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“El Descendimiento”, obra del pintor italiano del barroco
Caravaggio, una de las principales obras de los Museos Vaticanos, se mostrará
en el Museo del Prado de Madrid, en su sala 4, desde el 22 de julio al 18 de
septiembre. La cesión de enmarca en las actividades culturales con ocasión de
la JMJ 2011 Madrid. Es una información del Diario ABC (16 de julio de 2011) 
Siempre es un
acontecimiento de primer orden la visita a España de una obra maestra absoluta
de la Historia del Arte. Aún más, si es por partida doble. Tras la esperadísima
llegada de la maravillosa «Dama del armiño», de Leonardo da Vinci, al Palacio
Real, se suma ahora la presencia en el Prado del majestuoso «Descendimiento»,
de Caravaggio, préstamo de los Museos Vaticanos —es una de sus joyas más
preciadas—, que ha sido posible gracias a la visita a Madrid del Papa el
próximo mes de agosto con motivo de la Jornada Mundial de la Juventud, y al
patrocinio de la Fundación Amigos del Museo del Prado. Este impresionante óleo
sobre lienzo de grandes dimensiones (306 x 214 centímetros) ya está en Madrid y
será el protagonista este verano del programa expositivo «La obra invitada». Se
exhibirá, del 22 de julio al 18 de septiembre, en la sala 4 de la pinacoteca.
No se
hallará solo tan insigne huésped. Todo lo contrario: estará en muy buena
compañía. En agosto formará parte del recorrido de un peculiar Vía Crucis
pictórico, en el que, junto al «Descendimiento», de Caravaggio, estarán
presentes trece obras religiosas del Prado, bajo el título «La Palabra hecha
imagen. Pinturas de Cristo en el Museo del Prado». El itinerario es el
siguiente: «La Anunciación», de Fra Angelico; «El Descendimiento de la Cruz»,
de Van der Weyden; «La Última Cena», de Juan de Juanes; «El Pantocrátor
sostenido por cuatro ángeles», anónimo; «Descenso de Cristo a los Infiernos»,
de Sebastiano del Piombo; «La Adoración de los Reyes Magos», de Rubens; «El
Buen Pastor», de Murillo; «La disputa con los doctores en el Templo», de
Veronés; «El lavatorio», de Tintoretto; «Cristo crucificado», de Velázquez; «El
Descendimiento», de Caravaggio; «Agnus Dei», de Zurbarán; «La Trinidad», de
Ribera; y «La Resurrección», de El Greco.
La
visita podrá hacerse tanto de forma independiente (ayudados por guías de mano o
audioguías) como dirigida por un monitor del Área de Educación del Museo. El
horario, de martes a viernes, a las 11.30 y a las 16.30 horas. Durante la
semana de celebración de la Jornada Mundial de la Juventud (16-21 de agosto),
habrá tres visitas diarias: 10.00, 12.00 y 16.30 horas.
Toda
la producción de Caravaggio es impresionante, pero este «Descendimiento» o
«Entierro de Cristo» (la escena recrea justo el momento entre uno y otro),
pintado en plena madurez del maestro (1602-1604), es un prodigio. Para buena
parte de los especialistas, es una de sus mejores obras, de las más logradas.
El Caravaggio más dramático hace su presencia con una espectacular puesta en
escena, en la que las seis figuras del lienzo (tres masculinas y tres
femeninas) se agrupan formando una línea diagonal imaginaria mediante la
posición escalonada de sus cuerpos. Parece un ballet coreografiado por
Caravaggio. Una intensa luz cae sobre el cuerpo yacente de Cristo, que resalta
sobre el fondo negro de la escena. Las únicas concesiones al color son el rojo
del manto de San Juan Evangelista y el blanco del sudario de Cristo. Los
geniales claroscuros de las figuras potencian aún más el dramatismo de la
escena. También un prodigio, la composición de los cuerpos. Nicodemo, encorvado
por el peso de Cristo, nos mira inquisitivamente. Contrasta con el éxtasis de
María de Cleofás, que alza su mirada y sus brazos al cielo, y con los rostros
contenidos de dolor de la Virgen, San Juan Bautista y María Magdalena, que seca
sus lágrimas con un pañuelo. El brazo derecho de Cristo —sus venas son un
prodigio— y parte del sudario caen sobre la fría losa de mármol del sepulcro.
Esta
obra formó parte de la gran exposición que le dedicó la Galería del Quirinale
de Roma a Caravaggio en 2010, con motivo del 400 aniversario de su muerte. Aún
son muchos los misterios sin desvelar en torno a este genio, tan temido como
admirado, cuya vida y obra estuvieron siempre marcadas por las luces y las
sombras.
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