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EUCARISTÍA
DEL DOMINGO
Cuatro
Vientos, 21 de agosto de 2011
Querido
y Venerado Santo Padre:
El
Sol ha amanecido en Madrid luminoso y ardiente. Su luz baña la meseta
castellana que vemos extenderse por el Noroeste y el Norte hasta las
estribaciones de la no muy lejana Sierra madrileña como una cálida invitación a
mirar a lo alto, en búsqueda de los horizontes que iluminan el futuro
definitivo del hombre: ¡los del Cielo! Esta claridad esplendorosa de la mañana
madrileña presagia y augura la luz plena y definitiva de Jesucristo Resucitado,
cuya Pascua vuelve a actualizarse en la celebración del Sacramento de la
Eucaristía, presidida por el Sucesor de Pedro, el Apóstol que profesó el
primero, entre los doce, la clara e inequívoca confesión de Fe en su Maestro y
Señor: “Tú eres el Cristo, el Hijo de Dios Vivo”.
Santo
Padre: Después de una noche de vigilia, transcurrida en intensa oración
eucarística y después de haber pasado toda la noche en “Cuatro Vientos”, los jóvenes
de la JMJ.2011, acompañados por sus sacerdotes, forman esta magna Asamblea
litúrgica de una solemnísima Eucaristía en la que la catolicidad de la Iglesia
brilla como en pocas otras. Es el momento culminante de la Jornada Mundial de
la Juventud. Es el momento del “sí” a Cristo: el sí de las vidas convertidas,
el sí de la vocación al sacerdocio o a la vida consagrada, el sí a la llamada
para ser un apóstol seglar en medio del mundo tan convulso y problemático de
nuestro tiempo. ¡Un mundo indigente de verdadera y sólida esperanza, de
justicia y solidaridad! Con este inquietante panorama moral y espiritual se
encontrarán cuando retornen a sus países de origen. Urge su “sí” al matrimonio y
a la familia proyectada y realizada según el Plan de Dios, al Evangelio de la
Vida, ¡el Sí a una vida en “Dios que es Amor”! como tan bellamente lo explica
el Papa en la primera Encíclica de su Pontificado.
Los
jóvenes, querido Santo Padre, que le han rodeado, estos días, de sus cariñosas
y constantes atenciones y muestras de veneración y afecto filial,
extraordinariamente receptivos para sus palabras y su mensaje, están dispuestos
a ofrecerle al Señor un nuevo −o un renovado− “Sí”, apoyados y confiados en el
Sí de Pedro que el Papa encarna y actualiza para ellos y con ellos en esta
solemnísima celebración de la Eucaristía. Unidos en la Comunión del Santísimo
Cuerpo y Sangre de Cristo, que van a recibir, marcharán a sus casas y ambientes
dispuestos a ser testigos valientes del Evangelio de Jesucristo con las
palabras y con las obras. Aceptan sin vacilar el envío misionero que el Santo
Padre quiera hacerles, porque saben muy bien que “caminan en Cristo, su
hermano, su amigo, su Señor”
cuando
lo hacen en la Comunión visible de la Iglesia presidida por el Sucesor de Pedro
y de la mano de María, la Santísima Virgen, la Reina de los Cielos y Madre de
la Iglesia, e imitando el ejemplo de los Santos. Los Patronos de esta Jornada
Mundial -San Isidro y Santa María de la Cabeza, San Ignacio de Loyola y San
Francisco Javier, San Juan de Ávila y San Juan de la Cruz, Santa Teresa de
Jesús y Santa Rosa de Lima, San Rafael Arnáiz y el Beato Juan Pablo II- les
acompañarán en la nueva etapa de sus vidas que comienza hoy, a fin de que sean
“testigos de la verdadera alegría”: ¡de la alegría de Cristo
Resucitado!
La única alegría que no perece, la única capaz de ganar el corazón de sus
jóvenes amigos y compañeros: ¡de salvar el mundo!
¡Cuente
con ellos, Santo Padre!
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