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El Cardenal Arzobispo de Madrid, Antonio Mª Rouco
Varela, ha hecho pública una carta pastoral con motivo del Octavario, en la que
recuerda que “comienza una nueva semana de oración por la unidad de los
cristianos avanzando en un camino espiritual y pastoral iniciado ya hace casi
un siglo y que la Iglesia ha hecho suyo con una intensidad creciente”
Confirma la “actualidad e importancia pastoral de la tarea
‘ecuménica’” en orden “a la propuesta y objetivos de la nueva evangelización”,
y recuerda que ‘el estado de la fe’ en los países de viejas raíces cristianas, muy
gravemente crítico en Europa y América sobre todo, pone de manifiesto la
necesidad apremiante de promover e intensificar la unidad fundamental de todos
los cristianos en torno a lo que ha sido desde los primeros pasos del
movimiento ecuménico la profesión y el testimonio de la verdad de Dios y de
Cristo”.
En este sentido, evoca las palabras de Benedicto XVI en la
Liturgia Ecuménica de la Palabra celebrada en el antiguo monasterio de los PP.
Agustinos de Erfurt el pasado 23 de septiembre, durante su viaje pastoral a
Alemania: “no podemos quedarnos en nuestros encuentros ecuménicos en la pena y
lamentación de las separaciones y de las divisiones, sino que debemos dar el
paso del reconocimiento agradecido a Dios por lo que nos ha conservado y
regalado de unidad en la Fe: en Dios, Padre, Hijo y Espíritu Santo y ‘en
Jesucristo, verdadero Dios y verdadero hombre, que ha vivido con nosotros y
entre nosotros, que ha padecido y muerto por nosotros, y que en su Resurrección
ha rasgado la puerta de la muerte’. Fortalecernos mutuamente en esa fe y
ayudarnos unos a otros a vivirla es la gran tarea ecuménica que nos espera hoy,
quizá más que en ningún otro momento de la historia del movimiento ecuménico”.
Por ello, afirma, “la unidad, si se la pretende y quiere
vivir con toda la seriedad de la fe profesada, debe de expresarse en la común
toma de conciencia de que ha de ser testimoniada con la palabra y con la vida
siempre y mucho más en este momento histórico de la Iglesia y del mundo, en el
que la fe se ve acosada y negada a través de múltiples versiones teóricas y prácticas:
intelectuales, culturales y sociales. No se avanzará en la unidad eclesial de
los cristianos, si no se dan progresos auténticos en el terreno de la misión
evangelizadora”.
Para el Cardenal, “la hora del Ecumenismo del siglo XXI ha
de estar marcada por el sí de la fe y de la vida, fundado en Dios, Padre, Hijo
y Espíritu Santo, en Dios que “es el Amor”; y en Jesucristo, el Hijo de Dios
hecho carne en el seno de la Virgen Madre, muerto y resucitado por nuestra
salvación. Un sí, manifestado y confesado sin recortes, capaz de iluminar el
camino de la cultura actual y de convertirse en un estilo de vida entregada al
amor de Dios y del prójimo”.
“En esta hora histórica de una tan grave crisis económica y
social, que afecta a los valores humanos más esenciales, como son la vida, el
matrimonio y la familia, el trabajo y la educación de las jóvenes generaciones,
etc., la respuesta unida de los cristianos −respuesta de las ideas y de los
comportamientos− es indispensable. Una exigencia de un actualizado ‘ecumenismo’,
que adquiere en España una especial fuerza ante el hecho
de tantos hermanos inmigrantes, provenientes unos de las Iglesias Ortodoxas del
Centro y del Este de Europa, y de otros muchos, hermanos católicos, venidos de
las tierras hermanas de América, no siempre inmunes a la sugestión de la
confusa religiosidad y de captación complaciente por parte de las sectas”, señala.
“La oración por la unidad de los Cristianos, dice, vuelve
a presentársenos como una obligación espiritual y pastoral inaplazable en unas
circunstancias históricas que la hacen especialmente urgente”.
Concluye confiando a la Virgen “los frutos de esta nueva
Semana de la Unidad, sintonizando con las intenciones del Santo Padre”.
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