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La
crisis económica que vivimos tiene que ser abordada,
principalmente,
desde sus causas y víctimas, y desde un juicio moral
que
nos permita encontrar el camino adecuado para su solución.
(Declaración
ante la crisis moral y económica .CEE)
Queremos pronunciarnos sobre estas medidas adoptadas por
el Gobierno. No entramos en el juicio de su eficacia para reducir el déficit y
mejorar la marcha de la economía pero consideramos que tanto en su forma, como
en su contenido, son unas medidas injustas. Queremos mirar la historia cercana
como lugar donde el Dios de nuestro Señor Jesucristo se manifiesta en su opción
por los más pobres.
Son unas medidas exigidas por el capital, que ponen la
prioridad en la rentabilidad de los grandes capitales, condenando a la miseria
a los sectores de la población más desfavorecidas, en nuestro país y en el
Tercer Mundo y que muestran la incapacidad de los dirigentes mundiales para
percibir la magnitud de la crisis, como manifiesta su obsesión por paliar los
efectos negativos -para las grandes empresas- en lugar de abordar sus causas
(no se penalizan las transacciones financieras especulativas, no se actúa
contra los paraísos fiscales…). Estas medidas acentúan el empobrecimiento de
millones de familias trabajadoras, pues a los 4.600.000 parados y los 3.720.000
trabajadores con contrato precario, se unen ahora el recorte salarial de los
empleados públicos y la congelación de las pensiones, con el objetivo de
ahorrar 6.000 millones de euros. También afectan a las políticas sociales (se
endurecen las condiciones para acceder a la jubilación parcial, se recortan
gastos en la ley de dependencia, se retira el cheque bebé, se recorta la ayuda
al desarrollo -con lo que pasan la factura de nuestras crisis a los más
empobrecidos que viven más allá de nuestras fronteras-).
Unas medidas totalmente desequilibradas e injustas, pues
implican importantes sacrificios a los trabajadores y a los sectores más
débiles de la sociedad, y no afectan a los sectores con más recursos o a los
políticos que gestionan desde el derroche e interés partidista. Echamos de
menos medidas políticas impositivas más justas que luchen contra la evasión y
el fraude fiscal para que quienes han ocasionado la crisis aporten también su
esfuerzo. Tampoco sugiere acciones para recaudar más impuestos sobre los
beneficios extraordinarios que están obteniendo los especuladores y las grandes
corporaciones y entidades financieras. NO exigiendo responsabilidades a los
responsables de la crisis, y haciendo que la paguen quienes no la han provocado
y más la sufren.
A pesar de todo, pensamos que la crisis sigue siendo
tiempo de esperanzas y alternativas, que es posible salir de la misma de manera
satisfactoria con el esfuerzo y la participación de todos; fortaleciendo
nuestra conciencia porque nos duele, nos sigue doliendo el desempleo, los
desahucios, los hogares con la luz cortada y sin agua, la pobreza que sufren
tantos extremeños y que nos afecta a todos y especialmente a los trabajadores
inmigrantes, a los jóvenes y a las mujeres. Nos hiere la crisis alimentaria
mundial.
Por todo ello, a la luz del Evangelio y de la doctrina
social de la Iglesia, proponemos una
economía y una sociedad al servicio de la persona, donde se respete la dignidad
humana y se priorice al que sufre, donde los cristianos y todas las personas de
buena voluntad vivamos la austeridad para compartir y defendamos pública y
privadamente el bien común y el destino universal de los bienes. Reclamamos una mayor progresividad
fiscal y un gasto público más redistributivo. Exigimos una Administración Pública con recursos suficientes y
atenta a las necesidades de todos los ciudadanos, donde la responsabilidad sea
premiada y la indolencia y la pereza sea perseguida. Reclamamos el apoyo público a las pequeñas empresas y a las
empresas de economía social, el apoyo a la innovación tecnológica y a las
organizaciones que trabajan con los más empobrecidos. Estamos convencidos de que no basta con relanzar la economía… sino
que se ha de repensar desde la centralidad de la persona y la primacía de
trabajo sobre capital, y desde un conjunto de valores morales, como
responsabilidad social, solidaridad, justicia, sentido del bien común, cuidado
del medio ambiente, respeto a los derechos humanos… que no son
“antieconómicos”, sino condición imprescindible para su adecuado
funcionamiento.
Nos comprometemos a continuar los esfuerzos de
acogida y acompañamiento a todos los heridos por el paro y la precariedad. Nos
comprometemos a cambiar nuestra propia vida, a cambiar nuestro consumo y
nuestro ahorro en un consumo responsable, atentos a las necesidades de los
empobrecidos, apoyando las redes de economía alternativa y la banca ética. No
queremos desatender la lucha por la justicia.
Desde la Delegación de Pastoral Obrera animamos a seguir manteniendo un
compromiso en el trabajo, el barrio, el sindicato, la asociación..., que haga
posible unas condiciones favorables para el establecimiento de otro tipo de
medidas más justas y solidarias. Y lo hacemos desde el convencimiento de que,
siguiendo las enseñanzas del Evangelio, “la
inversión en justicia, honradez, verdad,
trabajo, creatividad humana, respeto a los derechos, fidelidad... es la
inversión más rentable”.
Delegación Diocesana de Pastoral Obrera de Coria-Cáceres,
mayo de 2010
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