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Por G.G. en Páginas Digital del 13/01/2012
Nunca había habido tantos
cristianos perseguidos: el siglo XXI, entre «leones y nuevas catacumbas». Hoy,
el último informe del Pew Forum lanza la alarma sobre la libertad religiosa.
Aumentan los cristianos, pero como este aumento se da en las zonas más "candentes"
del planeta, aumenta también el número de los fieles a Jesús que sufren
violencia.
«La fe más seguida en el
mundo está acumulando perseguidores -comenta el semanal británico The
Economist. Incluso los no-cristianos deberían preocuparse por ello. El
cristianismo está creciendo casi al mismo ritmo que la humanidad misma: pero
sus dos mil doscientos millones de fieles no pueden contar con la seguridad de
los números». 
Esto se debe, en parte,
al hecho de que el centro de la religión más difundida del mundo se está
desplazando hacia los puntos más críticos (en muchos sentidos) del planeta.
La parte cristiana de la población del África
sub-sahariana creció, con respecto al siglo pasado, del 9% al 63%. Al mismo
tiempo, el comité de expertos afirma que la proporción de los cristianos entre
los europeos y los americanos ha disminuido, respectivamente, del 95% al 76% y
del 96% al 86%. «Pero, si nos desplazamos del cansado norte al dinámico sur, no
se prevé un futuro fácil», subraya The Economist. En Nigeria,
decenas de cristianos han perdido la vida en atentados de islamistas, que
llevaron a cabo sus masacres durante las oraciones de la Navidad.
En Irán y Paquistán, los
cristianos están en el "brazo de la muerte" por «apostasía» (el
abandono del islam) o por blasfemia. Docenas de iglesias en Indonesia han
sufrido ataques o han tenido que cerrar. Dos tercios de la población cristiana
prebélica de Iraq han huido del país. En Egipto y Siria, en donde los déspotas
seculares ofrecían al cristianismo un escudo ante sacudidas políticas de
diversa índole, el celo de los musulmanes amenaza a los antiguos grupos
cristianos.
Sin embargo, no todos los
problemas del cristianismo se deben a los musulmanes. La fe afronta
persecuciones en los grupos formalmente comunistas de China y Vietnam. En
India, los nacionalistas hindúes persiguen a quienes quieren convertirse al
cristianismo. En Tierra Santa, las iglesias locales viven entre la invasión de
sus propiedades por parte de Israel y las ofertas de los islamistas para monopolizar
la vida de Palestina. Los seguidores de Jesús todavía pueden convertirse en una
minoría en su tierra natal. En relación con las guerras religiosas que hace
tiempo destruían a la cristiandad, las batallas modernas, como las que se
combaten dentro del islam, han derramado poca sangre. Pero cuenta mucho la
brutalidad.
Aunque las potencias occidentales
ya no consideran como prioridad geopolítica la promoción de los intereses del
cristianismo, es difícil imaginar a los evangélicos estadounidenses ignorando un
cambio de enormes dimensiones en las iglesias domésticas de China. Y, sean
cuales fueren sus confesiones, los electores occidentales tienen motivos para
preocuparse por el destino de los cristianos. Los regímenes y las sociedades
que persiguen a los cristianos tienden, en los hechos, a oprimir también a las
demás minorías. Los musulmanes sunitas, que demonizan a los cristianos,
detestan a los chiítas.
Una vez involucrada la religión,
cualquier conflicto se vuelve más difícil de resolver. «No es una cruzada
-indica The Economist. Entre los valores liberales, tiene un lugar
primordial la libertad por profesar una religión cualquiera o ninguna. El
gobierno de los Estados Unidos de América se basa en la ley que promueve esta
libertad. En línea con sus ideales, los Estados Unidos se preocupan justamente
por la persecución de los musulmanes de todas las franjas, así como por los
tormentos de los cristianos en China, de los judíos y de los Bahai en Irán.
Desaprueba cuando los países cristianos, como Bielorrusia, practican la
persecución».
Los demás países europeos, incluso los más
laicos, tendrían que hacer algo al respecto para defender este derecho.
Por ello, «¿qué decir de los que consideran la persecución de exponentes de
otras religiones como parte de su llamado? Ninguna fe está libre de culpa:
desde Delhi hasta Jerusalén, muchos de los que suscitan el odio son hombres de
Dios. Pero hay un problema particular con respecto al islam. La ley
islámica (aunque el Corán no) a menudo condena a muerte a los que han
abandonado la fe. Hay signos de cambios. La Organización para la Cooperación
Islámica, con sus 57 miembros, con el beneplácito de Estados Unidos, ha
mitigado su intención de declarar legal la blasfemia en algunas resoluciones de
la ONU. También ha condenado los ataques de Nigeria. Pero los líderes
musulmanes deben aceptar la voluntad de cambiar de religión como un derecho
legal. Sobre este punto, Occidente no debería retroceder. De otra forma, los
creyentes (cristianos o no), seguirán en peligro», subraya The
Economist.
Una emergencia que el Papa
afrontó el lunes pasado durante su discurso ante el cuerpo diplomático
acreditado en la Santa Sede. «Cuando Benedicto XVI denuncia que la libertad
religiosa es un derecho todavía limitado o escarnecido nos recuerda, sobre
todo, que en el mundo los cristianos siguen siendo amenazados», indicó ante la
Radio Vaticana el sociólogo Massimo Introvigne, responsable de la Osce para las
discriminaciones hacia los cristianos. «Ciento cincuenta mil muertos al año,
uno cada cinco minutos, como he dicho en más de una ocasión durante mi mandato
Osce, son las cifras de un verdadero genocidio -explica. Pero el Pontífice
también nos recuerda que se está llevando a cabo una "limpieza
religiosa" que se parece mucho a una limpieza étnica. Se actúa mediante
una constelación de atentados terroristas que no logran eliminar las
comunidades de un país, pero las espantan de tal forma que inducen a la mayor
parte de los cristianos a huir».
Además, Benedicto XVI ante el
cuerpo diplomático acreditado en la Santa Sede: «en muchos países, los
cristianos son privados de sus derechos fundamentales y marginados de la vida
pública; en otros, sufren ataques violentos contra sus iglesias y sus casas. A
veces son obligados a abandonar los países que han contribuido a edificar, a
causa de continuas tensiones y de políticas que frecuentemente los relegan a
meros espectadores secundarios de la vida nacional. En otras partes del mundo,
se constatan políticas orientadas a marginar el papel de la religión en la vida
social, como si fuera causa de intolerancia, en lugar de contribuir de modo
apreciable a la educación en el respeto de la dignidad humana, la justicia y la
paz. [...] Con el transcurso del tiempo, sin embargo, ha prevalecido la
concordia y la voluntad recíproca de cooperar, cada uno en su propio ámbito,
para favorecer el bien común. Espero que Italia siga apostando por una relación
equilibrada entre la Iglesia y el Estado, constituyendo así un ejemplo que las
otras naciones puedan mirar con respeto e interés. En el continente africano,
que he visitado de nuevo en mi reciente viaje a Benín, es esencial que la
colaboración entre las comunidades cristianas y los gobiernos permita abrir un
camino de justicia, paz y reconciliación, donde los miembros de todas las
etnias y religiones sean respetados. Es doloroso constatar que, en distintos
países del continente, este objetivo está todavía muy lejano».
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