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“Les dijo otra parábola: «El
Reino de los cielos es semejante a la levadura que tomó una mujer y la metió en
tres medidas de harina, hasta que fermentó todo»” (Mt 13, 33). La Iglesia Católica, intérprete
autorizada por el Espíritu Santo, conecta estas palabras de Jesús con la
evangelización cuando dice:
“Como la levadura en la masa, la novedad del Reino
debe fermentar la tierra con el Espíritu de Cristo. Debe manifestarse por la
instauración de la justicia en las relaciones personales y sociales, económicas
e internacionales, sin olvidar jamás que no hay estructura justa sin seres
humanos que quieran ser justos “ (nº 2832). La
levadura de la foto es Saccharomyces
cerevisiae, y con ella se hace el pan y el vino.
El fruto de la primera fermentación cristiana mediante
la evangelización fue la conversión del Imperio Romano, como nos cuenta Antonio
Socci en su fantástico “Los nuevos perseguidos” (Ed. Encuentro) http://books.google.es/books?id=pS2gaSdiTH4C&printsec=frontcover&dq=antonio+socci+nuevos+perseguidos&source=bl&ots=qNyFFh-jri&sig=mGmUD7Kxg8eKQv5H36TUh1j_BSc&hl=es&ei=OXYXTKH4FITA4gb7lYHoCw&sa=X&oi=book_result&ct=result&resnum=1&ved=0CBUQ6AEwAA#v=onepage&q&f=false
. El cristianismo despertó lo humano en las personas (“…¡ mirad cómo se
aman!...”), integró en pequeñas comunidades distribuídas en principio sobre los
núcleos judíos de las sucesivas diásporas miembros de clases bajas, medias y altas
mezcladas, supuso una organización de auxilio social por la ayuda que se
prestaban los cristianos entre sí frente a catástrofes como las epidemias. Por
ejemplo se sabe que Hipócrates, famoso médico de la antigüedad, huyó de una epidemia para no
contagiarse, en vez de ayudar a los enfermos.
Cuando
Constantino decretó la tolerancia religiosa, proceso que culminaría con la
adopción del cristianismo como religión oficial del Estado, el cristianismo
estaba muy presente en la sociedad, se estima que suponía más de la tercera
parte de los ciudadanos de Roma, y por tanto no fue impuesto a latigazos: los
gobernantes se encontraron con él como una nueva realidad social de interés
para el gobierno. Microbiológicamente hablando había pasado la fase de latencia
y comenzaba su crecimiento exponencial porque encontró, como les ocurre a los
microbios, masa y condiciones para fermentar. La masa eran los hombres, las condiciones
la esclavitud de la idolatría de todo tipo cultivada en una sociedad pagana.
Uno que encontraba una comunidad cristiana encontraba un oasis en medio de una
sociedad que permitía la esclavitud y el infanticidio femenino, y espectáculos
crueles como los combates a muerte o los ataques a hombres de fieras, a los que
podían ir niños, y ciertas prácticas que hoy serían consideradas pedofilia pura
y dura. Fueron los cristianos los perseguidos y masacrados sistemáticamente por
los romanos, que les llamaban ateos por no adorar estatuas y celebrar en sus
casas.
El Concilio
Vaticano en la Lumen Gentium (Cap.
IV, 31), dice refiriéndose a los laicos “Allí
están llamados por Dios a cumplir su propio cometido, guiándose por el espíritu
evangélico, de modo que, igual que la levadura, contribuyan desde dentro a la
santificación del mundo y de este modo descubran a Cristo a los demás,
brillando, ante todo, con el testimonio de su vida, fe, esperanza y caridad”.
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