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Después de la visita del Papa Benedicto XVI a España |
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Escrito por Redactora
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jueves, 18 de noviembre de 2010 |
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Por monseñor Julián López Martín, obispo de León Han pasado dos semanas de la visita de Benedicto XVI a Santiago y a Barcelona. Fui testigo muy cercano en las visitas de Juan Pablo II (1982, 1993 y 2003) y de Benedicto XVI en 2006. He percibido ahora la misma alegría contagiosa en las gentes que llenaban las calles y los espacios de las celebraciones. Esta visita nos ha dado un mejor conocimiento de Benedicto XVI y una sintonía cordial con lo que representa, además de la satisfacción de quienes se han sentido honrados por su visita pese a las incomodidades del despliegue de seguridad. Esta es el leitmotiv de nuestro tiempo. Queda un rico mensaje que conviene asimilar por encima de polémicas sobre frases sueltas o presencias y ausencias. El fenómeno de la oposición al viaje era nuevo, pero ha sido más el ruido que la realidad. Las lecturas políticas en algunos medios de comunicación, denotaban no pocos prejuicios en lugar de entrar a fondo en los discursos y homilías del Papa.
El Papa vino como peregrino entre peregrinos y así entró en la catedral de Santiago sin dejar de saludar y estrechar manos. Por la tarde en la Misa era el sacerdote concentrado en su función y atento a cada detalle de la liturgia. Allí primaba el sentido de la presencia de Dios y su gloria: “Dios es el origen de nuestro ser y cimiento y cúspide de nuestra libertad, no su oponente… Es necesario que Dios vuelva a resonar gozosamente bajo los cielos de Europa”, dijo el Papa en su homilía. Añadiendo: “Europa ha de abrirse a Dios, salir a su encuentro sin miedo, trabajar con su gracia por aquella dignidad del hombre que habían descubierto las mejores tradiciones… Ese Dios y ese hombre son los que se han manifestado concreta e históricamente en Cristo. A ese Cristo que podemos hallar en los caminos hasta llegar a Compostela, pues en ellos hay una cruz que acoge y orienta en las encrucijadas”. Estas bellísimas frases prolongan el mensaje de Juan Pablo II también en Compostela en 1982: “Europa, sé tú misma”. Notables el canto gregoriano, la polifonía y la Salve Marinera. En algún momento lució también el sol iluminando la fachada de la catedral. Los más de 400 leoneses que se desplazaron a Santiago tuvieron que seguir la Misa desde una plaza cercana.
En Barcelona, muy temprano y camino de La Sagrada Familia, ya había gente esperando al Papa y una multitud en torno al templo. Durante la Misa tuve la suerte de estar en el ábside, a escasos metros del Santo Padre, de manera que podía ver muy bien su rostro y sus gestos. Se le notaba cansado pero muy feliz realizando el complejo rito de la dedicación de la basílica a Dios. La vista de la nave y la luz en aquella especie de palmeral, con una asamblea muy participativa, llenaban de gozo. Esta palabra brotó muchas veces de los labios del Papa que definió la obra de Gaudí como “espacio de belleza, de fe y de esperanza, que lleva al hombre al encuentro con quien es la Verdad y la Belleza misma”. En la comida vimos a un Benedicto XVI divertido ante La Sagrada Familia de chocolate. Se despidió bromeando porque iba a “hacer la siesta”.
+ Julián, Obispo de León
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Modificado el ( jueves, 12 de abril de 2012 )
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