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FALLECE JOSÉ IGNACIO TELLECHEA IDIGORAS, UNO DE LOS GRANDES HISTORIADES DE LA IGLESIA Imprimir E-Mail
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Escrito por Ecclesia Digital   
domingo, 09 de marzo de 2008

Iba a cumplir 80 años y era un de los mayores especialistas de todo el mundo en San Ignacio de Loyola.Image

         Tras larga enfermedad, el sábado 8 de marzo fallecía en su San Sebastián natal el sacerdote e historiador José Ignacio Tellechea Idígoras, catedrático emérito de Historia de la Iglesia de la Universidad Pontificia de Salamanca. El 13 de abril habría cumplido 80 años.

         Era doctor en Teología, licenciado en Historia de la Iglesia, licenciado en Filosofía y Letras y diplomado en archivística. Estudio en el Seminario de Vitoria, en la Pontificia Universidad Gregoriana de Roma, en la Escuela Vaticana de Archivística y en la Universidad Complutense de Madrid. Fue becario del Instituto Español de Estudios Eclesiásticos de Roma y de la Fundación Juan March. 

Donostiarra y universal 

         Fue ordenado sacerdote el 29 de junio de 1951. Todo su ministerio sacerdotal estuvo ligado con el mundo de la docencia y de la formación sacerdotal. De 1966 a 1968 fue rector del seminario diocesano de San Sebastián. De 1956 a 1966 fue en Madrid profesor del seminario Hispanoamericano. Desde 1968 a su jubilación en 1998 fue profesor en la facultad de Teología de la Pontificia de Salamanca. Dirigió los Institutos "Pío XII" para religiosas y "Doctor Camino" de Historia de San Sebastián y la revista "Salmanticensis". Fue asesor del episcopado español durante el Concilio Vaticano II.

         Era autor de más de un centenar de libros. Entre ellos destacan "El arzobispo Carranza", "Miguel Olfino" (cuatro tomos), "Padre Laramendi" (cuatro tomos), "Miguel de Unamuno" (cinco libros), "Felipe II", "La monja alférez" e "Ignacio de Loyola, solo y a pie". Su última obra, escrita hace dos años, es "Los sueños Francisco de Javier". De ella ofrecemos en información seguida y aparte la semblanza escrita por nuestro director en la entonces sección de nuestra web "La Biblioteca de ECCLESIA DIGITAL".

         José Ignacio Tellechea ha sido enterrado en el pueblo narravo de Ituren el domingo 9 de marzo. Su funeral, con el obispo y el presbiterio de San Sebastián, es el lunes 11 de marzo. Descanse en paz. (ECCLESIA DIGITAL)

                                          "Los sueños de Francisco de Javier",

                                     de José Ignacio Tellechea Idígoras

                                                Ediciones SÍGUEME

La Biblioteca de Ecclesia Digital (20)

Domingo 21 de mayo de 2006

         Necesaria y gozosamente volvemos hoy a un libro sobre San Francisco Javier o San Francisco de Javier, como se prefiera. Que razones hay para denominarlo de las dos maneras, aun cuando quizás deberíamos acostumbrarnos a poner el "de" después del "Francisco" y antes del "Javier" ya que nombre era Francisco y su lugar de nacimiento Javier. Algo similar al caso del "Poverello": que era llamado Francisco -aunque fue bautizado como Juan- y su apellido -Bernardone- fue suplido por el nombre de la ciudad que le vio nacer y renacer: la verde y dulce Asís, en el corazón de la Umbria italiana.

         El autor del libro que nos ocupa hoy -el catedrático de Historia José Ignacio Tellechea Idígoras- alude a ello en este libro, aunque prefiere llamarle "Padre Francisco" o "Padre Maestro Francisco".

         Aparcada y ojalá que explicada esta cuestión onomástica, diremos que quien esto suscribe estaba aguardando este libro. No porque tuviera alguna información privilegiada, pública o privada al respecto, sino que hace años disfrutó de lo suyo leyendo la quizás principal y más hermosa biografía de Ignacio de Loyola, titulada "Ignacio de Loyola, solo y a pie", y que tenía por autor este eximio historiador y escritor donostiarra llamado José Ignacio Tellecha Idígoras.

Recuerdos de hace quince años

         Y es que tan capital es su trabajo biográfico sobre Ignacio que pido permiso para contar una historia, que tiene también sello personal. Recuerdo con precisión una mañana de marzo del año 1991 en la Pontificia Universidad Gregoriana de Roma (PUG). Era el día 12. Y los jesuitas de la considerada "fábrica de obispos"... ¡!, suspendían las clases -algo casi insólito e inaudito en la seriedad y rigor de aquella santa casa...¡!- para dedicar la jornada a una acto conmemorativo del V Centenario del nacimiento de San Ignacio, el fundador de la Compañía de Jesús y del Colegio Romano, el embrión de la PUG, de la Gregoriana.

         Yo era estudiante de segundo de Historia de la Iglesia. En el primer semestre de aquel curso había realizado un curso opcional de la Facultad de Misionología, que computaba en créditos para la Facultad de la Historia Eclesiástica. El curso -el seminario para ser más preciso- era sobre los orígenes y condición misionera de la Compañía de Jesús. El profesor y, a la vez, decano entonces de la Facultad de Misionología era el jesuita almeriense Jesús López Gay.

         Nos propuso a los alumnos una serie de posibles trabajos para cumplimentar el seminario. Yo elegí el titulado "Significado misionero de los votos de Montmartre", que presenté en el aula correspondiente del Palazzo Luchesi el 27 de noviembre de 1990.      Y confieso con normalidad y modestia que no sólo me lo trabajé bien, sino que, sobre todo, disfruté, aprendí y me puse a ampliar el tema con verdadera pasión, con una atracción singular y hasta irresistible, como si se tratase de un imán.

         No viajé entonces hasta el monte parisino de los mártires, por razones obvias..., pero sí recorrí las Iglesia romanas más vinculadas con Ignacio y con la Compañía y hasta marché, casi en peregrinación, hasta la Storta para visitar y orar en aquella capilla de las afueras de Roma, en un recodo de Via Cassia a 14 kilómetros de la ciudad eterna, donde Ignacio descubrió que Dios le sería propicio en Roma y que la Jerusalén que él y sus seis primeros compañeros de Montmartre anhelaban era la nueva y definitiva Jerusalén universal del vicario de Cristo, que no es otra que Roma "urbe" y, sobre todo, "orbe. A pocos trabajos he vuelto tantas veces como a esté, que releí, de nuevo, días atrás.

         Fue entonces cuando entré en contacto con "Ignacio de Loyola, solo y a pie" y unos meses después cuando me "encontré" con su autor como ponente en aquel acto académico extraordinario de la Gregoriana en honor de Ignacio en el V Centenario de su nacimiento.

         El, José Ignacio Tellechea Idígoras, era el ponente de aquella jornada. Y él, José Ignacio Tellechea Idígoras era español y además no era jesuita. ¿Cuál sería, pues, la importancia de su obra que hasta los mismísimos jesuitas -mis profesores Fois, Martina, Rabikaskaus, Lasala, Pfeiffer, Benítez, Grotz...- o los más sabios todavía de la Casa de Escritores de la Compañía en Roma, dejaban la lección magistral de aquel acto académico solemne a un historiador español y para colmo no jesuita...?, pensábamos y comentábamos los alumnos de la Facultad de Historia Eclesiástica de la PUG. Ahora, junto a mí, a mi izquierda, mientras escribo está el texto íntegro de aquella lección magistral de Tellechea, bien subrayada y anotada.

         Tres o cuatro años después, Tellechea vino a mi diócesis de Sigüenza-Guadalajara a impartir otra conferencia magistral en el marco de la fiesta sacerdotal de San Juan de Ávila. Mi obispo y buen amigo suyo, monseñor José Sánchez González, me invitó a que le enseñara yo mismo la catedral de Sigüenza a Tellechea. Y recuerdo haber memoria de lo ahora escrito en las líneas precedentes.

Regresando a nuestra historia

         Hecha memoria agradecida de la historia reseñada, regresamos al libro que nos ocupa para referir, en primer lugar, otra pequeña anécdota.  El libro me llegó a la sede de la redacción de ECCLESIA, enviado directamente por el director de Ediciones SÍGUEME y buen amigo también de inolvidables tiempos romanos Eduardo Ayuso, vicerrector del Pontificio Colegio Español "San José" inmediatamente después de concluir yo mis estudios en Roma. En la carta adjunta, firmada en Salamanca el 25 de abril pasado, me decía: "Te envío la biografía de Francisco, que acabar de concluir el renombrado historiador José Ignacio Tellechea. Se lee como una novela; me imagino que te encantará".

         Y, en efecto, se lee como una novela y se disfruta con su lectura y con la fascinante aventura propuesta en sus páginas de ir conociendo y desvelando los "sueños" del Padre Francisco, tantos de ellos desvanecidos como un castillo de naipes, tantos de ellos cumplidos premonitoriamente, con el paso del tiempo. Y todo ello, los sueños desvanecidos y los sueños realizados, por su fidelidad al ardor que ardía en su corazón convertido y lleno de Jesucristo y de "ir más lejos y más allá" en su seguimiento y en su predicación.

         Escribe a este respecto Tellechea: "He titulado este libro Los sueños de Francisco de Javier porque ellos nos descubren el meollo de su vida. En ocasiones soñó dormido y en voz alta, como cuando gritaba más y más, soñando que padecía trabajos, frío, tormentas bajo la mirada de Dios, a quien generosamente pedía más y más pruebas de su generosidad. Un día se desertó cansado y molido, porque había soñado que llevaba a cuestas a un indio. El tiempo le descubrirá el significado premonitorio de estos sueños. Y soñaba despierto...".

¿Los sueños, sueños son?

         El lector se encontrará en "Los sueños de Francisco de Javier" de José Ignacio Tellechea Idígoras con 16 apasionantes capítulos y con numerosos fragmentos de sus cartas que, como diario de ruta o cuaderno de bitácora, reflejan las inquietudes aventureras y apostólicas del divino impaciente y, sobre todo, las "reliquias de su alma santísima", como alguien definió estas cartas.

         Y el lector se encontrará con la verdad de que la Providencia cambió el rumbo de la vida del secretario de Ignacio al enfermar Bobadilla. Y el lector se encontrará, "subiéndose, en silencio, al carro de su vida"- su perfil de misionero de cuerpo entero, de misionero y sólo misionero, con cruz en mano y ruego ardiente para predicar a Jesucristo y a su santa ley, para consolidar la Compañía de Jesús en tierras lejanas y para incrementar la Iglesia en todas las Jerusalenes del mundo.

         Ese mundo que en once vertiginosos años Francisco hizo pequeño, surcando tierras y mares de Goa, Ceilán, Malaca, El Moro, Kagoshima, Yamaguchi y Sacián, ante cuyas olas impetuosas y cálidas soñó para siempre eternidades con tan sólo 46 años de edad.

Una cuenta secreta de gratitud

         En el prólogo de este libro Tellechea se sincera y hasta esas páginas se emocionan y conmueven en sus últimos párrafos. Relata Tellechea algo de la intrahistoria de este libro, algo que forma parte de su biografía más personal, más íntima y más querida. Son dos de sus visitas al castillo de Javier, la cuna de Francisco- Dos visitas ilustres a Javier y una estancia en la UVI en 1981.

         La primera de esta visita data de julio de 1954. Era además su primera visita a Javier. Tenía 26 años. Y acompañaba al cardenal Angelo Giuseppe Roncali, patriarca de Venecia. Quien tan sólo cuatro años después sería el Papa Juan XXIII, el Papa bueno, el ya beato Juan XXIII, quedó muy impresionado de aquella visita y en el libro de oro de visitantes ilustres estampó su firma de peregrino compostelano junto a la siguiente frase: "¡Oh Jesús!, esperanza del alma peregrinante, junto a ti mi boca enmudece, pero mi silencio te habla. San Francisco Javier, ruega por mí".

         Años después, en 1981, Tellechea gravísimamente enfermo y desde la UVI de un hospital que le cuidaba, imploró con toda el alma la intercesión de San Francisco Javier. "Ya curado -escribe Tellechea- celebré en total soledad una misa de acción de gracias en la Iglesia de Javier para, de alguna manera, saldar mi cuenta secreta con el santo".

         Y, de nuevo, años después, ahora en julio de 1997, Tellechea volvió a Javier, acompañado de su amigo y paisano, el arzobispo José Sebastián Laboa, entonces nuncio apostólico en Malta y Libia. Los dos fueron en 1954 los acompañantes de Roncalli y si entonces le vieron a él firmar en el libro de oro de visitantes ilustres del castillo navarro, ahora el hermano Alberdi, el mismo que les acompañó cuarenta y tres años atrás, les pedía a ellos que hicieran lo mismo.

         Monseñor Laboa, ni corto ni perezoso, se puso a escribir. Tellechea, ante el tiempo que empleaba en ello, le preguntó:

         "--¿Estás escribiendo una encíclica?

         -- Ven y verás", le respondió para, a continuación, leer en voz alta su texto: "Evocando mi primera visita, acompañando al cardenal Roncalli, futuro Papa Juan XXIII, el 18 de julio de 1954, acompañado de mi entrañable amigo José Ignacio Tellechea, autor del mejor libro sobre San Ignacio, hoy se compromete a escribir una biografía sobre San Francisco Javier". Firmado: José Sebastián Laboa, nuncio apostólico en Malta y Libia, 25 de julio de 1997.

         Y relevado esto, Tellechea, con este libro, dice saldar su "deuda secreta con el santo y el compromiso con el amigo" y nos ofrece una biografía hermosa y apasionante de Francisco de Javier, un cristiano ardiente y, a veces, siquiera al final de su vida heroica, un hombre "solo y a la intemperie", frase del título del último capítulo de la biografía, que no dudo en pensar que barajó Tellechea como título del libro, al menos por paralelismo a su "solo y a pie" de Ignacio de Loyola...

         Del resto del libro y como le dijera Laboa a Tellecha, le digo yo ahora a los posibles lectores de "Los sueños de Francisco de Javier",  "ven y verás", venid y veréis en silencio para que sea el Padre Maestro Francisco quien hable.

                                                                                      Jesús de las Heras Muela

                                     "LOS SUEÑOS DE FRANCISCO DE JAVIER",

                                     de José Ignacio Tellechea Idígoras

                                                Ediciones SÍGUEME

                             C./García de Tejado, 23-27. 37007-Salamanca

                                         Teléfono (0034) 923 218203

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