|
Treinta y ocho arzobispos
metropolitanos de todo el mundo reciben el 29 de junio, fiesta de San Pedro y
de San Pablo, el palio de manos del Papa Benedicto XVI. Entre ellos, tres son
españoles: Juan José Asenjo Pelegrina, Jesús Sanz Montes y Ricardo Blázquez
Pérez, arzobispos respectivamente de Sevilla, Oviedo y Valladolid

Un año más, en la solemnidad
litúrgica de los santos apóstoles Pedro y Pablo, el Papa impone el palio a los
arzobispos metropolitanos nombrados durante el último año. En esta ocasión son
treinta y ocho arzobispos. Entre ellos se hallan los arzobispos metropolitanos
de Praga, Panamá, Perugia, Udine, Miami, Orlinda-Recife, Manilas-Bruselas,
Doula...
Los tres arzobispos españoles
La Iglesia en España estará
representada por los tres arzobispos metropolitanos nombrados desde la fiesta
de San Pedro y San Pablo de 2009. Se trata de monseñor Juan José Asenjo
Pelegrina (1945), arzobispo de Sevilla desde el 5 de noviembre; monseñor Jesús
Sanz Montes (1955), franciscano, arzobispo de Oviedo desde el 30 de enero;
y monseñor Ricardo Blázquez Pérez (1942), arzobispo de Valladolid desde
el 17 de abril.
Con
anterioridad a sus nombramientos arzobispales respectivos, Asenjo fue sacerdote
diocesano de Sigüenza-Guadalajara, obispo auxiliar de Toledo (1997-2003),
secretario general de la CEE (1998-2003) y obispo de Córdoba (2003-2009). En la
actualidad y tras haber presidido durante cinco años la Comisión Episcopal de
Patrimonio Cultural de la CEE es miembro del Comité Ejecutivo.
Fraile
franciscano de origen madrileño, Sanz Montes fue obispo de Huesca y de Jaca
–diócesis de la que continúa siendo administrador apostólico- de 2003 a 2010 y
en la CEE preside desde marzo de 2005 la Comisión Episcopal para la Vida Consagrada.
Monseñor
Blázquez, actual vicepresidente de la CEE –la presidió de 2005 a 2008- ha sido
obispo de Bilbao en los últimos quince años. De 1988 a 1992 fue obispo auxiliar
de Santiago de Compostela y de 1992 a 1995, obispo de Palencia. Es de origen
abulense.
Los palios junto a la tumba de San Pedro
El palio
está confeccionado con lana de oveja. Todos los años, en la fiesta de la virgen
y mártir de la cristiandad primera Santa Inés (21 de enero), el Papa
bendice unos corderos de los que extrae la lana. Dicha lana, una vez
confeccionada, se guarda en una urna de plata en la capilla de la tumba de San
Pedro, en el Vaticano. El palio es símbolo de la unidad que vincula a los
pastores de las Iglesias particulares con el Sucesor de Pedro, Obispo de Roma.
Y al respecto, el palio es también una llamada a los sacerdotes y los fieles de
las distintas diócesis a consolidar cada vez más una auténtica comunión con sus
pastores y entre todos los miembros de la Iglesia.
Con todo ello, se quiere
significar el valor y sentido como expresión de comunión eclesial de los
arzobispos metropolitanos hacia el Papa, y desde los arzobispos metropolitanos
de los obispos de sus diócesis sufragáneas. En la estructura de la Iglesia, las
diócesis se agrupa en provincias eclesiásticas al frente de la cuales se hallan
los arzobispos metropolitanos. En este sentido y por lo que a la Iglesia en
España concierne, al menos, se desplazarán a Roma para los actos de imposición
del palio, los obispos de Segovia, Ávila, Córdoba, Huelva, Jerez de la
Frontera, administrador diocesano de Bilbao, obispo auxiliar de Oviedo…
El hecho de que el palio se
imponga en una celebración conjunta a todos los nuevos arzobispos de cada año
expresa igualmente la universalidad y catolicidad de la Iglesia unidas en y
desde la Sede Apostólica.
Las celebraciones
La celebración se inserta dentro
de la Eucaristía que Benedicto XVI presidirá a partir de las nueve y
media de la mañana del martes día 29 de junio. En la misma y en los otros actos
religiosos -por ejemplo, las solemnes
vísperas de San Pedro y San Pablo, en la tarde del lunes 28 de junio, en la
basílica ostiense- en honor de los apóstoles participa todos los años una
significativa representación del Patriarcado ortodoxo de Constantinopla. La
Iglesia católica, a su vez, se hace presente en la fiesta ortodoxa de San
Andrés (30 de noviembre) en el Fanar, sede del patriarcado ecuménico de
Constantinopla.
Al día siguiente de la imposición
de los palios, el Papa recibe a los nuevos arzobispos con sus familiares y
amigos y peregrinos diocesanos desplazados a Roma, en una audiencia especial.
Será a las 10:30 horas en el aula “Pablo VI”. Ese mismo día los nuevos
arzobispos suelen celebrar una Eucaristía de acción de gracias.
En el caso de los tres arzobispos
españoles, monseñor Asenjo oficiará esta misa en el altar de la cátedra de San
Pedro, a las ocho de la mañana. Monseñor Blázquez lo hará también en la
basílica vaticana, en una de las capillas de sus grutas, junto a la tumba de
San Pedro. Monseñor Sanz Montes lo hará en las catacumbas de San Sebastián,
regidas por la Orden Franciscana a la que pertenece y al día siguiente
peregrinará a Asís. En conjunto, en torno al medio de millar de personas se
desplazarán desde España para estas celebraciones.
Por su parte, la embajada de
España ante la Santa Sede organiza una cena el lunes 28 de junio con los nuevos
arzobispos, y una recepción en la tarde del día 29. 
Historia y significado del palio
El palio es una banda estrecha de
lana blanca cosida en forma circular y adornada con cruces, de la cual caen dos
tiras cortas en sentido vertical, sobre el pecho y espalda; lo usan los
arzobispos y algunos obispos como signo de autoridad y jurisdicción. Unos lo
consideran insignia de origen imperial concedida al Papa; otros lo creen de
origen puramente eclesiástico, nacido ya con la intención de que fuera insignia
propia del Sumo Pontífice; también se ha considerado al palio como
esquematización del pallium de los filósofos, que a impulsos de una moda
tardía se habría usado plegado, y en forma de bufanda alrededor del cuello.
Esta última teoría -de Wilpert- puede resultar chocante en un principio,
sin embargo, aunque no goza de pruebas documentales a su favor, es cierto que
las primeras formas de palio concedidas recuerdan la manera de llevar el pallium
antiguo (así se observa en un mosaico del siglo VI).
En todo caso el origen es
ciertamente romano y fue considerado siempre como insignia propia del Papa, por
lo menos en Occidente. El primer dato sobre el palio es del siglo IV. Lentamente
se concede a obispos más ilustres. La costumbre de enviarlo a los obispos
metropolitanos, como más destacados, hizo que, con el tiempo, se dispensaran de
pedirlo a Roma y lo usaran sin más. Juan VIII, en el siglo IX, reconoció
el palio como insignia de la jurisdicción de los arzobispos y, al mismo tiempo,
estableció las normas de súplica de concesión que debían hacerse a la Sede
Apostólica bajo severísimas penas. En esta época el palio sufre algunas
modificaciones en su aspecto: con alfileres preciosos se le da una forma
circular más simétrica y centrada, procurando que los dos extremos caigan en el
centro del pecho y de las espaldas respectivamente.
El paso siguiente suprime los
alfileres dejándolos como elementos decorativos (siglo XIII)) y convierte al
palio en una banda circular con los dos extremos centrados, sobre el pecho y la
espalda, y que, por lo menos hasta el siglo XV, son de considerable longitud.
Además de los arzobispos (Código de Derecho Canónico, canon 275 y siguientes),
el Papa puede concederlo a otros obispos ilustres, a título personal o bien a
las sedes episcopales.
Así es el palio
El palio lleva seis cruces negras,
cuatro de ellas en la banda circular y las otras dos en los extremos; se lleva
sobre la casulla, por encima, colgado de los hombros.
El palio posee un significado
espiritual profundo. Algunos Padres de la Iglesia han visto en las cruces el
recuerdo de la Cruz del Señor que el prelado debe llevar con mayor diligencia y
amor.
Entrando ya en la función de los
que lo reciben, el Papa Benedicto XVI, en la celebración de comienzo de
su ministerio apostólico petrino, el 24 de abril de 2005, fijándose en la lana
de ovejas en que está confeccionado, lo señaló como imagen de la oveja perdida
que el Buen Pastor buscó y encontró para devolver al redil.
La concesión romana, la expresiva
ceremonia de confección del palio y, sobre todo, de su permanencia durante un
tiempo junto al sepulcro vaticano de San Pedro, más su bendición, hablan
clarísimamente de él como de expresión del poder pastoral trasmitido, y como
exigencia y signo de fidelidad y unidad con la Sede del Príncipe de los
Apóstoles.
|