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Queridas familias: Con un pleno y
cordial respeto a la distinción entre Iglesia y política; entre lo que
pertenece a Dios y lo que pertenece al César (cf. Mt 22, 21), esta gran Fiesta
de la Familia manifiesta nuestra preocupación por el bien común de España.
Sí. Preocuparse por
el matrimonio y la familia es preocuparse por lo que es bueno para el hombre,
la mujer y los niños, criaturas e imagen de Dios.
Esta gran convocatoria,
nos recuerda otra, celebrada hace tan solo un año en Valencia: el Vº Encuentro
Mundial de las Familias con Benedicto XVI.
Esta celebración es
como un eco de aquella magna asamblea.
Estos Encuentros
inolvidables son una grande y extraordinaria fiesta del pueblo, de la
ciudadanía preocupada por la construcción de una sociedad mejor.
Confirman que la
familia de fundación matrimonial está profundamente arraigada en el corazón y
en la vida de los españoles.
Los poderes públicos
deben proteger y defender la familia, nunca socavar sus fundamentos. Por tanto,
toda iniciativa del Estado en favor de la familia ha de ser apreciada y
estimulada.
El Parlamento
Europeo, inspirador de legislaciones sobre la familia, debería tomar buena nota
de estas manifestaciones, expresión de la auténtica cultura europea.
La cultura del
laicismo radical es un fraude y un engaño. No construye nada. Solo conduce a la
desesperanza: por el camino del aborto, del “divorcio express” y de las
ideologías que pretenden manipular la educación de los jóvenes, no se llega a
ningún destino digno del hombre y de sus derechos.
Por ese camino no se
respeta la Constitución española de 1978 y nos dirigimos a la disolución de la
democracia.
Queridas familias:
Hemos de perder el miedo a manifestar con sencillez y alegría la verdad y la
dignidad del matrimonio y de la familia.
Estos Encuentros no
son triunfalismo: son un servicio generoso y alegre a la construcción de una
sociedad mejor, fundamentada en la verdad, la libertad, la justicia y el amor.
Hemos de repetir
estos encuentros en cada una de nuestras diócesis.
En una cultura dominada por los medios de comunicación es muy importante la
visibilidad de los gestos. Hemos de fomentar estos Encuentros de anuncio y
testimonio.
Hay que despertar a
las familias, al tejido social de España para trabajar por el bien común. Si
somos fieles al Evangelio aportaremos las mejores soluciones a los problemas de
nuestro tiempo.
Esta mañana se ofrece
a toda la comunidad nacional una palabra nueva, una imagen de esperanza, un
signo de la civilización del amor.
Queridas familias:
Muchas gracias. Que Dios os bendiga y premie vuestros esfuerzos.
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