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Invocación: ¡Ven,
Señor Jesús!
La Palabra de la
Liturgia: “Pronto, muy pronto, el Líbano se convertirá en vergel, el vergel
parecerá un bosque; aquel día, oirán los sordos las palabras del libro; sin
tinieblas ni oscuridad verán los ojos de los ciegos. Los oprimidos volverán a
alegrarse con el Señor, y los más pobres gozarán con el Santo de Israel” (Is
29, 17-18).
Comentario: Ver es creer, abrir los ojos a la verdad que da razón del
seguimiento. Ver es reconocer al que viene como a quien anunciaron los
profetas, y tiene poder de dar luz a los ciegos. Él es la luz. Oír es percibir
en el corazón la Palabra para poder meditarla y cumplirla. 
Salvados en esperanza
“Cristo « intercede
por nosotros; de otro modo desesperaría. Porque muchas y grandes son mis
dolencias; sí, son muchas y grandes, aunque más grande es tu medicina. De no
haberse tu Verbo hecho carne y habitado entre nosotros, hubiéramos podido
juzgarlo apartado de la naturaleza humana y desesperar de nosotros » (Benedicto
XVI, Spes Salvi 29).
Avisos para la travesía del desierto
No
huyas del momento recio que supone atravesar la frontera de lo desconocido,
cuando experimentas incertidumbre y vulnerabilidad.
Consejo
La oración es respiración del alma.
Santa
María del Adviento
Señora, Tus padres
te pusieron por nombre María. El Ángel Gabriel te llamó “llena de gracia”.
Isabel, tu prima, te saludó como “Bendita entre las mujeres”. La Iglesia, desde los
primeros siglos, te invocó y proclamó Madre de Dios. Cada pueblo te invoca de
manera particular con el nombre de los lugares, de las plantas, de los
paisajes, para decirte que eres el corazón de los creyentes. Recibe el obsequio
de mi contemplación.
Santa
María, ruega por nosotros.
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