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Celebramos el domingo, 15 de enero de 2012,
la Jornada Mundial
de las Migraciones, en el contexto de la nueva evangelización a la que nos urge
la Iglesia.
Las
migraciones son un fenómeno de nuestro tiempo. El proceso de globalización y
las facilidades para los desplazamientos están favoreciendo el encuentro entre
las personas y los pueblos. En España el fenómeno migratorio se manifiesta con
gran fuerza y rapidez, aunque está disminuyendo algo a causa de la crisis
económica.
El tema de este año es la evangelización y las migraciones. La cuestión de los emigrantes
no es solo problema de acogida y solidaridad. Es también “una oportunidad
providencial para renovar el anuncio del Evangelio en el mundo contemporáneo”.
El documento Lineamenta preparatorio para el próximo Sínodo de los obispos, en
el mes de octubre de este año, señala una serie de escenarios o areópagos, entre ellos, las migraciones. Es una llamada a los cristianos para no permanecer
cerrados en nuestras comunidades parroquiales o casas religiosas, sino para salir al encuentro y abrir puertas,
leyendo en el rostro de nuestros hermanos inmigrantes sus dolores y esperanzas.
La Comisión Episcopal de Migraciones y el Mensaje
del Papa para esta Jornada nos proponen unas pistas para la evangelización del
mundo de las migraciones. Las resumo brevemente en esta carta pastoral.
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Crear espacios y comunidades promotoras
de acogida, solidaridad, diálogo y comunión fraterna, en una pastoral
específica, unida a la pastoral general para lograr la mayor armonía.
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Fortalecer el acompañamiento de personas y grupos. Es importante fomentar el
valor de la familia, especialmente en el campo de la educación, como elemento imprescindible de cohesión
social.
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Urgir a los poderes públicos a establecer leyes justas en el país de acogida,
acompañadas de políticas de desarrollo en el país de origen; crear en la opinión pública un clima
favorable que acabe con el racismo y la xenofobia.
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Potenciar la pastoral juvenil con los inmigrantes, recogiendo el encargo del
Papa en la Jornada
Mundial de la Juventud, en cuya Eucaristía final recibimos el
encargo de “comunicar a los demás la alegría de nuestra fe”.
Desde esta carta pastoral doy las gracias al Sr. Delegado Diocesano de
Migraciones, D. Juan José Ibáñez, y a las personas que trabajan en el campo de
las migraciones. Animo a todos los diocesanos a tomar conciencia viva de los
problemas del mundo de las migraciones y a participar en los actos programados
en torno a la Jornada.
Que la Virgen, Santa María del Camino, guíe y acompañe nuestros pasos.
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