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El próximo 19 de septiembre, el Papa Benedicto
XVI beatificará a John Henry Newman, más conocido como “el Cardenal Newman”, en
el aeropuerto de Londres. Se trata de un acto de enorme calado y proyección,
porque así hay que calificar tanto el hecho de que sea el Papa de Roma quien
acuda a beatificar a un ex miembro de la Iglesia anglicana, precisamente en el corazón de
esa misma Iglesia, como el que pueda hacerlo sin que se conmuevan los cimientos
de la Iglesia
de Inglaterra, en la que la
Reina es su Jefe Supremo. No es, pues, de extrañar que el
acto haya suscitado un inusitado interés y sea cubierto por una nube de
periodistas. 
¿Quién era Newman? Newman fue un inglés nacido en Londres,
cuyo padre era banquero y su madre pertenecía a una familia de fabricantes de
papel. A los siete años fue enviado a una escuela privada, donde se distinguió
por su inteligencia y buena conducta. Pronto comenzó a leer la Biblia, por la que se sintió
no sólo atraído sino subyugado. Más adelante realizó los estudios
universitarios, en los cuales volvió a sobresalir. Pero no se encerró en lo
estrictamente académico, pues representó obras de teatro en latín, tocaba el
violín, ganó premios de oratoria y editó publicaciones periódicas.
El año 1816 tuvo una influencia decisiva en su vida. El
banco de su padre dio en quiebra, como consecuencia de las guerras
napoleónicas, y él mismo contrajo una grave enfermedad, que, a la larga, sería
una de las tres enfermedades que él calificaría luego como ‘providenciales’.
Además, tuvo una conversión religiosa, en cuanto que su fe derivó hacia
posiciones evangélicas y calvinistas, llegando a sostener que el Papa era el
Anticristo. Años más tarde, en 1824, fue ordenado presbítero de la Iglesia de Inglaterra. Por
esa época se convirtió en párroco de St. Clement, en Oxford, donde permaneció
dos años, auque sacando tiempo para publicar importantes y densos artículos.
A finales de 1827, Newman sufre una especie de colapso
nervioso, provocado por el exceso de trabajo y los problemas financieros de la
familia, a lo que se unió la muerte repentina de su hermana menor. Poco
después, en las vacaciones de 1928, comenzó a leer sistemáticamente las obras
de los Padres de la Iglesia.
Entró en el llamado Movimiento de Oxford, el cual trataba
de demostrar que la Iglesia
de Inglaterra era la descendiente directa de la Iglesia de los Apóstoles.
Esto le llevó más tarde a reconsiderar la relación de la Iglesia de Inglaterra con la Iglesia Católica
Romana. Los puntos de vista de Newman fueron asumiendo progresivamente un mayor
tono católico. En 1842 se retiró a Littlemore y vivió como monje con un pequeño
grupo de seguidores y en condiciones de gran austeridad física. A sus
discípulos les asignó la tarea de escribir sobre la vida de los santos
ingleses, mientras él escribía «Ensayos sobre el desarrollo de la doctrina
cristiana». Poco a poco se fue reconciliando con el dogma y la liturgia de la Iglesia Católica.
En 1843 hizo una retractación formal de todas las afirmaciones pronunciadas
contra la Iglesia
Romana y en septiembre de ese mismo año predicó su último
sermón como anglicano. Dos años más tarde se convirtió al catolicismo, siendo
ordenado sacerdote católico en junio de 1847.
En 1889
a los 88 años de edad, fue nombrado por León XIII
cardenal de la Iglesia Católica.
Murió el 11 de agosto del año siguiente. En 1991 fue
declarado Venerable y el 3 de junio de 2009 la Santa Sede promulgó el
decreto que le atribuye un milagro. El próximo 19 de septiembre será
beatificado por Benedicto XVI.
El nuevo beato nos ha dejado en herencia tres grandes
amores: a la verdad, a la
Sagrada Escritura y a los Padres de la Iglesia. Los tres son
de suma actualidad e importancia.
(5
de septiembre de 2010)
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