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Por
la Delegación de Liturgia de la diócesis de Ciudad Real
INTRODUCCIÓN
Siempre de nuevo, tras ocho días, los cristianos nos reunimos para celebrar el
domingo, también llamado «día del Señor». Esta celebración festiva, en la que
con gozo escuchamos la palabra de Dios y participamos en la Eucaristía, lleva a
más de uno a preguntarse por su origen y su historia, ya que imprime un ritmo
especial y profundo al año litúrgico y a la vivencia cristiana. La respuesta es
sencilla: 
«La
Iglesia, desde la tradición apostólica que tiene su origen en el mismo día de
la resurrección de Cristo, celebra el misterio pascual cada ocho días […],
recordando la pasión, resurrección y gloria del Señor Jesús» (Sacrosanctum
Concilium, 106).
Conocer
la historia del domingo nos ayudará a reconocer sus aspectos principales,
transmitidos a lo largo de la historia de la Iglesia, y su configuración
actual.
¿QUÉ
NOS DICE LA ESCRITURA SOBRE EL DOMINGO?
El
domingo se remonta al mismo día de Pascua, cuando Jesús resucita, el primer día
de la semana, día posterior al sábado (Mt 28, 1; Mc 16, 2.9; Lc 24, 1; Jn 20,
1); día en el que se hace reconocer por sus discípulos, camino de Emaús (Lc 24,
13-35); y en el que les deja su Espíritu (Jn 20, 21). A los ocho días (Jn 20,
26ss), reunidos los Apóstoles (Tomás también), celebrarán el primer domingo, al
recordar junto a Jesús, que se aparece, su pasión (llagas y costado abierto) y
confesar su fe en Él (Señor mío y Dios mío). El centro de la historia de
salvación parece tener lugar en el primer día de la semana, donde se sitúa la
resurrección y las apariciones de Cristo, y el don del Espíritu Santo.
También
1 Cor 16, 2 (primera referencia al domingo) habla del primer día de la semana
como idóneo para ejercer la caridad. Asimismo, en Hch 20, 6-12, tiene lugar una
asamblea el primer día de la semana (con homilía y fracción del pan). Esto nos
dice que, en una fecha temprana (60 d.C), la comunidad cristiana ya se reunía
en torno a unos motivos. Después, Ap 1, 10 lo denominará ‘día del Señor’: día
propio para que la asamblea eucarística haga memoria y confiese a su Señor.
Será la „pascua semanal‟, que cada domingo celebra lo que
es el Triduo Pascual respecto al año litúrgico.
DOMINGO
A DOMINGO: EL RECORRIDO DE LA HISTORIA
Si la vivencia del domingo es tan importante para un
cristiano, este hecho no puede ser desconocido a los ojos de la historia. De
hecho, son muchos los testimonios, en fuentes paganas y cristianas, que ya, en
los primeros siglos, constatan la importancia de esta fiesta. Como ejemplo de
aquellos puede valer una carta de Plinio el Joven (112 d.C.), que menciona a la
‘peligrosa’ secta de los cristianos, cuyo error está en asumir como costumbre
el reunirse, en un día señalado, antes de rayar el sol, para cantar himnos a
Cristo como Dios. Entre los testimonios cristianos sobre el domingo se pueden
señalar algunos. Ya la Didajé (n.14) narra una asamblea dominical cuyo centro
está en la fracción del pan. S. Ignacio de Antioquía (Magnesios, IX, 1) también menciona el
domingo como signo distintivo de los cristianos, frente a otros que añoran
viejas fiestas. Por su parte, S. Justino (Apol. 67, 3-7) nos narra el desarrollo
de la reunión dominical, pudiendo reconocer muchos elementos de nuestra
celebración dominical actual: lecturas, homilía, preces, plegaria, comunión,
etc. Finalmente, la Didascalia de los Apóstoles, (s. III d.C.) nos muestra como
se ha profundizado desde la teología en la vivencia del domingo (día de
alegría, en que no se ayuna): el que se ausenta de la asamblea, por atender
otros negocios, priva de un miembro al Cuerpo de Cristo; rechazando también la
relajación que supone el asistir a la reunión dominical y molestar en ella,
distrayendo a los hermanos.
Al
referir ahora a los “mártires del domingo” comprendemos mejor la relevancia de
celebrar este día. A inicios del s. IV, unas 50 personas de Abitinia fueron
llevadas a la muerte, al rechazar el culto al emperador, y no abstenerse de
celebrar el domingo. Pero ellos sabían que sin celebrar el día del Señor no
podían vivir. Sin embargo, cuando llegó la paz de Constantino (313 d.C.) las
cosas cambiaron: no se perseguía a quien lo celebrara, sino que se fijó como
fiesta semanal. Cristianos, incluso los esclavos, podían dejar sus tareas en
ese día para reunirse en el día del Señor, aunque esa permisión resultaba
novedosa y no muy necesaria: el trabajo no tenía por qué ser obstáculo para que
el cristiano celebrar el domingo. Cuando el cristianismo se extendió y se
perdió la ilusión primera, algunos cristianos desatendían la reunión dominical,
por lo que comenzó a lastrarse el domingo con la obligación de asistir (Conc.
de Elvira, de Agde), bajo pena de privación de la Eucaristía.
Al
aparecer el domingo como día de fiesta y descanso, era necesario precisar algunas
cuestiones (Didascalia Siríaca): el descanso permitía participar en la asamblea
dominical, pero no valía entonces ocuparse de otros asuntos temporales en ese
tiempo de ocio. Por eso, cuando no se estuviera en la Iglesia, el cristiano
podía dedicarse al trabajo, evitando estar ocioso. En esta línea está la
prohibición de Teodosio el Grande sobre el circo o el teatro: no convenía que
en domingo el pueblo optara por las representaciones en vez de por la asamblea
dominical.
Al cobrar el domingo esta relevancia como día de descanso,
se comenzaba a equiparar al sábado judío; el valor de fiesta intocable del
Sabat judío empezaba a transferirse al domingo. La Iglesia, sabia, recuerda,
entonces, a sus hijos, que el sábado es día de trabajo, y el domingo es el
descanso, al menos para quien pueda (único día descanso para muchos [c.29; C.
Laodicea, 360 d.C.]). Pero ese descanso dominical debe ser para reposar y
alimentar la vida cristiana, no para pecar a causa del ocio. En la Edad Media
la sabatización‟ dominical parecía inevitable si
se quería que las grandes multitudes que se convertían pudieran participar en
el misterio pascual de Cristo (motivo presente en las vigilias dominicales:
lecturas de la Resurrección). El exceso llega cuando se extreman medidas y
penas para que todos asistan, pero no para que se viva el domingo. La reunión
dominical aparece como obligación impuesta, y no como necesidad interior (tarea
de la catequesis en la comunidad), se busca cumplir la norma, viviendo a la vez
al margen de ella. Se entendía así: si los judíos cumplían el sábado, los
cristianos debían observar con más celo el domingo; aunque se diluía de este
modo su sentido profundo. Además, las fiestas de los santos, universales y
particulares, tenían más resonancia que la fiesta dominical.
Sin
generalizar en exceso, este es el aspecto que ha presentado durante mucho
tiempo el domingo, aunque para muchos cristianos a lo largo de la historia ha
sido el eje de su vida cristiana. El Catecismo de Trento ofrecía material más que
suficiente para regular el domingo (3er mandamiento), y en el Código de Derecho
Canónico de 1917 aparece la obligación de participar en la reunión dominical y
a otras fiestas (v.c. 1248). En el actual Código de 1983, se señala el
precepto, pero se adelanta la razón del mismo (destacando más esa necesidad
interior de relación con el Señor): en el domingo se celebra el misterio
pascual, que por tradición apostólica ha de observarse en toda la Iglesia como fiesta
primordial de precepto (cc. 1246-1247). Quien se ausenta, olvida esa relación
fundamental, cae en pecado (Catecismo, nº 2181).
Hoy
se quiere incidir más en ese aspecto gozoso, consciente de la celebración del
día del Señor (labor del C. Vaticano II). Se quiere recuperar el valor del
domingo, pasando del descanso de Dios en el sábado a la nueva labor recreadora
de Dios en el domingo, que se inicia con la Resurrección del Hijo. Y es lo que
se expresa en esta asamblea que desde tiempo de los Apóstoles se perpetúa entre
los cristianos para participar en el misterio pascual de Cristo.
Al repasar los orígenes y la historia del domingo en
alguno de sus aspectos, se puede afirmar que el día del Señor tiene identidad
propia para los cristianos: la experiencia de Resurrección continúa en los
actuales seguidores de Cristo, por lo que celebrar el domingo es recordar y
actualizar la acción de Dios para mirar con esperanza al futuro.
PARA
LA REFLEXIÓN
1.-
Somos parte de esta historia que continúa hoy. ¿Cómo se vive el domingo hoy?
2.-
¿Hay alguna enseñanza de la historia que acabamos de ver que sea válido para
nosotros?
3.- ¿Qué podríamos hacer para mentalizarnos mejor respecto
a lo que el Domingo supone para un cristiano?
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