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Queridos sacerdotes, consagrados y laicos de la diócesis
de Palencia.
Durante los años 2012 a 2013, más concretamente desde Enero de
2012 hasta Diciembre de 2013 es mi intención realizar mi primera visita
pastoral a las parroquias de la diócesis. Será una visita rápida, dejando para
una segunda vuelta la estancia más detenida en cada parroquia o unidad
pastoral. Los días asignados serán publicados en calendario aparte,
estableciéndose como término medio la estancia en cada comunidad parroquial o
unidad pastoral tres días, viernes, sábado y domingo, de semanas alternas, con
interrupciones en Navidad, Pascua y los meses de verano. 
El motivo de dirigiros ahora esta carta pastoral es
animaros a preparar cuidadosamente la visita, a vivirla con fervor y a
aprovechar sus conclusiones para renovar y revitalizar nuestras comunidades
cristianas. En esta carta quisiera primeramente esbozar algunos principios
doctrinales que nos ayuden a entender mejor la realidad de la Iglesia particular
diocesana y las comunidades parroquiales que forman nuestra diócesis. En
segundo lugar, quisiera explicaros lo que es la visita pastoral del Obispo a
una comunidad cristiana determinada, eliminando todo prejuicio que vea en ella
una mera inspección burocrática, para centrarnos en la finalidad y objetivos
que la Iglesia
espera de este acontecimiento pastoral. Por último, daré algunas precisiones de
cómo se va a desarrollar en concreto esta visita pastoral, sus etapas, su
desarrollo y su duración y calendario previstos.
Encomendamos ya desde el principio el éxito pastoral de la
visita a la Virgen María,
Madre de Nuestro Señor Jesucristo, en las distintas advocaciones que recibe en
nuestra diócesis, y le rogamos que proteja bajo su manto maternal a todos
nosotros, pastores, religiosos y laicos, que vamos a vivir lo que no dudo en
llamar un evento de gracia para nuestra Iglesia de Palencia.
1. LA IGLESIA DIOCESANA.
La Iglesia universal y las Iglesias particulares.
La Iglesia de Cristo se concreta en último término para
nosotros en nuestra Iglesia particular, la diócesis de Palencia. El Concilio
Vaticano II nos ilumina la realidad de la Iglesia universal y su relación con las Iglesias
locales: “La diócesis es una porción del pueblo de Dios que se confía a un
Obispo para que la apaciente con la cooperación del presbiterio, de forma que
unida a su pastor y reunida por él en el Espíritu Santo por el Evangelio y la Eucaristía, constituye
una Iglesia particular, en la que verdaderamente está y obra la Iglesia de Cristo, que es
Una, Santa, Católica y Apostólica”.
Hay católicos, por desgracia, que no tienen una conciencia
clara de lo que significa su pertenencia a una Iglesia particular. Viven la
realidad de su parroquia o movimiento apostólico y, todo lo más, se sienten
miembros de la gran Iglesia universal. Consideran muchas veces las diócesis o
Iglesias particulares como divisiones administrativas de la Iglesia universal y
conciben la figura del Obispo diocesano como mero delegado del Papa para su
gobierno. La institución del “día de la Iglesia diocesana”, que se celebra todos los años
en nuestra diócesis, tiene como una de sus finalidades principales explicar a
los fieles el sentido de la realidad diocesana y acrecentar su sentimiento de
pertenencia a nuestra Iglesia de Palencia.
El Concilio nos enseña que la Iglesia particular es ante
todo “una porción del pueblo de Dios”. Nuestra diócesis es por lo tanto la
congregación o grupo de los creyentes en Cristo que viven dentro de los límites
de nuestra demarcación diocesana, compartiendo unas determinadas características
históricas, sociales y culturales, que hacen de nosotros una unidad eclesial
más o menos homogénea. Esta porción del pueblo de Dios está confiada a mi cuidado
pastoral, con la colaboración indispensable de todo el presbiterio diocesano.
El principio de la unidad de la Iglesia de Palencia, como
el de toda la Iglesia
universal, es el Espíritu Santo, que reúne a esta Iglesia particular a través
sobre todo de la predicación del Evangelio y de la celebración de la Eucaristía, haciendo
que en ella “verdaderamente esté y obre la Iglesia de Cristo, que es Una, Santa, Católica y
Apostólica”.
Las Iglesias particulares no son, pues, meras
subdivisiones de una Iglesia más grande, ni mucho menos Iglesias autónomas que
luego se unen voluntariamente para formar la gran Iglesia. En
cada Iglesia diocesana se hace presente la Iglesia de Cristo y “en ellas y a partir de ellas
existe la Iglesia
católica, una y única”.
Profundizar en la realidad teológica de la Iglesia diocesana y comprender y vivir la
pertenencia a una parroquia o comunidad cristiana como miembros de una Iglesia
particular, debe de ser una de las consecuencias más importantes de la visita
pastoral que os he anunciado, a fin de que todos nos sintamos cada vez más
afectiva y efectivamente Iglesia de Dios en Palencia.
El Obispo, principio de unidad.
Pero, también la visita pastoral debe hacer comprender
mejor a todos, pastores y fieles, el ser y la misión del Obispo dentro de la Iglesia diocesana. Por
voluntad divina, y a pesar de nuestra fragilidad humana, “los Obispos, puestos
por el Espíritu Santo, suceden a los Apóstoles como pastores de las almas.
Junto con el Sumo Pontífice y bajo su autoridad, han sido enviados para
perpetuar la obra de Cristo, Pastor eterno... El Espíritu Santo que han
recibido ha hecho de los Obispos los verdaderos y auténticos maestros de la fe,
pontífices y pastores”.
El ministerio episcopal comprende, según esto, entre otros servicios al pueblo
de Dios, el oficio de enseñar, predicando el Evangelio con la autoridad de
Cristo; el oficio de santificar, especialmente por la celebración de la Eucaristía y por los
demás sacramentos, que él mismo celebra o manda celebrar; y el oficio de regir,
gobernando con la potestad recibida por la sucesión apostólica, el rebaño de
Cristo a él confiado, recordando siempre aquel consejo de Cristo que nos
advierte que “el mayor entre vosotros sea como el menor y el que gobierna como
el que sirve” (Lc 22, 26).
Además, el ministerio de los pastores tiene en la Iglesia la importante
misión de ser principio de unidad. Tanto el Papa en la Iglesia universal como los
obispos en sus Iglesias particulares deben ser siempre y ante todo origen de
comunión eclesial. “El Romano Pontífice, como sucesor de Pedro, es el principio
y fundamento perpetuo y visible de unidad, tanto de los obispos como de la
muchedumbre de los fieles. Cada uno de los Obispos, por su parte, es el
principio y fundamento visible de unidad en sus Iglesias particulares, formadas
a imagen de la Iglesia
universal”.
Esta unidad eclesial, de la que el obispo es garante en su
Iglesia particular, ha de conducir sobre todo a lo que el Papa Juan Pablo II
llamó repetidamente la “espiritualidad de comunión”. En su Carta Apostólica Novo
Millennio Ineunte, afirmó que una de las prioridades pastorales de la Iglesia en la nueva etapa
que ahora comienza es la de conseguir a todos los niveles esta espiritualidad,
fruto de la auténtica caridad fraterna, que debe animar a todos los cristianos:
“la teología y la espiritualidad de la comunión aconsejan una escucha recíproca
y eficaz entre Pastores y fieles, manteniéndolos por un lado unidos a priori
en todo lo que es esencial y, por otro, impulsándolos a confluir normalmente
incluso en lo opinable hacia opciones ponderadas y compartidas”.
A pesar de las dificultades, intentar avanzar hacia la plena comunión eclesial
ha de ser otro de los objetivos primordiales de la visita pastoral.
2. LA VISITA PASTORAL.
Naturaleza de la
visita pastoral.
Desde mi llegada a la diócesis de Palencia, en el mes de
Agosto de 2010, he tenido ocasión de visitar muchas parroquias con motivo de
las fiestas patronales, confirmaciones u otras efemérides parroquiales,
predicando en ellas la Palabra
de Dios, encontrándome con los miembros del pueblo fiel y administrando los
sacramentos, especialmente la
Confirmación y la Eucaristía. También
he podido visitar la práctica totalidad de los conventos y monasterios, así
como las sedes de los principales movimientos y asociaciones canónicas, y las
escuelas católicas y los hospitales. En este sentido, puedo decir con
sinceridad que he intentado conocer a mis diocesanos y que ellos ya empiezan a
conocerme como su pastor.
Pero la visita pastoral es una nueva forma de presencia.
Podríamos definirla como una forma particular de cuidado pastoral por la que el
Obispo mantiene un contacto personal con los sacerdotes y con los demás
miembros del pueblo de Dios para conocerlos, dialogar con ellos y exhortarlos a
incrementar su vida de fe y piedad cristiana, además de valorar y revitalizar
las estructuras e instrumentos de su acción pastoral.
Se trata, pues, de un nuevo encuentro, de un “plus” de conocimiento y contacto
personal con los sacerdotes, y con los fieles laicos, a fin de cumplir mejor mi
triple ministerio episcopal de enseñar, de santificar y de regir al pueblo de
Dios en Palencia.
La visita pastoral,
evento de gracia.
La visita pastoral debe vivirse sobre todo como un evento
de gracia. No se trata de una inspección para reprender, censurar o regañar.
Quien lo vea así no ha entendido la naturaleza del ministerio pastoral en la Iglesia. La visita
pastoral es ante todo una acción apostólica que refleja en cierto modo, y
dentro de las limitaciones humanas, la imagen de aquella singular visita por
medio de la cual, el Buen Pastor Jesucristo “ha visitado y redimido a su
pueblo” (Lc 1, 68). Como
enseña el Concilio Vaticano II, “en los obispos, a cuyo lado están los
presbíteros, se hace presente en medio de los creyentes nuestro Señor
Jesucristo, Sumo Sacerdote”.
Por lo tanto, a través de mi humilde persona, Jesucristo, el Pastor de nuestras
almas, va a visitar vuestras comunidades cristianas para fomentar el espíritu
de comunión eclesial entre todos los miembros del pueblo de Dios y para
promover la vida espiritual y evangelizadora de las parroquias. Es así, y no de
otra manera, como debéis entender y preparar este acontecimiento diocesano.
Pero también para mí es una ocasión muy importante para el
desempeño de mi ministerio episcopal como Obispo de Palencia. En efecto, la
visita pastoral me ofrecerá sin duda una oportunidad singular para acrecentar el
contacto personal con los sacerdotes y los demás miembros del pueblo de Dios;
para escuchar, dialogar y animar a los agentes de pastoral; para conocer mejor
las dificultades de la evangelización y del apostolado; para valorar la
eficacia del Plan Pastoral Diocesano en cada comunidad y revisar las estructuras
parroquiales para ayudar, en su caso, con mis consejos y sugerir las oportunas
orientaciones pastorales.
Conocer para
revitalizar.
Este encuentro personal y este conocimiento mutuo están
destinados en último término a revitalizar la fe cristiana y la vida apostólica
de todo el pueblo de Dios. Revitalizar ante todo la transmisión de la fe. Hoy ya no está
garantizado, como ocurría anteriormente, que las nuevas generaciones reciban en
el hogar familiar una iniciación a la fe cristiana. La secularización ya ha
llegado a la familia y los padres, en ocasiones, se desentienden de su deber de
transmitir a sus hijos la fe que recibieron de sus progenitores y que quizás en
ellos se ha debilitado. La parroquia debe asumir por lo tanto las funciones del
despertar religioso que antes garantizaba la familia. Lo mismo se
dice de la formación cristiana básica, que desempeñaba anteriormente la escuela. Hay que
renovar, según las nuevas orientaciones de la Iglesia, las estructuras
de la transmisión de la fe en la parroquia, especialmente la catequesis
preparatoria para la
Primera Comunión y el catecumenado que precede al sacramento
de la Confirmación. Y
para ello es preciso revisar primero la formación que se da a los catequistas y
a los adultos en general, a fin de conseguir cristianos con una fe madura y
agentes de pastoral capaces de transmitir la fe a los demás. Hay que fomentar
para ello el catecumenado de adultos en las parroquias o arciprestazgos y
establecer en los núcleos de población más importantes extensiones del
Instituto Diocesano de Ciencias Religiosas para la formación de agentes de
pastoral diplomados.
Es preciso además revitalizar la vida de oración y las
celebraciones litúrgicas de la comunidad. El Papa Juan Pablo II puso ya en su
día un especial énfasis en ello al afirmar: “Sí, queridos hermanos y hermanas,
nuestras comunidades cristianas tienen que llegar a ser auténticas «escuelas
de oración», donde el encuentro con Cristo no se exprese solamente en
petición de ayuda, sino también en acción de gracias, alabanza, adoración,
contemplación, escucha y viveza de afecto hasta el arrebato del corazón”.
Revisar y revitalizar la vida de oración personal y comunitaria de todos los
fieles cristianos de nuestras parroquias y movimientos, he aquí otra de las
finalidades de la visita pastoral. La lectura orante de la Palabra de Dios y los
momentos de adoración eucarística en nuestras iglesias deberán ser prioridades
pastorales para todos nuestros programas de actuación pastoral.
Pero tenemos que revitalizar también la conciencia de
“misión” que deben tener todos los fieles cristianos, no sólo aquellos que por
vocación especial marchan a evangelizar a países lejanos o se consagran
ministerialmente a la predicación del evangelio entre sus semejantes.
Aquí el papel de los laicos se revela especialmente
importante. De acuerdo con las orientaciones del Plan Pastoral Diocesano, la
visita pastoral deberá estimular la conciencia cristiana de los laicos para
que, tras profundizar en su específica vocación en la Iglesia, a la que están
llamados por el Bautismo y la
Confirmación, se comprometan activamente a la difusión del
Evangelio en los ambientes propios en donde sólo ellos pueden ser sal de la
tierra.
Finalmente la visita pastoral deberá impulsar la caridad
de todos los católicos palentinos. El Papa Benedicto XVI ha llamado repetidamente
la atención sobre esta dimensión fundamental del cristiano, especialmente en su
encíclica Deus Caritas est: “El amor -caritas-
siempre será necesario, incluso en la sociedad más justa. No hay orden estatal,
por justo que sea, que haga superfluo el servicio del amor. Quien intenta
desentenderse del amor se dispone a desentenderse del hombre en cuanto hombre.
Siempre habrá sufrimiento que necesite consuelo y ayuda. Siempre habrá soledad.
Siempre se darán también situaciones de necesidad material en las que es
indispensable una ayuda que muestre un amor concreto al prójimo... La
afirmación según la cual las estructuras justas harían superfluas las obras de
caridad, esconde una concepción materialista del hombre: el prejuicio de que el
hombre vive «sólo de pan», una concepción que humilla al hombre e ignora
precisamente lo que es más específicamente humano (nº 28).
De ahí la importancia de erigir en cada parroquia o unidad
parroquial asociaciones benéficas, especialmente las cáritas parroquiales, ya
que “según el modelo expuesto en la parábola del buen Samaritano, la caridad
cristiana es ante todo y simplemente la respuesta a una necesidad inmediata en
una determinada situación: los hambrientos han de ser saciados, los desnudos
vestidos, los enfermos atendidos para que se recuperen, los prisioneros
visitados, etc. Las organizaciones caritativas de la Iglesia, comenzando por
Cáritas (diocesana, nacional, internacional), han de hacer lo posible para
poner a disposición los medios necesarios y, sobre todo, los hombres y mujeres
que desempeñan estos cometidos” (Deus Caritas est, nº 31).
3. ETAPAS DE LA VISITA PASTORAL.
Anuncio y
sensibilización.
Para el mejor provecho espiritual de los fieles, la visita
pastoral debe tener varias etapas. Aunque constituyen un todo único, podríamos
distinguir las siguientes fases: el anuncio y sensibilización del pueblo fiel;
el informe previo de la realidad parroquial; la visita administrativa; y el
encuentro personal del Obispo con todos los miembros de la parroquia.
El anuncio de la visita busca convocar a toda la comunidad
cristiana para que se prepare a vivir la visita pastoral como un momento
privilegiado de encuentro y escucha recíproca entre el pastor y los fieles.
Este anuncio debería llevarse a cabo de forma que todo el pueblo fiel se
sintiese motivado para participar activamente en este acontecimiento eclesial.
Cada comunidad parroquial debe decidir en último término las formas concretas a
través de las cuales se llevará a cabo la convocatoria. Entre
otras actividades, sería muy conveniente que se celebrase una asamblea
parroquial con la finalidad de anunciar la visita y que se comentase entre los
fieles esta misma carta pastoral.
Con toda esta preparación remota lo que se busca es
claramente que nadie se sienta ajeno al acontecimiento y que se conozca y se
viva la visita como un evento de gracia la parroquia como tal y para cada uno
de sus miembros en particular.
El informe previo.
La preparación próxima de la visita pastoral busca
recopilar la información necesaria para disponer al Obispo al encuentro con la comunidad. Para
que sirva de ayuda a esta toma de conciencia de la propia situación y para
organizar toda la información que se pueda recoger, se distribuirá a las
parroquias un modelo de “Informe para la visita pastoral”, tanto en forma de
cuadernillo de papel como en soporte informático. El Informe tendrá dos partes,
una redactada por el párroco o moderador de la unidad pastoral, garantizando su
objetividad con su firma, y unos anexos que los distintos grupos parroquiales
pueden hacer para informar directamente al Obispo sobre su actuación pastoral.
Es evidente que la finalidad del Informe, además de ayudar al Obispo, no es
tanto cumplimentar unos cuestionarios, sino pasar revista, con ocasión de la
visita pastoral, a lo que es y a lo que hace la comunidad parroquial, para
conocer sus logros y detectar sus fallos, en orden a mejorar su vida espiritual
y su actividad pastoral.
La reflexión deberá versar, en primer lugar, sobre las
características sociales y culturales de las gentes que viven en la
demarcación, la estructura parroquial, los agentes de pastoral que colaboran en
ella, etc. En un segundo momento, los sacerdotes con el consejo de pastoral
parroquial deberán revisar las tres grandes tareas de la acción pastoral de la
parroquia: la proclamación de la
Palabra de Dios (formación de las nuevas generaciones, del
laicado adulto, la predicación, el anuncio misionero, etc.); la celebración de la Eucaristía y de los
demás sacramentos (sacramentos de iniciación, Eucaristía, Penitencia,
Matrimonio, funerales, religiosidad popular, etc.); y el servicio de la caridad
(asistencia y promoción, pastoral familiar, compromiso social, etc.). Por
último, deberá reflexionar sobre la relación de la parroquia con el
arciprestazgo y con la vicaría de pastoral y con la curia diocesana.
El Informe, después de haber servido para revisar la vida
de la parroquia, se entregará con la suficiente antelación al Obispo, para
proporcionarle una información confidencial de la comunidad parroquial y facilitarle
la valoración de las estructuras e instrumentos de su acción pastoral.
La visita
administrativa.
La visita pastoral debe privilegiar ciertamente el encuentro
personal entre el pastor de la diócesis y el Pueblo de Dios de cada parroquia o
comunidad cristiana. Pero estos aspectos más específicamente pastorales no nos
deben hacer olvidar otros aspectos directamente relacionados con la dimensión
organizativa de la Iglesia,
imprescindibles para el buen cumplimiento de su misión espiritual. Llamamos “aspectos
administrativos” de la visita pastoral sobre todo a los relacionados con la
revisión de los libros sacramentales, las anotaciones marginales, duplicados,
etc.; la revisión del archivo parroquial; el inventario del patrimonio de los
bienes muebles e inmuebles y la administración económica. No se trata aquí de
nuevo de una inspección, sino ante todo de una ayuda al párroco y a quienes
colaboran con él en estos trabajos más “burocráticos”, para que las cosas se
hagan correctamente, de forma que se pueda siempre justificar ante los fieles,
y, llegado el caso, incluso también ante las autoridades civiles, el buen uso
de los bienes que la Iglesia
legítimamente posee.
Esta visita administrativa se hará unas semanas antes de
la visita del obispo y será llevada a cabo por el secretario de la visita, con
la colaboración del arcipreste, y aportará las sugerencias y consejos que
estime oportunos al párroco y a los seglares que le ayudan en estas tareas y,
eventualmente, les propondrán las correcciones que deberán de hacerse en su
gestión. El Obispo firmará posteriormente el acta que garantice la correcta
tenencia de los libros y archivos y la cabal gestión de la administración
parroquial.
Visita Pastoral del
Obispo a la parroquia o a la unidad pastoral.
La visita del Obispo a la parroquia deberá estar
previamente programada con cuidado, a fin de evitar pérdidas de tiempo y
facilitar el encuentro con el mayor número posible de personas y grupos.
Corresponde al párroco, junto con el consejo de pastoral, hacer el horario
detallado de las actividades, que presentará previamente al Obispo para su
aprobación. Se distribuirán las actividades entre el viernes, el sábado y el
domingo, pudiendo comenzar, según el número de actos, el viernes por la mañana
o después de comer, para terminar con la comida del domingo. En casos
excepcionales, si así lo requieren los actos programados, se podrá utilizar
también el domingo por la tarde.
Se tiene que privilegiar el encuentro distendido con el párroco
y, en su caso, con los sacerdotes colaboradores, co-párrocos, adscritos o
jubilados, que colaboran pastoralmente en la parroquia, dándole un amplio
espacio de tiempo a cada una de las entrevistas.
Igualmente se tienen que prever entrevistas distendidas
con los distintos grupos parroquiales existentes (catequistas, miembros de
cáritas, de pastoral de la salud, etc.) y especialmente con el consejo pastoral
parroquial. Sería una muestra de confianza y una delicadeza de los sacerdotes
para con los laicos que pudieran hablar con toda libertad al obispo, sin la
presencia de sus pastores, excepto en la reunión del consejo de pastoral
parroquial, que lo preside siempre el párroco o el moderador de la unidad
pastoral. El Obispo sabrá valorar debidamente lo que se le dice
confidencialmente y nunca se pondrá en entredicho la autoridad que tienen los
pastores sobre la grey; al contrario, el Obispo debe estar siempre del lado de
sus inmediatos colaboradores: el párroco y demás sacerdotes que trabajan
pastoralmente en la parroquia o unidad pastoral.
El Obispo debe también celebrar con la comunidad los
sacramentos de la fe y participar en algún momento de adoración eucarística
durante el transcurso de la visita pastoral. Así se procurará, si es posible,
bautizar a algún niño o adulto; conferir la confirmación a los jóvenes, e
incluso a adultos, preparados al efecto; administrar la unción de los enfermos
o de personas muy mayores, bien en algunas casas, o bien en una celebración
comunitaria en la iglesia. Igualmente, el Obispo se sentará a confesar media hora
antes de cada celebración de la eucaristía. Ello se deberá avisar previamente a
la comunidad cristiana para que se acerquen quienes lo deseen, indicándoles que
la confesión es una condición indispensable para lucrar la indulgencia plenaria
que se concede a los que participan en la visita pastoral. Especial relieve
deben revestir las celebraciones eucarísticas y el rezo de la liturgia de las horas
con algunos grupos (hora intermedia o vísperas, según los casos). En general,
la visita pastoral deberá desarrollarse en un clima general de oración, no sólo
en las celebraciones solemnes, sino también en las reuniones y entrevistas con
los distintos grupos de personas, comenzando o terminando con una parte de la
liturgia de las horas, a fin de familiarizar a los feligreses con la oración
oficial de la Iglesia,
objetivo pedido por el Concilio Vaticano II y recogido en nuestro Plan de
Pastoral Diocesano. Para ello, se deberán prever las correspondientes
fotocopias sacadas de los materiales litúrgicos propuestos en un folleto al
efecto o bien en soporte informático, a través de la página web de la diócesis.
La visita pastoral tiene rango de solemnidad, por lo que
prevalece sobre la mayor parte de las otras celebraciones litúrgicas
ordinarias. Con el fin de ayudar al párroco en la preparación de la liturgia de
esos días, se ha editado, con el visto bueno de la Delegación de Liturgia,
unas celebraciones, que se deberán distribuir a lo largo de los tres días,
teniendo la misa estacional del sábado por la tarde una especial solemnidad. Esta
misa será concelebrada y se utilizará siempre el canon quinto d. Ser procurará igualmente
que a esta eucaristía participe el mayor número posible de personas de la
parroquia o unidad pastoral, anunciándola debidamente. Respetando el esquema
general de celebraciones propuesto, se podrán adaptar los cantos, moniciones o
lecturas bíblicas según las peculiaridades de la comunidad.
EXHORTACIÓN FINAL.
Como os ya he
dicho anteriormente, os exhorto a todos vosotros, queridos hijos, sacerdotes,
consagrados y laicos, a vivir la visita pastoral como un evento de gracia para
vosotros y para vuestras parroquias y comunidades ¡Caminemos con esperanza! Una nueva etapa de renovación espiritual
puede abrirse a la Iglesia
palentina, contando con la ayuda de Cristo.
¡En el nombre del
Señor, participemos todos en la santa visita pastoral!
Con mi bendición y afecto.
+ Esteban, Obispo de Palencia.
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