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Un artículo de Paloma Fernández
Me llamo Jaime, tengo 7 años, escribo bastante bien,
aunque una periodista me ayuda a expresar mis ideas en el papel. Escribo hoy
porque mis padres se están divorciando y me siento un poco perdido.
Mis compañeros del cole me dicen que en casi todos los
casos de divorcio los niños se quedan con la madre. Yo quiero mucho a mi mamá,
pero también quiero a mi papá. Con él comparto los juegos, -es muy bueno jugando
al fútbol- , también me enseña “mates” –no se me dan bien las restas “de
llevar” y él me las explica-, también me explica“cono” que ahora se llama
“science”; me gusta mucho hablar con mi padre, a veces discutimos porque tengo
que cenar pescado, y no me gusta
el pescado; él dice que es mucho mejor que las hamburguesas, pero no me gusta
el pescado… pero ¿por qué me tengo que quedar con mi madre? ¿no me puedo quedar
con los dos? ¿Y si mi padre, al irse, deja de quererme? ¿Se están divorciando
también de mí? No lo entiendo.
Estas breves líneas sólo muestran uno de los mayores
dramas que se esconden tras el divorcio. El miedo de los hijos a perder la
figura del padre, a que éste desaparezca de su vida o deje de quererles. En
otros casos el miedo se transforma incluso en culpa o en conductas agresivas,
pasivas o de absoluta indiferencia que les llevan a cambiar la manera de
relacionarse con todo su entorno. ¿Por qué un niño tiene que renunciar a su
padre o a su madre? Y si usted tuviera que elegir, siendo niño, ¿con quién se
quedaría? ¿con su padre o con su madre? Esta es la situación a la que se
enfrentan, cada día, miles de niños cuyos padres están sufriendo un proceso de
divorcio o separación. En España se produjeron 125.000 rupturas de pareja el
año pasado. Si en ese proceso de separación o ruptura los padres no se ponen de
acuerdo, habrá que someter el tema de la custodia a la decisión de un juez, que
en el 96% de los casos – excepción hecha de las comunidades de Cataluña, Aragón
y Valencia que han aprobado ya una ley a favor de la custodia compartida_
dictaminará a favor de la madre. ¿Y por qué a la hora de decidir no se escucha
al menor? ¿No se contemplan cuáles son los deseos del niño?, ¿por qué miles de
niños, cada año, deben enfrentar una situación traumática que les viene
impuesta desde fuera y que no llegan a entender? ¿No tienen los padres el deber
de proteger a los hijos? ¿Se les está protegiendo privándoles de la presencia y
el amor de uno de ellos?
En la Convención por los derechos
del niño, -instrumento jurídicamente vinculante- firmado por Naciones
Unidas, que entró en vigor el 2 de septiembre de 1990, se expresa claramente que, entre los
derechos del niño está el derecho a expresarse y a que se respete su opinión
.El Art.12 puntos 1 y 2, dice así:
“Los Estados Partes garantizarán al niño que esté en condiciones de formarse
un juicio propio el derecho de expresar su opinión libremente en todos los
asuntos que afectan al niño, teniéndose debidamente en cuenta las opiniones del
niño, en función de la edad y madurez del niño. Con tal fin, se dará en
particular al niño oportunidad de ser escuchado, en todo procedimiento judicial
o administrativo que afecte al niño, ya sea directamente o por medio de un
representante o de un órgano apropiado, en consonancia con las normas de
procedimiento de la ley nacional”.
¿Por qué entonces no escuchamos la voz
de nuestros niños cuando reclaman para sí el derecho a que su vida no cambie, a
tener un padre y una madre?
El
art. 9, 1 también garantiza que que.”Los Estados Partes velarán por que el
niño no sea separado de sus padres contra la voluntad de éstos” excepto casos
particulares como maltrato, descuido, etc…(…) y el Art. 9.3. Los Estados Partes
respetarán el derecho del niño que esté separado de uno o de ambos padres a
mantener relaciones personales y contacto directo con ambos padres de modo
regular, salvo si ello es contrario al interés superior del niño”.,
Es decir, el niño tiene derecho a
manifestar su opinión, y a compartir su vida con su padre y su madre; además el
art. Art 3, 1 dice que en todas las medidas concernientes a los niños que tomen
las instituciones públicas o privadas de bienestar social, los tribunales, las
autoridades administrativas o los órganos legislativos, una consideración
primordial a que se atenderá será el interés superior del niño
¿No significa esto que las
autoridades deben velar por el interés del menor?
Algunas
voces ya se han pronunciado a favor de la custodia compartida como la mejor
manera de garantizar los derechos del menor a seguir teniendo un padre y una
madre.
Este el caso de Dña.
Vicenta Guzmán, Presidenta de la Federación de Asociaciones por la Custodia
Compartida
que se declara defensora a ultranza de esta opción y propone desde la
Asociación seguir el modelo francés de coparentalidad, que obliga a los padres
a sentarse y dialogar hasta llegar a un acuerdo sobre los hijos que se
entregará al juez. Será éste y su equipo quienes decidirán sobre la custodia,
sin dársela por defecto a la mujer.
En
este sentido, como decíamos al principio del artículo, se han ido dando grandes
pasos en España: Cataluña, Valencia y ahora Aragón han promulgado leyes a favor de
la custodia compartida.
Siguiendo
el ejemplo del resto de los países de nuestro entorno económico y cultural que
tienen unos parámetros de las relaciones familiares mucho más avanzados y
razonables que los españoles, y nos llevan muchos años de ventaja en su
evolución cultural, social y familiar, el Gobierno autonómico de Aragón ha
promulgado una ley que responde a una importantísima demanda social, y cambia
la visión mantenida hasta este momento, adecuándose a la realidad social y
configurando la custodia compartida como norma preferente en los supuestos de
ruptura de la convivencia entre los padres y en ausencia de pacto de relaciones
familiares, frente a la custodia individual.
Con este
cambio se pretende favorecer el mejor interés de los hijos y promover la
igualdad entre los progenitores.
Queda aún una esperanza para
Jaime, que el juez escuche su opinión y respete su deseo de seguir contando a
partes iguales con su papá y su mamá, sin tener que renunciar a ninguno de los
dos. ¿Qué pasará?
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