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Con estas dos palabras, queridos amigos, nos
saludamos cuando nos cruzamos por la calle, o cuando escribimos un email, un
SMS, o una tarjeta de felicitación. Nos saludamos mandándonos un mensaje de
Navidad, porque queremos expresar nuestro deseo de que en estos días, de un
modo especial, seamos felices
Sabemos
que no es fácil, y especialmente para algunas o muchas personas, pero no
queremos dejar de expresar ese deseo.
Al contactar ahora con ustedes deseo llevar sus
miradas y sus oídos, las miradas y los oídos del corazón, al mensaje, al deseo
que nos expresa el Niño Dios en Belén. En la tarjeta que envío estos días a
muchas personas, he mandado imprimir unas palabras de Benedicto XVI: "La Palabra eterna
se ha hecho pequeña, tan pequeña como para estar en un pesebre. Se ha hecho Niño
para que la Palabra esté a nuestro alcance". Y como prolongando esta sencilla
reflexión del Santo Padre, añado, y éste es mi deseo: "Los niños pequeños
no hablan, pero ¡cuántas cosas grandes nos dice Dios haciéndose pequeño!. Que
acertemos a escucharlas".
Desde
el pesebre de Belén, este Niño nos habla sin palabras, con su presencia muda y
menuda. Nos habla de que Dios se acerca, se pone a nuestro alcance, porque
nos quiere, y mucho. Nos habla de que, si se acerca como Niño pequeño, es para
que no tengamos miedo de dejar sitio a Dios en nuestra vida. Y nos habla desde ese margen de la
vida de los hombres que es la pobreza y la exclusión; para que sepamos acogerlo
a Él con nuestra generosidad en los márgenes, en los pobres y excluidos de hoy.
En
el Pregón Pascual de 2009 invité a quienes tenemos posibilidades para que viviéramos
esta generosidad concretamente. De entonces a ahora la crisis ha arreciado,
afecta a más personas y más duramente; también los servicios de Cáritas se
sienten impotentes. Por eso, con esperanza, vuelvo a enviar mi mensaje de
entonces y con las mismas palabras: Si tienes seguridad económica, porque
tienes un sueldo, una nómina, unos ingresos estables, pequeños o grandes,
ofrece parte de lo que tienes, y no ocasionalmente, sino de modo sistemático,
con la misma estabilidad mensual de tus ingresos por ejemplo. Varios Obispos en
distintas Diócesis de nuestra geografía han sugerido a sus Sacerdotes y a sus
Fieles la ofrenda de la décima parte de los ingresos para compartir con los que
sufren las consecuencias de la crisis... Entreguen su aportación a Cáritas,
parroquial o diocesana... Tendremos que acostumbrarnos a un modo de entender la
vida que incluye el compartir lo que tenemos como criterio permanente, no sólo
como disciplina de un momento o unas semanas. La respuesta, entonces, fue muy
importante y esperanzadora. La crisis no se vencerá solamente con medidas de técnica
económica, sino también con la fraternidad y la gratuidad generosa.
No
hay Navidad sin acoger al Niño Dios. No hay Navidad sin acoger a los que se
tienen que refugiar en los establos marginales de hoy ¡Feliz Navidad, para
todos!
X Francisco, Obispo
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