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Estos días los medios de
comunicación traen a sus portadas un hecho que se repite todos los años: los
pequeños y los jóvenes de nuestras familias vuelven al colegio. El nuevo curso
escolar está comenzando. El horario escolar retoma su pulso y las ciudades y
los pueblos se van amoldando al horario de los colegios.
En este arranque de curso
me gustaría dedicar este sencillo escrito semanal a la clase de religión
católica. El estudio de la religión
en la escuela es un instrumento precioso para que los niños y los jóvenes
crezcan en el conocimiento de todo lo que significa su fe, a la par que van
desarrollando sus saberes en otros campos. La clase de Religión, como servicio supremo a la
educación integral del alumno, ayuda al despertar de los interrogantes sobre el
sentido último y definitivo de la vida. Les ayuda
a comprender que creer en Dios ilumina las preguntas más profundas que ellos
mismos llevan en el alma y que Jesucristo es la revelación plena del misterio
de Dios y del camino del ser humano. Tarde o temprano, el ser humano necesita respuestas
a algunas preguntas. Por ejemplo: ¿por qué o para qué vivo? ¿qué sentido tiene
la vida y qué sentido tiene la muerte? ¿por qué merece la pena luchar y vivir
si es que merece eso la pena?
Además, con
la clase de religión los niños y jóvenes entenderán la cultura en la que viven,
cuyos valores y expresiones artísticas y de todo orden hunden sus raíces en la
fe cristiana. Aprenderán a valorar lo bueno que hay en otras religiones y a
respetar la dignidad sagrada de todos los hombres, creyentes o no. Adquirirán
una visión armónica del mundo y de la vida humana que les capacitará para ser
personas más felices y ciudadanos más libres y responsables, constructores de
verdadera convivencia y de una sociedad en paz.
Por la importancia de esta
asignatura, los profesores, las familias y los mimos alumnos merecen nuestro
agradecimiento, ánimo y felicitación.
Agradecer en primer lugar
el trabajo que realizan, año tras año, los profesores y profesoras de religión
en los distintos colegios e institutos diseminados por nuestra geografía, tanto
públicos como concertados. En ocasiones este se desarrolla con alguna
contrariedad. Aún así, los profesores demuestran que, en la mayoría de los
casos, su dedicación a la asignatura tiene una dimensión vocacional. Me consta
que son muchas las horas de dedicación profesional y el alto compromiso que
mantienen con su trabajo.
Animar en segundo lugar a
las familias de los alumnos a que sigan de cerca a sus hijos y les acompañen también en los
contenidos de esta asignatura. La tarea de la educación en la fe se realiza por
diversos cauces, entre los que destacan la educación en la fe en la familia, la
catequesis parroquial y la clase de religión en el colegio; todos ellos tienen
objetivos y medios diferentes, por lo que todos son necesarios. Además, al
elegir la enseñanza religiosa católica para sus hijos, los padres actualizan el
compromiso que adquirieron en el bautizo de los pequeños de educarlos en la fe
cristiana.
Por último felicitar a los
chicos y chicas que han elegido esta opción, en especial a los que lo hacen en
secundaria y bachillerato, a pesar de que en ocasiones dicha elección no
resulta fácil. Seguro que son muchas las cosas que aprenden a la vez que dan un
sencillo testimonio de su fe que todos agradecemos.
Mucho ánimo a todos en
este nuevo curso que está comenzando.
+ Carlos Escribano Subías
Obispo de Teruel y
Albarracín
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