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"Cuando sea levantado sobre la tierra, atraeré a todos hacia
mi".
Ha llegado la hora de que sea
glorificado el hijo del hombre. En verdad, os digo que si el grano de trigo no
cae en la tierra y muere, queda infecundo. Pero si muere, da mucho fruto".
Y es que "el que se humilla, será enaltecido".
"¿Pascua? -escribe el teólogo
alemán D. Bönhefer, martirizado por los nazis en un campo de concentración- Nos
preocupamos más de morir que de la muerte... Sócrates supo morir. Cristo venció
a la muerte como "el último enemigo". Saber morir no significa vencer
a la muerte... No será el "ars amandi", sino la resurrección de
Cristo la que dará un nuevo viento que purifique al mundo actual. Aquí es donde
se halla la respuesta al "dame un punto de apoyo y levantaré el
mundo". Si algunos hombres creyeran realmente esto y se dejaran guiar así
en su actividad terrestre, muchas cosas cambiarían. Porque la Pascua significa
vivir a partir de la resurrección. ¿No te parece que la mayor parte de los
hombres ignoran de que viven en el fondo?"
"La cruz -escribió José Luis
Martín Descalzo- es la gloria. La gloria es la cruz. Jesús no sufrió y después
-el domingo- fue glorificado. La gloria de Jesús estaba ya en la entretelas de
la cruz. El viernes santo y el domingo de pascua se juntan. Son un único día.
Hasta que el hombre no comprenda esto tiene incompleta su alma".
"Los cielos nos espantan; están
demasiado serenos; en todo el universo no hay lugar para nosotros. Nos duelen
nuestras heridas, ¿dónde hallaremos el bálsamo? Señor Jesús, por tus llagas
pedimos misericordia. Si, estando cerradas las puertas, te acercas a nosotros,
no has de hacer sino mostrar, las manos y ese costado tuyo. Hoy día sabemos lo
que son las heridas, no temas; muéstranos tus llagas, conocemos la
contraseña. Los otros dioses eran fuertes, pero tú eres débil; cabalgaban,
mas tú tropezaste en su trono; pero a nuestras heridas, sólo las heridas de
Dios pueden hablarles y sanarlas y no hay Dios alguno que tenga heridas, ninguno
más que Tú. Muéstranos tus llagas, conocemos la contraseña". (Edward Shillito).
Una
selección de Jesús de las Heras Muela
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