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En la clausura del Año Sacerdotal: Las razones de mi sacerdocio Imprimir E-Mail
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Escrito por Jesús de las Heras Muela - Director de ECCLESIA   
jueves, 10 de junio de 2010

“Las razones de mi sacerdocio son las razones de mi fe y de mi vida”, del libro “Vocaciones sacerdotales. Dijimos que sí”, coordinado por María José Monfort y editado por Ediciones Internacionales Universitarias

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(En la tarde del jueves 8 de junio, en la parroquia de la Concepción de la calle Goya de Madrid fue presentado el libro “Vocaciones sacerdotales. Dijimos que sí””. En él aparecen treinta y dos testimonios vocacionales de otros tantos sacerdotes, más otras tres introducciones. La laica madrileña María José Monfort ha sido la coordinadora del libro. Uno de los textos de la obra es el de nuestro director, Jesús de las Heras. Ahora, en la víspera del Año Sacerdotal, lo publicamos tal y como quedó redactado para el libro editado por Ediciones Internacionales Universitarias)

 

 

 Como sabes, María José, soy Jesús de las Heras Muela, sacerdote diocesano de Sigüenza-Guadalajara desde hace ya más de veintisiete años y director desde diciembre de 2004 de la revista semanal ECCLESIA y de su página web en internet, ECCCLESIA DIGITAL. Nací en Sigüenza el 17 de diciembre de 1958. Como eran vísperas de Navidad y era ya el cuarto de cinco hermanos -todos ellos varones y a quienes se les había “adjudicado” ya los principales nombres familiares-, me pusieron de nombre Jesús… Quizás por eso, quizás porque tenía que ser así…

 Me pides, amiga María José, un testimonio de mi vocación sacerdotal, que, en definitiva, es hablar y dar razones de mi fe cristiana y de mi vida... Y ya sabes: a veces, lo sencillo, lo que se vive como algo natural, innato y consubstancial a uno mismo, puede resultar difícil o, al menos, complejo de expresar, de sintetizar, de manifestar de manera ordenada y coherente. En cualquier caso, lo intentaré diciéndote que la gran razón de mi sacerdocio –que es el motor de mi vida-, al igual que de mi fe cristiana, es la gracia de Dios.

 

La familia, la educación, los santos

 

 Esta de gracia de Dios ha actuado y actúa en mi vida a través de distintas mediaciones y realidades. De ahí, que la primera razón de mi fe y de mi vocación se halle en mi familia: en mis padres Emilio y Milagros, padres, a su vez, de otros cuatro hijos, todos varones, mis queridos hermanos;  en mis abuelos; en mis tíos.

 Tuve además un tío abuelo sacerdote, que fue martirizado en la pasada guerra civil; tres trías-abuelas, religiosas de vida activa y otra laica consagrada; y dos primas segundas, que todavía viven, son también religiosas: una clarisa, que es mi ángel de la guarda, y otra adoratriz.

 Asimismo, también en mi familia recibí innumerables ejemplos de apostolado laical como los de mi tía Rafa, maestra católica y miembro destacado de Acción Católica, o los de mi abuelo Victoriano, gran devoto de la Eucaristía –fue presidente local durante muchos años de la Adoración Nocturna- y de la Virgen María, de cuya cofradía seguntina de la Virgen de la Mayor fue secretario durante años. Desde el cielo velan los dos por mí.

 Aunque no ingresé al Seminario hasta los 17 años, desde mi más tierna infancia, desde que conservo recuerdo alguno, siempre quise ser cura. Mi vocación corrió al compás de mi fe y mi fe al compás de mi vocación. Y en ambos casos, por pura gracia de Dios, sin dificultades, sin problemas, sin traumas, sin dudas y sin complejos. Recuerdo que de joven y también ahora muchas veces he dicho y me he dicho a mi mismo: "a mi no me cueste creer". Como tampoco me cuesta vivir en la comunión eclesial. Y de ahí, que me alegre cuando la Iglesia se alegra, y me entristezcan la desafección eclesial, la sequía vocacional, los ataques a la Iglesia y los símbolos y signos del cristianismo, la atonía y la secularización que se instala con tanta facilidad y la llamada “apostasía silenciosa”.

 Hasta mi ingreso en el Seminario, estudié en Colegios de la Iglesia, que, sin duda, y a pesar de turbulencias puberiles, más o menos al uso, ahondaron y afianzaron las raíces y el vigor de mi fe y donde encontré –quizás hasta sin saberlo y sin darme cuenta- ejemplos y sintonías sacerdotales que, como el grano de trigo en la tierra, va dando fruto sin que sepamos cómo ni cuándo ni cuánto.

 Mi vida cristiana se ha cimentado también y en muy buena medida en las vidas y en los testimonios de los santos. Sobre todo en María Santísima, tan querida y venerada en Sigüenza bajo el titulo de la Mayor y cuyo servicio como abad de su Cofradía prestó desde marzo de 2008 como uno de los mayores regalos de mi vida sacerdotal.

 Además, ¿sabes?, ¡cuánto bien me han hecho y me siguen haciendo santos como Francisco de Asís, Teresa de Jesús, el Santo Cura de Ars, Teresita de Lisieux, Pío de Pietrelcina, Juan XXIII...! O ese santo todavía vivo no oficialmente en los altares pero sí en los corazones como es el Papa Juan Pablo II, de cuyas manos recibí el sacerdocio en Valencia el 8 de noviembre de 1982, en el transcurso de su primera visita apostólica a España.

 

Sacerdote y periodista

 

 Te decía antes, María José, os decía antes, amigos lectores, que desde niño, muy niño, quería ser sacerdote. Pues desde niño, muy niño, también quería ser periodista. Y, tanto una cosa como la otra, las “conseguí” o, dicho de otra manera más precisa, soy tanto cura como periodista. Y en este sentido, el periodismo ha sido y es para mi escuela y hontanar también de fe y, sobre todo, de ejercicio vocacional en el seno de la Iglesia y como la Iglesia me ha pedido y me pide.

 Mi fe  y mi sacerdocio has sido y son también los de las gentes sencillas a la que he servido como cura rural, en mis primeros años, en el Alto Tajo molinés y en la Alta Alcarria cifontina, y a quienes también sirvo ahora en la serranía de Atienza.

Mi fe y mi sacerdocio quieren ser las de los pobres, los enfermos, los ancianos y los necesitados. Quieren ser ofrenda, cercanía y servicio para quienes no tiene fe; luz, amistad y compañía para los candidatos al sacerdocio, de los que soy asimismo profesor de Historia de la Iglesia desde 1993, y para las religiosas, singularmente de las comunidades que he servido y sirvo como capellán, amigo, benefactor o predicador.

 

Gracia, pura gracia

 

Y todo ello, María José y amigos lectores, es don gratuito de Dios y los dones son para donarlos. Escribía Tagore: "La vida es un don, que sólo merecemos dándola". Parafraseándole, diría yo: "Mi fe y mi sacerdocio son un don, que sólo merezco dándola, ahora en mi servicio a los MCS y, sobre todo, en mi humilde y apasionado quehacer al frente de la venerable Revista ECCLESIA y de su joven y pujante página web en internet.

Mi fe y mi sacerdocio, sí, son un don, puro, inmenso y hermosísimo don, que sólo merezco y que sólo mereceré dándolos. Ojalá que así sea y que, como el siervo del Evangelio, sepa siempre que solo hago, solo he hecho y solo haré lo que tengo que hacer.

 

¡Claro que merece la pena ser sacerdote!:

Ya no sabría que ser otra cosa

 

Y, por ello, por todo ello, solo me cabe decir: ¡claro que merece la pena ser sacerdote! ¡Siempre, siempre, siempre! Y es que muchas veces pienso que ya no sabría que ser otra cosa sino sacerdote. Más sacerdote todavía que periodista.

 Porque, sabes, María José, aun siendo como soy periodista las 24 horas del día los siete de la semana los 365 días del año –y hasta los 366 días si el año es bisiesto….¡!-, no quiero ni puedo ser, a la vez y por encima de todo, otra cosa que sacerdote. Estoy seguro –creo que desde antes de ordenarme sacerdote nunca lo he dudado- que para esto, que para ser cura, vine al mundo.

Y, sí, ello me produce una inmensa alegría y confianza. Y también un estremecimiento y un temblor grandes. De modo que a El –a nuestro querido Dios de Jesucristo, el Sumo y Eterno Sacerdote- me confío por la intercesión de la Santa María la Virgen de la Mayor de Sigüenza. Amén. Amén, sí, desde el corazón.

 

Jesús de las Heras Muela

Comentarios
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Nicasio Vargas  - UNA VIDA DEDICADA A LA "EMPRESA"   |84.122.223.xxx |2010-06-10 13:32:00
Según leo, D. Jesús toda su vida y la de su familia está dedicada a la
"Empresa" porque todos están inmersos en el mismo programa y desempeñan
las mismas actividades, aunque con distintos niveles de producción
Alicia Redel  - Hermoso vivir haciendo lo que uno cree que debe ha   |83.42.157.xxx |2010-06-10 16:29:36
he leido atentamente su reflexión y quiero felicitarle porque es algo
verdaderamente hermoso sea en la vida religiosa que en la vida civil, vivir la
prpopia vida convencido de que lo que uno hace está bien.Y creo que no es fácil.
por lo tanto,como lectora de su revista, felicito al sacerdote y al periodista
que desarrolla su misión y su trabajo sintiendose feliz y realizado.Atentamente
le saluda,Alicia Redel
Jenny  - Gracias por mostrar el amor de Dios   |186.2.35.xxx |2010-06-10 17:17:40
La paz padre , felicidades por compartir su testimonio de vida , ayer vi
por EWTN la clausura y me alegró escuchar los testimonios de
varios sacerdotes que como usted se abrieron y tal cual son expresaron
la razón de su sacerdocio, por favor háganlo siempre ,estoy segura que
sus testimonios ayudaran mucho a todos los que seguimos por gracia de
Dios un camino de conversión y sobre todo ayudan a todos los alejados
o los que no conocen todavía el amor de Dios.
paquita muñoz-cobo  - Gracias por su testimonio   |217.217.194.xxx |2010-06-11 00:36:24
Gracias,D.Jesús, por su testimonio. Pienso, que ser sacerdote es lo mas
grandioso y hermoso que se puede ser en la tierra. Tienen las llaves del cielo,
y por ello, una gran responsabilidad ante Dios y ante los hermanos.
Que el Señor
lo siga bendiciendo y haga mucho bien
Adela Chedid  - Necesitamos de Testimonios de Vida Sacerdotal   |186.109.116.xxx |2010-12-07 02:01:32
Padre Jesús de las Heras.
le agradezco profundamente su Testimonio sobre su
Vocación, pienso que es un elegido de Dios.Emerge de una familia profundamente
cristiana, que hace de su fé una forma de vida y la trasmite. Si a ello se une
su vocación períodística, confirma lo què sostengo y expreso.
Días atras pensaba
al escuchar Misa, cómo llegaban estos jóvenes hermosos e inteligentes a ser
sacerdotes. Sus expresiones me lo aclaran es una elección de Dios que tiene en
cada verdadero sacerdote una respuesta personal, ya que asumen voluntaria y
racionalmente esta gran responsabilidad de acompañar a las personas y familias a
lo largo de la vida, ya que vivir no es solo un privilegio sino una pesada
carga de obligaciones y responsabilidades, cualquiera sea el rol que se
desempeñe en la sociedad.
Nuevamente muchas a Ud. y a María José Monfort. Muy
cordialmente Adela Chedid
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