|
Queridos diocesanos:
Al acercarnos al final del curso y en previsión del
próximo, es necesario que toméis en cuenta, alumnos y padres, la importancia y
la obligación de la formación en la propia fe, que se nos ofrece como
posibilidad en los colegios e institutos. Formación que, junto con la
Catequesis, la familia y otros medios, nos ayuda en el seguimiento de
Jesucristo, como nos exige nuestra condición de discípulos suyos. 
Cursar la
asignatura de Religión y Moral Católica es una decisión voluntaria desde el
punto de visa legal; pero, desde nuestra condición de cristianos, es una
obligación aprovechar la oportunidad de recibir una enseñanza y una educación religiosa
gradual, sistemática y en el marco de las demás enseñanzas.
Es, además,
un derecho, que ampara nuestra actual legislación, aunque, por otra parte, esté
esta enseñanza tan devaluada que prácticamente no cuenta para nada en el
expediente académico. Pero sí que cuenta en nuestro expediente ante el Señor y
en nuestra obligación de ser cristianos bien formados, capaces de dar razón de
nuestra fe, de defenderla y de manifestarla en nuestra vida.
Una de las
más importantes carencias de muchos de nuestros cristianos es la escasa
formación religiosa por no haberla recibido, o por no haberle dado la debida
importancia, o por haber adquirido solamente la formación religiosa exigida
para un niño de Primera Comunión. En otros casos sí que nos encontramos con
personas que tienen una buena formación religiosa, hasta con grados académicos,
pero han sido adoctrinados en otras corrientes del pensamiento, en otras
concepciones de la vida, de la persona humana y del mundo hasta negar la
existencia de Dios o deformar su imagen. En otros casos, o por su educación o
experiencia de vida, o por la excesiva fidelidad a su partido o a su líder, o
por otros intereses, que anteponen a su religión, adoptan posturas y
comportamientos incompatibles con su fe.
Ciertamente
no es suficiente una buena formación religiosa en la edad escolar. Son también
necesarias la primera y básica educación cristiana en la familia y el
acompañamiento de la comunidad de fe o de la parroquia, con la catequesis
adecuada a la edad, la práctica de los Sacramentos, de la oración y de la
celebración y la progresiva incorporación a una comunidad de fe y de vida.
Además de estos tres espacios clásicos de toda educación, desde luego de la
religiosa, es necesario también cuidar al niño, al adolescente y al joven -
también el adulto debe cuidarse – del ambiente que respira en las compañías con
las que alterna, los impactos que recibe a través de las lecturas, de los
diversos “maestros” o no tan maestros, de los espectáculos, de los medios de
comunicación social y de otros medios de la cultura actual.
Lo cierto es
que la Escuela ofrece al alumno una oportunidad insustituible, en un período de
la vida en que la mayor actividad es aprender y formarse y, de este modo, ir
configurando su persona y su personalidad y también su importante faceta de
persona creyente y practicante de un estilo de vida, que, para nosotros los
cristianos, consiste en un progresivo acercamiento e identificación con la persona, la vida y los comportamientos de
Jesús de Nazaret, el Hijo de Dios hecho hombre, puesto como modelo perfecto de
lo que tiene que ser el ser humano.
Queridos
alumnos, niños, adolescente y jóvenes, queridos padres, tomad muy en serio
vuestra obligación de conocer a Dios y a su Hijo Nuestro Señor Jesucristo, de
conocer su Iglesia, que es nuestra familia, vuestros derechos y deberes y de ir
configurando vuestras personas conforme al modelo que nos ha sido dado para
actuar en vuestra vida como colaboradores y testigos suyos en la edificación de
su Iglesia y en la construcción de un mundo nuevo, conforme al plan de Dios. La
asignatura de Religión y Moral Católica en la Escuela os ayudará en esta
importantísima tarea.
Os saluda y
bendice vuestro Obispo
|