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Nacho Vicens viene
diseñando los escenarios del Papa desde la visita de Juan Pablo II a Madrid en
1982. Este experto en arquitectura efímera se confiesa «extraordinariamente a
gusto» cuando se trata de diseñar un entorno creativo que ayude a que «el mensaje
del Santo Padre llegue a todo el mundo».
—¿Cuál
ha sido su fuente de inspiración para Cuatro Vientos? 
—Es una sucesión de
razones. Evidentemente el lema de la JMJ, «enraizados en Cristo», y la idea del
sermón de la montaña están presenten en el diseño. Jesús sube a la montaña y
desde allí predica, pero hay también una influencia importante de otras ideas
que no son traducción literal de la Biblia. La obsesión por que el Papa no esté
alejado de la gente ha hecho que todo sea más horizontal y más blanco. Además,
de la vigilia del sábado y la misa de clausura del domingo, un montón de
jóvenes van a pasar la noche en Cuatro Vientos. Eso me llevó a diseñar este
escenario como una enorme pantalla que pueda iluminarse con luces de distintos
colores y proyecciones de vídeos, que permita que la noche sea más corta y más
divertida. La idea del árbol, que en realidad es una especie de sombrilla,
permite no solo que el Papa esté a la sombra, sino que también hace las veces
de un baldaquino. Desde lejos, dado que es el único elemento que produce
sombra, señala dónde está lo verdaderamente importante. Al final, no ha sido la
traducción directa de un pasaje evangélico sino un montón de cosas que sumadas
dan este resultado.
—No
es la primera vez que le encargan el diseño de los escenarios del Papa...
—He
hecho todos los escenarios del Papa desde la visita de Juan Pablo II en 1982.
Recién acababa la carrera. Hice el estrado del encuentro del Papa con los
jóvenes en el Santiago Bernabéu, que fue un acto absolutamente maravilloso.
Desde entonces el cardenal se ha acordado de mí siempre. También hice los
distintos estrados de Colón y de Cuatro Vientos, durante la visita de Juan
Pablo II en 2003. Es una satisfacción para mí que el cardenal siga confiando en
mí.
—¿Cómo
vive la experiencia?
—Creo
que es un gran desafío en muchos sentidos. Primero porque las circunstancias
son siempre distintas porque lo de Colón no tiene nada que ver con lo de
Cibeles o Cuatro Vientos. Los requerimientos también son diferentes, y sobre
todo porque todo es una arquitectura que hay que hacer en muy poco tiempo y con
pocos medios. Por eso, una de las cosas que más me sorprenden son ese tipo de
críticas que se hacen a veces a los «dispendios» de la Iglesia en este tipo de
estructuras. La gente debería saber que todo esto se hace con la décima parte
de lo que cuesta cualquier concierto de rock y con estructuras básicamente
prefabricadas que ya hay en el mercado. De modo que todo este tema del
dispendio es algo evidentemente ideológico. No es objetivo.
—¿Cuántas
personas están trabajando en Cibeles?
—En
Cibeles empezamos la madrugada del domingo 24 de julio y estamos trabajando por
las noches para molestar menos. Ahora ya se ve la base de toda la estructura.
Solamente para el vallado y acopio del material fueron necesarias 40 personas.
Se va contratando gente en función de los elementos. Al final es mucha gente la
que se va sumando sucesivamente sin parar. Esto hay que hacerlo en unos plazos
récords para interrumpir lo menos posible la vida ciudadana. En Cuatro Vientos,
en cambio, empezamos hace ya más de un mes. Fue complicado el replanteo, ya que
en aquellos 200 metros que parecían horizontal, en realidad, hay una diferencia
de casi metro y medio de altura. La estructura está prácticamente terminada.
Queremos finalizar la obra la próxima semana para que empiece toda la
instalación de sonido, iluminación y para que haya tiempo para los ensayos.
Vamos bien, teniendo en cuenta que trabajamos día y noche.
—Su
trabajo se luce mucho...
—Supongo
que habrá gente a la que no le guste mucho, pero el éxito mayor sería que el
Papa no lo notara. Eso quiere decir que todo ha salido muy bien, que no le ha
dado el sol, que no ha pasado calor, que su mensaje ha llegado a todo el mundo.
Si no se nota quiere decir que todo ha salido bien. Cuando se nota demasiado es
casi siempre por los elementos negativos.
—Hay
que tener una sensibilidad especial para hacer este trabajo
—No
lo sé, personalmente me encuentro extraordinariamente a gusto con todo esto. No
es la primera vez que lo hago, además he hecho muchas iglesias también. Soy
católico y tengo una sensibilidad especial para todo esto, vibro con ello. Por
otra parte, es divertido pensar que mi tesis doctoral la hice sobre
arquitectura efímera. Luego he tenido que hacer mucha arquitectura de este
tipo, como la boda del Príncipe.
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