Dios con que se sienten amados y, al mismo tiempo, impulsados para
que los hombres y mujeres de nuestro tiempo se sientan igualmente amados por el
Dios del amor. En las palabras del Cura de Ars
y en obras suyas como “La
Providencia”, orfanato para jóvenes desamparadas que resultó
ser modelo en la Francia
de su época para instituciones similares, han podido descubrir la radicalidad y
la dimensión práctica del amor.
Ahora, en
los últimos días del Año Sacerdotal que será clausurado en la fiesta del
Sagrado Corazón de Jesús, el próximo día 11, el misterio de la Eucaristía que
celebramos y veneramos, misterio del Cuerpo entregado y la Sangre derramada de Jesús
para la vida del mundo, ilumina de manera muy particular el ministerio de los
sacerdotes. Ellos han sido llamados, consagrados y enviados por Jesús para ser
transparencia de ese amor que salva al mundo amando a los hermanos y siendo
Buena Noticia para los pobres.
Como la piedad popular ha entendido muy bien, en el Corazón de Jesús se
manifiesta el misterio del amor de Dios, que, por la encarnación del Hijo
eterno, nos ama también con un corazón humano.
.
Por este motivo, invitamos a toda
la comunidad cristiana a que este año la contemplación del Señor, presente
verdadera, real y sustancialmente en la Eucaristía, bajo los signos del pan y
del vino, nos lleve a valorar a nuestros sacerdotes como los hombres de la
caridad, como los llamó Juan Pablo II,
y a rezar especialmente por ellos, para
que su ministerio sea una verificación y actualización del amor de Jesús ungido
por el Espíritu y enviado «a anunciar a los pobres la Buena Noticia, a
proclamar la liberación de los cautivos y la vista a los ciegos, a dar la
libertad a los oprimidos y proclamar un año de gracia del Señor».
Por otra
parte, al celebrar hoy el Día de la
Caridad, os invitamos también a reconocer el servicio de los
sacerdotes en el campo de la caridad y agradecer lo mucho que Cáritas debe al
ministerio sacerdotal en todos sus ámbitos de realización -parroquiales,
arciprestales, diocesanos, regionales y nacionales-, pues los sacerdotes no son
únicamente los hombres del culto y de la palabra, son también los hombres de la
caridad y tienen una tarea muy
importante que realizar en la animación de la caridad y en la misión de
presidir a la comunidad en la caridad.
1. El ministerio de la caridad
pertenece al sacerdote por su configuración con Cristo Cabeza y Pastor
«Aunque se deban a todos –dice
el Concilio- los presbíteros
tienen encomendados a sí de manera especial a los pobres y a los más
débiles, a quienes el Señor se presenta asociado (Cf Mt 25,34-45) y cuya
evangelización se da como prueba mesiánica (Cf Lc 4,18)».
El ministerio de la caridad
pertenece a todo sacerdote por su bautismo, porque la caridad es tarea de todo
fiel en la Iglesia.
Pero además, pertenece al sacerdote por otras razones más particulares y hondas
que nacen de su identidad y ministerio sacerdotal, como su configuración con
Cristo Cabeza y Pastor.
Lo expresa así Juan Pablo II: «El presbítero participa de la
consagración y misión de Cristo de un modo específico y auténtico, o sea,
mediante el sacramento del Orden, en virtud del cual está configurado en su ser
con Cristo Cabeza y Pastor, y comparte la misión de "anunciar a los pobres
la Buena Noticia",
en el nombre y en la persona del mismo Cristo» .
Como Jesús,
Buen Pastor,
el sacerdote esta llamado a cuidar de todas las ovejas y a saciar su hambre y
su sed, pero con especial cuidado busca a la perdida, cura a la herida,
reincorpora a la comunidad a la descarriada.
Como el Corazón de Jesús, también
el corazón del sacerdote se conmueve, se compadece con entrañas de amor ante el
leproso, ante el herido en el camino, ante el excluido, ante los hambrientos, y
hace presente para los pobres y desvalidos el amor misericordioso de Dios.
2. El ministerio de la caridad
pertenece al sacerdote por su configuración con Cristo Sacerdote
Con Cristo Sacerdote los
presbíteros están llamados a hacer de su vida una ofrenda viva al servicio de
los hermanos, de tal manera que su amor a los otros encuentre su mayor
realización en la propia entrega.
La actividad caritativa para todo
cristiano, pero de manera particular para los sacerdotes, adquiere su verdadera
dimensión como expresión del amor de Dios cuando adquiere la forma de don de sí
mismo, similar al don del mismo Jesucristo. Como dice Benedicto XVI, «el
corazón de Cáritas es el amor sacrificial de Cristo y cada forma de caridad
individual y organizada en la
Iglesia debe encontrar su punto de referencia en Él».Sólo
así, añade, la actividad caritativa «se transforma en un gesto
verdaderamente digno de la persona que ha sido creada a imagen y semejanza de
Dios».
Esta ofrenda de la propia vida se
expresa de manera sacramental en la Eucaristía y de manera existencial en el servicio
a los pobres. Los sacerdotes en la Eucaristía ofrecen al Padre la vida entregada de
Jesús para la salvación del mundo y, junto con Jesús, ofrecen su propia vida
entregada para la salvación de los hombres.
A imagen de Jesús, y unidos a Él, los sacerdotes dicen a los hombres: Tomad mi
cuerpo, bebed mi sangre. Mi cuerpo entregado por vosotros: mi vida, mi tiempo,
mi pensar, mi sentir. Mi sangre derramada por vosotros: mi trabajo, mi
esfuerzo, mis tensiones, mis sufrimientos y esperanzas.
Celebrar la Eucaristía es, en palabras de Benedicto XVI, «implicarnos
en la dinámica de su entrega».
De ahí que la Eucaristía,
misterio de muerte y resurrección, misterio de pasión -de pasión de amor-, sea
la fuente de la espiritualidad que lleva a los sacerdotes a hacerse don,
entrega total y generosa, hasta dar la vida, por amor, al servicio de los hermanos, especialmente de los más
pobres.
3. El ministerio de la caridad pertenece al sacerdote por su misión al
frente de la comunidad
El sacerdote, enraizado en la caridad pastoral de
Cristo, está llamado a promover relaciones de servicio con todos los hombres, «de
manera especial con los pobres y los más débiles».
«Es necesario que el presbítero sea testigo de
la caridad de Cristo mismo que "pasó haciendo el bien" (Hch 10,38);
el presbítero debe ser también el signo visible de la solicitud de la Iglesia que es Madre y
Maestra. Y puesto que el hombre de hoy está afectado por tantas desgracias,
especialmente los que viven sometidos a una pobreza inhumana, a la violencia
ciega o al poder abusivo, es necesario que el hombre de Dios, bien preparado
para toda obra buena (cf. 2 Tim 3,17), reivindique los derechos y la dignidad
del hombre».
Si la caridad es algo que
pertenece a la naturaleza de la Iglesia y, en consecuencia, a toda la comunidad
cristiana,
tarea del sacerdote es hacer que en la comunidad cristiana se viva y
exprese el servicio a los pobres. Compete al sacerdote procurar que cada uno de
sus fieles sea conducido por el Espíritu «a la caridad sincera y diligente».
Esto significa que si tarea del
sacerdote es el ministerio de la
Palabra y el ministerio de los Sacramentos, tarea suya es
también el ministerio de la caridad, como nos dijo el Concilio y nos recuerda
Juan Pablo II .
Y si tarea suya es presidir a la comunidad en el anuncio de la Palabra y en la
celebración de la fe, tarea suya es presidirla en la caridad.
Si propio del sacerdote es el
ministerio de la comunión en la comunidad, y no hay comunidad sin kerygma, sin
liturgia y sin diaconía,
no hay ministerio completo de la comunidad sin el ejercicio y animación de la
caridad. Una caridad que el sacerdote, de manera
ordinaria, ejerce en el ámbito
privilegiado de su campo de acción, que es la Parroquia, por medio de la Cáritas Parroquial.
Queremos por ello recordar que la caridad no es sólo tarea individual,
sino tarea comunitaria, tarea de toda la comunidad y, en consecuencia, requiere
una organización y una programación en la comunidad.
De esta necesidad de un orden en la administración de la caridad surge una organización como
Cáritas, que no es más que la misma Iglesia en el ejercicio de su amor y
servicio a los pobres.
Es en este contexto de la dimensión comunitaria de la caridad donde se
comprende y ejerce adecuadamente la tarea de presidir en la caridad. Una tarea
que no consiste en monopolizar la acción caritativa y social, como si fuera
algo que compete sólo al sacerdote, sino en sensibilizar a la comunidad sobre la dimensión caritativa
y social de la vida cristiana, promover la corresponsabilidad, implicar en ella
a los órganos de comunión y participación de la comunidad parroquial y
favorecer la coordinación de la acción caritativa y social tanto en el ámbito
intraeclesial como en el social.
4. Contemplando el
misterio de la Eucaristía
oremos por nuestros sacerdotes y por la erradicación de la pobreza y la
exclusión social
No podemos olvidar que 2010
ha sido declarado por la Comisión Europea “Año de lucha contra la Pobreza y la Exclusión Social”,
por eso, en este Año Sacerdotal que estamos terminando y en todo el 2010,
contemplando el misterio de la
Eucaristía os invitamos a dar gracias a Dios por el don que
significa su presencia eucarística y a orar por los sacerdotes y también por
todos aquellos que entre nosotros son víctimas de la pobreza y la exclusión
social.
Gracias, Señor, por el don de la Eucaristía, por tu Cuerpo entregado y tu Sangre
derramada para la vida del mundo. Gracias porque quisiste poner este admirable
don en manos de los sacerdotes y porque
nos lo dejaste como sacramento de comunión fraterna entre todos los hombres.
Te damos gracias por nuestros sacerdotes y te pedimos por ellos y por
su servicio generoso a los más necesitados. Que configurados con Cristo Pastor,
su corazón se conmueva siempre ante los pobres, los hambrientos, los excluidos,
los marginados. Que identificados con Cristo Sacerdote renueven con gozo la
ofrenda de sus vidas en cada Eucaristía al servicio de la salvación de todos
los hombres. Que en el seno de nuestras comunidades cristianas sean los hombres
de la caridad animando y presidiendo el ejercicio organizado de la caridad.
Y que en este “Año Europeo de Lucha contra la Pobreza y la Exclusión Social”
oigamos el clamor de los 78 millones de pobres que viven en Europa y trabajemos
por superar esta injusticia social que afecta a la dignidad de las personas y a los derechos humanos de un
modo inadmisible, sobre todo en una sociedad que dispone de recursos
suficientes para erradicar la pobreza si se decide a hacer de la persona el
centro de la vida económica y social, como pide el Santo Padre, Benedicto XVI.
Madrid, 15 de mayo de 2010
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