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El domingo 15 de enero celebra la Iglesia la Jornada Mundial de las Migraciones, una iniciativa del Papa,
que cada año publica un mensaje dedicado a esta cuestión de tanta actualidad.
El lema que ha escogido Benedicto XVI para esta jornada es “Migraciones y nueva
evangelización”. 
El
esfuerzo por llevar la persona de Jesús y el mensaje del Evangelio marca
profundamente la actualidad de la
Iglesia católica y también de las restantes Iglesias y
comunidades cristianas. Dos hechos lo ponen de relieve. El primero es que en
octubre de este año se reunirá en Roma el Sínodo de los Obispos para celebrar
una de sus asambleas ordinarias y el tema que ha propuesto el Papa para ser
objeto de reflexión y estudio es “la nueva evangelización para transmisión de
la fe cristiana”. Y precisamente mientras estará reunido el Sínodo, el próximo
11 de octubre, se iniciará la iniciativa que Benedicto XVI ha propuesto a toda la Iglesia. La celebración
del Año de la Fe, un
tiempo que concluirá en la fiesta de Cristo Rey del año 2013 y que estará
especialmente destinado a reflexionar y a proponer los contenidos de la fe
cristiana.
El mensaje de la
jornada de hoy se sitúa claramente en esta perspectiva. Se abre con una cita de
un documento de Pablo VI publicado en 1975, pero que es sumamente actual:
“Anunciar a Jesucristo constituye la misión esencial de la Iglesia, una tarea y
una misión que los cambios amplios y profundos de la sociedad actual hace cada
vez más urgente” (Evangelii nuntiandi,
14).
La palabra del Papa
reconoce, con realismo, que en los últimos años se ha producido una mezcla de
personas y de pueblos sin precedentes, con problemáticas nuevas no sólo desde
el punto de vista humano, sino también ético, religioso y espiritual. De hecho,
vivimos en sociedad –y la nuestra no es una excepción- en sociedades cada vez
más multiétnicas e interculturales. El objetivo es encontrar una convivencia
serena en el respeto de las diferencias legítimas.
Creo que hemos de
dar gracias a Dios por lo logrado en este sentido entre nosotros, y en concreto
en nuestra diócesis egarense, gracias a la buena voluntad de muchas personas.
Estoy realizando la visita pastoral y ésta es una de las realidades que
encuentro y que puedo constatar con una actitud de respeto y de gratitud a todos
cuantos la hacen posible.
Dice el Papa, en el
mensaje que comento, que “las comunidades cristianas han de prestar una
atención particular los trabajadores
inmigrantes y a sus familias, a través del acompañamiento, de la plegaria, de
la solidaridad y de la caridad cristiana”. E invita a hacerlo desde “la
valoración de lo que nos enriquece recíprocamente, así como desde la promoción
de nuevos programas políticos, económicos y sociales que favorezcan el respeto
de la dignidad de toda persona humana, la tutela de la familia y el acceso a
una vivienda digna, al trabajo y a la asistencia social”.
La crisis actual
hace especialmente difícil la realización de estos objetivos. Pero deseo
subrayar que son muchos los sacerdotes y diáconos, los religiosos y religiosas
y los cristianos y cristianas laicos de nuestra diócesis que se esfuerzan en
hacer realidad que los emigrantes y refugiados –como dice el Papa- “encuentren
en su camino el rostro misericordioso de Cristo en la acogida del prójimo”.
+ Josep Àngel Saiz Meneses
Obispo de Terrassa
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