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Artículo de José
Luis Restán, director editorial de la Cadena Cope, en Páginas Digital
(17/09/2010) sobre el comienzo del viaje al Reino Unido del Papa Benedicto XVI
y las críticas previas al mismo 
Y la realidad se
impuso a las narraciones previas. Benedicto XVI llegó a las brumosas tierras
del Norte, a la Escocia de la que hace muchos siglos partieron los monjes para
evangelizar el centro de Europa. No diremos que las polémicas se han evaporado,
pero ahora la realidad manda. Y la realidad es que el Papa ha llegado, que su
palabra resuena al aire libre, y que hasta la BBC debe abandonar sus libelos
para contar lo que el hombre de Roma hace y dice a la vista de todos. Dicen las
crónicas que unas cien mil personas lo han acogido en Edimburgo, con gaitas,
banderas y aclamaciones. ¿Quién habló de la fría Escocia?
En el aire nuevo
diálogo con los periodistas. Paciencia, razón, amabilidad y algo de ironía.
Pero Benedicto no descarta ni censura ninguna pregunta. ¿Preocupado por el
viaje? En absoluto. También hablaban de la Francia anticlerical y de la Chequia
con el mayor porcentaje de ateos, pero allí el Papa encontró que permanece una
fuerte presencia de la fe, y que los no creyentes que están en busca de los verdaderos
valores escuchaban con atención sus palabras. Claro que en el Reino Unido
existe una corriente histórica de anticatolicismo, pero también una tradición
de tolerancia y una búsqueda de sentido. Así que el Papa inicia el viaje
"con buen ánimo y alegría". Chapeau.
Después habla de
una Iglesia que no debe mirarse tanto a sí misma, que no debe buscar su propio
poder sino hacer accesible el anuncio de Jesucristo a los hombres. Habla de una
prioridad que acomuna a católicos y anglicanos, la prioridad de llevar a los
hombres a Cristo, en eso consiste el ecumenismo. No podía faltar la pregunta
por los abusos sexuales cometidos por sacerdotes y religiosos. Al Papa se le
humedecen los ojos, confiesa que estas revelaciones han supuesto para él un verdadero
schock, una profunda tristeza... que es difícil comprender cómo ha sido posible
semejante perversión del ministerio sacerdotal. Reconoce (¡una vez más!) que la
Iglesia no ha sido suficientemente rápida ni vigilante para tomar las medidas
necesarias, y afirma que por eso debe abrirse un tiempo de penitencia y de
humildad, un tiempo para la renovación y la sinceridad. En cuanto a las
víctimas subraya que deben ser la prioridad absoluta, que no se debe ahorrar
ningún esfuerzo material ni espiritual para que puedan reconstruir sus vidas y
recobrar la confianza en el mensaje de Cristo.
También ha hablado
el Papa del gran cardenal Newman, al que beatificará el domingo en Birmingham.
Y aquí se descubre la profunda afinidad entre estos dos grandes hombres de la
Iglesia. Newman era un hombre moderno que ha vivido el problema del
agnosticismo, de la imposibilidad de conocer a Dios. Pero al tiempo estaba
arraigado en la gran tradición de los Padres de la Iglesia, tenía una vasta
cultura y una profunda espiritualidad que le permitieron reflexionar a fondo
sobre la génesis y el don de la fe. Insiste (ahora como Papa) en que estamos
ante un gran doctor de la Iglesia, ante un hombre puente entre tradición y
modernidad. En pocas palabras nos ha dado la clave del viaje.
En el Bellahouston
Park de Glasgow le espera el primer gran encuentro con su pueblo. Una multitud
impresionante bañada por el sol del atardecer, un viento que agita banderas y
estandartes. Son los herederos de una comunidad muy probada, que se ha negado
con denuedo a desarraigarse de la tierra de Escocia a pesar de tantas
vicisitudes dolorosas. El Papa honra la memoria de sus antepasados y les invita
a ser dignos de esa gran tradición. Y para ello, les insta a evangelizar la
cultura en todos los ámbitos. Insiste en una afirmación que ya realizó ante la
Reina Isabel: que la fe es garantía de auténtica libertad y respeto. Por eso no
hay que temer plantear en el foro público los argumentos que nacen de la
sabiduría y la visión de la fe.
A los sacerdotes
les recuerda su vocación de conformar la vida con el misterio de la cruz del
Señor, de predicar el Evangelio con corazón puro y con recta conciencia. Y a
los jóvenes les dice que la Iglesia les pertenece ahora a ellos, les advierte
de los falsos ídolos que son destructivos y crean división, mientras que sólo
el amor de Jesús permanece, libera de la esclavitud y da la felicidad que
el corazón espera. Y el Papa les confía que se siente feliz de poder celebrar
la misa con ellos. Como si dijera, pese a tantos agoreros aquí estoy, en medio
de mi pueblo, del pueblo que Cristo se construye a despecho de todos los
poderes de la historia. Se acerca la noche y Londres le espera.
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