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Al acercarse la Noche bendita entre todas
las noches, te queremos hacer un pedido Divino Niño Jesús. ¿Uno?. No, varios.
Pero no hay problema; porque tu eres –¡que paradoja!- tan pequeño, tan frágil,
tan aparentemente indefenso, pero a la vez tan poderoso, tan fuerte y omnipotente, que a ti todo te lo podemos
pedir. 
Te pedimos Señor: luz, paz y Fe. Casi
cambio el orden y digo Fe, paz y luz. Porque precisamos todos Divino Niño Jesús,
crecer en la Fe. Primero,
en la Fe en Dios,
que se va apagando tan rápidamente en toda Europa y en todo el mundo. Sí
Señor, auméntanos la Fe en tu Palabra, en tu
mensaje, en tu Iglesia, en tus ministros, en todo aquello que forma tu mentalidad.
Auméntanos también la fe en el hombre. Que sepamos ver en cada uno, aquello que
tiene de reflejo de Vos. Haz que amando ese reflejo, a la vez detestemos todo
lo que a los otros y a nosotros mismos aparta de Vos. ¡Que seamos ricos Señor!.
Pero no de la riqueza material, que cuando no es bien administrada tantos males
atrae. No. Es a otra riqueza a la que me refiero. Danos la riqueza de tu
mensaje, la riqueza de sabernos hijos tuyos y poseedores del mayor tesoro: tu
amistad. La cual, solo perdemos por el pecado. Danos fe en tus sacramentos, que
nos apartan de ese pecado y nos unen a Vos. Danos Fe en que con tu gracia todos
podemos alcanzar la santidad. Sí, la santidad, esa palabra tan olvidada en
nuestra loca carrera del día a día contemporáneo. ¡Qué seamos santos Señor!.
Queremos Paz querido Niño Jesús. Sí,
queremos la Paz. Pero
no la paz de los cementerios ni de los sepulcros. Queremos la Paz, entendiendo por ella, lo
que el gran San Agustín entendía, es decir, la tranquilidad en el orden. Y ese
orden solo lo podemos tener si adecuamos cada cosa a su fin. Y Tu eres Señor,
el fin último del hombre. Y como es fácil olvidarnos de esta verdad. Por tanto
te lo volvemos a pedir: danos tu Paz, la que prometieron los Ángeles a los
hombres de buena voluntad en aquella noche fría y bendita entre todas las
noches. Esa Paz te la pedimos para todos los hombres y para todos los países.
Si se volvieran las naciones hacia ti, como es verdad que tendríamos la tan
anhelada Paz, que muchas veces buscamos por otros senderos, y claro no la
encontramos. Porque fuera de Ti, no se alcanza la paz.
Y danos por último tu Luz. Luz que ilumine
nuestros vías y nuestras vidas, de manera que encontremos por fin el Camino, la Verdad y la Vida, que eres tu mismo
querido Divino Infante. Luz a los gobernantes para que gobiernen las naciones
conforme al orden natural de la cosas y consigan la solución a todas las crisis.
Luz a la madre que se dispone a terminar con la vida de su hijo al que lleva
dentro de sí. Luz a los eclesiásticos y a los laicos para que sean verdaderos
mensajeros de la verdad y del evangelio. Luz a los que imparten justicia para
que no traicionen su vocación. Luz al terrorista y al guerrillero para que dejen
de matar. Luz al drogadicto para que deje la droga. Luz al pecador para que
abandone el pecado. Luz a los jóvenes para realmente sean arraigados y edificados
en Cristo, firmes en la Fe,
para que te puedan seguir, para que comprendan que en ti siempre encontraran al
padre misericordioso, al amigo que comprende, al señor que perdona, al dueño de
la vida y de la muerte, al señor de la Historia, al Mesías, al Enmanuel con nosotros.
Sí Señor, danos tu Fe, danos tu Paz, danos
tu Luz en esta noche santa que se aproxima, de manera que vivamos cada día del
Nuevo Año 2011 en la alegría que solo da la Fe, en la tranquilidad que solo da la Paz, y en la plenitud que solo
da tu Luz. Y eso aunque tu Cruz no nos abandone, o quizás y mejor dicho con tu
Cruz, porque solo a través de la
Cruz encontraremos totalmente la Luz.
Te lo pedimos por la intercesión de Aquella
que como nadie tuvo Fe, que como nadie tuvo Paz y que como nadie fue reflejo de
tu Luz: María Santísima, Reina de la
Paz y fortaleza de la
Fe.
Madrid, Diciembre de 2010
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