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El tiempo
de vacaciones no es tiempo de ocio inerte y paralizante. Si fuera así, volver a
empezar sería deprimente. Las vacaciones sirven para descansar, para encontrar
a la familia y a los amigos, para tratar con Dios más abundantemente, para
pensar muchas cosas que el ritmo trepidante de la vida nos impide plantear,
para hacer planes y proyectos, aunque alguno de ellos no llegue a cumplirse,
para renovar energías en todos los sentidos. El descanso no consiste en no hacer
nada. Eso aburre. El descanso consiste en cambiar de ocupación y dejar que se
desarrollen otros aspectos que complementan nuestra vida. No olvidemos que
muchas personas no han podido tener vacaciones, por distintos motivos. Y demos
gracias a Dios por los que hayan podido tenerlas. 
Nos
asomamos al nuevo curso con la mochila llena de propuestas y de esperanzas. Se
trata de volver al trabajo ordinario con renovado empeño de colaborar con Dios
en la obra de la creación y de la redención. No se trata de volver a la rutina,
que hace pesada la vida, sino de mirar con esperanza la tarea que nos aguarda,
y ponernos manos a la obra con ilusión.
Dentro de
pocos días comienza la Visita
pastoral al arciprestazgo de Fuenteobejuna-Peñarroya-Pueblonuevo. Una
parte de la Sierra
cordobesa que visitaré hasta el último rincón para ver a sus gentes, para
animar la vida cristiana, para hacerles palpar la universalidad de la Iglesia con la presencia
del obispo. Y sobre todo, para conocer de cerca el trabajo de sus curas, que tienen
que multiplicarse los domingos para celebrar la Eucaristía en todas las
parroquias. Después de éste, en el trimestre siguiente (el primero de 2011) me
propongo visitar el arciprestazgo de Ciudad Jardín en la capital. Y después, el
arciprestazgo de La
Rambla-Montilla. Pedid al Señor que esta Visita sea un
verdadero encuentro con el Señor, presente en los fieles, presente en el
obispo.
El
trabajo de este curso que comienza estará especialmente caracterizado por la
pastoral juvenil, porque en el horizonte tenemos la Jornada Mundial de la Juventud con el
Papa en Madrid, en agosto de 2011. Es una gran oportunidad para presentar a los
jóvenes la belleza de la vida cristiana, el encuentro personal con Jesucristo
en su Iglesia hoy. Arrimemos todos el hombro, y sobre todo invitemos a los
jóvenes a que sean evangelizadores de su propia generación joven, de sus
compañeros de estudios, de trabajo, de diversión. La fe se fortalece dándola.
La diócesis de Córdoba
con san Juan de Ávila. En Montilla comienza una nueva etapa de devoción, estudio, difusión
de la vida y doctrina del santo Maestro de santos, san Juan de Ávila. La
diócesis crea un nuevo Centro Diocesano “San Juan de Ávila”. Los PP. Jesuitas
ceden a la diócesis de Córdoba el Santuario de san Juan de Ávila (Iglesia de la Encarnación), donde se
encuentra la urna con sus reliquias. Una nueva etapa, que esperamos esté llena
de frutos para difundir por todo el mundo el buen olor de este santo, que
pronto será proclamado doctor de la
Iglesia.
La misión diocesana
de Moyobamba.
Además de otros frentes, en los que están presentes tantos misioneros
cordobeses, este curso se abre un puente de colaboración misionera con la Prelatura territorial de
Moyobamba-Perú. De diócesis a diócesis y de una manera estable, la Iglesia de Córdoba se hace
más misionera, enviando dos sacerdotes, a los que se unirán múltiples
colaboraciones de seglares y de proyectos. No damos de lo que nos sobra, sino
de lo necesario. Y Dios es más generoso con nosotros.
A
comenzar el curso con nuevos bríos. Os invito a todos a ir colocando cada cosa
en su sitio, para que, bendecidos por Dios, podamos entregarnos a la
construcción de la Casa
de Dios, cada uno desde la misión que Dios le ha confiado y acentuando todos la
comunión eclesial que nos impulse a la misión.
Con mi
afecto y bendición:
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Demetrio Fernández, obispo de Córdoba
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