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Ellas son
las primeras cada mañana en llegar a la universidad a todos los centros y
facultades. No tienen contratos de calidad como tenemos los profesores y el
PAS, ni vacaciones del mismo modo, etc... pero son las primeras, antes de las
seis de la mañana están con sus herramientas de limpieza para tenerlo todo a
punto cuando llegamos nosotros a nuestros trabajos docentes, investigadores y
de administración.
Casi nadie se da cuenta, pero son
fundamentales y tienen mucha vida y mucha historia, esas sencillas mujeres que
cuidan de la limpieza de clases, laboratorios, pasillos, despachos,
salones,etc. Nos vemos en la cafetería desayunando, ahí nos igualamos, y
conversamos. De esas conversaciones nació el deseo y la ilusión de
compartir una jornada de descanso y de alegria común.
Empezamos a soñar con
ir en primavera al monasterio de Guadalupe, donde está nuestra patrona
extremeña, que preside el escudo de nuestra universidad como seña de
identidad extremeña, aunque eclesiásticamente pertenece a Toledo, por
aquello de ser "iglesia en el mundo", pero a las limpiadoras no les
preocupa mucho esa historia. Puesto en contacto con algunos profesores y
alumnos, nos disponemos a organizar la excursión-peregrinación. Muchos de
ellos no han estado nunca en este pueblo ni en su monasterio.
Al final lo logramos, y el día 22
de Mayo, a las ocho de la mañana estábamos todos en la estación de Renfe de la
ciudad para salir en un autobús camino de Guadalupe. Allí estaban las
limpiadoras, que fueron las verdaderas organizadoras del evento,
profesores, alumnos, personal de administración y servicios, sus hijos, amigos.
Se trataba de conocernos en otro espacio para tener un motivo más para
querernos y reconocernos más allá de nuestros oficios y horarios. Tras un
viaje de cercanía, canciones, conversación y conocimiento, llegamos al
santuario y directamente los frailes franciscanos nos esperaban
para poder celebrar la eucaristía en el capilla de los siete altares. Fue una
eucaristía a la luz del Espíritu de Pentecostés, en las que todas nuestras
lenguas, las de la limpieza, la docencia, la investigación, las oficinas, la
estudiantil, la del capellan, se unieron en la petición sencilla de
"Espíritu SAnto, ven, ven...". Escuchamos la palabra de Dios, dimos
gracias, compartimos nuestras ilusiones y nuestra alegría, pusimos
nuestras vidas en el pan y en el vino y compartimos la misma mesa con el deseo
de ser más hermanos, la verdad es que me sentí más capellán de la universidad
que nunca, tenía yo la espina de que con estas mujeres no había organizado
nada, y qué bueno lo habían organizado ellas.
TRas la eucaristía, café
rápido y visita sosegada la monasterio, disfrute de todas sus estancias
maravillosas y bellas, los bordados, los libros corales, las pinturas y
esculturas, el claustro mudejar, el tesoro y la belleza del camarín
y de esa virgen extremeña morena y pequeña, pero con la fuerza de una
madre que en su pequeñez nos une en el sentido de hermanos y el deseo de
un mundo mejor y de una extremadura mas justa y más digna.
Tras el beso filial a la
patrona, nos relajamos en la hospedería del monasterio con un suculento menú
del día que realmente nos parecía una boda, por su riqueza de cocina, su
servicio y por el claustro en el que lo estábamos degustando, siendo una sola
familia con un pan de la Puebla
que se ganaba todos los elogios de los comensales, amen del cordero, las sopas
de tomates y los postres suculentos. Así decía Jesús que sería el Reino de Dios.
El paseo por el pueblo y el
café resposado compartido y cantado ponía fin a nuestra estancia en ese pueblo
precioso situado en las Villuercas, que tan bien nos explico el amigo Emilio,
profe de conocimiento del Medio extremeño. La satisfacción y el gozo de la
jornada, marcaba un sentido de universidad más amplio y humano del que cada día
respiramos con las prisas y los agobios, allí hicimos verdadera
"universitas", nos hicimos más universales y más cercanos. Así
llegábamos a Badajoz con el compromiso serio de que el próximo curso, el
lugar puede ser distinto pero el espíritu será el mismo, y volveremos a
organizar una actividad conjunta que nos acerque y nos haga sentirnos más
familia a todos los miembros de la comunidad universitaria, por aquello de distintas
funciones pero un mismo bien común y un mismo espíritu. Ahora a esperar, desear
y trabajar para que las condiciones laborales de las limpiadoras sean mejores.
Ellas realmente son las primeras todas las mañanas...
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