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“Profetas y discípulos” es el título
de la reflexión homilética del teólogo y sacerdote José-Román Flecha Andrés,
para el tercer domingo del tiempo ordinario B
Si la figura de Samuel es
atrayente, no lo es menos la de Jonás (Jon 3, 1-5.10). El breve libro que lo
recuerda en la Biblia, nos presenta la misericordia de Dios, la obstinación de
un profeta y la conversión de un pueblo malvado que reconoce su maldad.
El libro de Jonás habla sobre todo
de la bondad de Dios. De un Dios que interviene en la historia de los hombres.
Su mirada se extiende a todos los pueblos. También a la potencia avasalladora y
criminal de Nínive. La decisión de Dios deja en claro que el mal no puede tener
la última palabra.
Con enérgicas pinceladas, el libro
traza además la imagen de un creyente poco consecuente con su fe. Oye la voz de
Dios que lo llama y lo envía a predicar la conversión a la ciudad de Nínive,
pero no está dispuesto a aceptar el encargo. Este profeta malhumorado recibe
una misión y se ve obligado a cumplirla contra su voluntad.
El libro recuerda también a Nínive.
Y la evoca de forma escandalosa. Es como si hoy alguien tratara de subrayar la
buena voluntad de un tirano y un pueblo que han llevado a cabo un genocidio. El
Dios de Jonás espera la conversión de los criminales. Y para que la prepare,
elige y envía a un resentido.
DON Y TAREA
También el evangelio de hoy (Mc
1,14-20) incluye la idea de la conversión que se encontraba en el libro de Jonás.
En realidad, es más que una idea: es el objeto y el resumen de la misión de Jesús
de Nazaret. Según el evangelio de Marcos, ésas son las primeras palabras de Jesús:
“Se ha cumplido el plazo, está cerca el Reino de Dios: convertíos y creed en el
Evangelio”. Son palabras para recordar y meditar.
Hay en el mensaje de Jesús una
primera parte, que evoca el proyecto de Dios: “Se ha cumplido el plazo, está
cerca el Reino de Dios”. También ahora, Él interviene en la historia humana. El
tiempo humano marca ya la hora de la salvación. Dios quiere ser reconocido como
Dios. Su señorío no es tiranía sino don gratuito y salvador.
En el mensaje inicial de Jesús hay
una segunda parte, en la que se subraya la responsabilidad humana: “Convertíos
y creed en el Evangelio”. Aceptar la buena noticia motiva un cambio radical de
la vida, es decir una nueva creación. Pero esa conversión manifiesta la
seriedad y la coherencia de la fe.
LLAMADA Y ENVÍO
Por otra parte, el evangelio que
hoy se proclama incluye la otra experiencia que constituye la trama del libro
de Jonás: la de la vocación. Caminando por la ribera occidental del Lago de
Galilea, Jesús encuentra a dos parejas de hermanos que se ganan la vida con sus
faenas de pescadores.
Son Simón y su hermano Andrés,
naturales de Betsaida, Y Jacobo (o Santiago) y Juan, hijos de Zebedeo. El texto
anota las palabras que Jesús dirige a los dos primeros: “Venid conmigo y os haré
pescadores de hombres”. Son palabras que habrán de evocar para siempre la
vocación de los discípulos del Señor.
• “Venid conmigo”. En el mundo judío
eran los discípulos los que elegían un maestro para ser instruidos por él en el
conocimiento de la Ley de Moisés. Ahora es Jesús el que elige y llama a sus
discípulos para que compartan su vida.
• “Os haré pescadores de hombres”.
Aquellos pescadores del Lago de Galilea conocían bien su oficio y su tarea
diaria. Vivían de ella. Ahora Jesús les anuncia una responsabilidad que
desconocen. Por el momento ignoran que les va a exigir la vida entera.
Sin embargo, los cuatro pescadores
dejaron la barca y las redes y siguieron a Jesús. Al escuchar la llamada y
seguirla entraban en un nuevo espacio de libertad.
- Señor Jesús, también en nuestros
días buscas creyentes que escuchen tu llamada y te sigan. Que tu voz nos saque
de nuestra rutina y nos envíe a compartir tu vida y anunciar tu mensaje. Amén.
José-Román Flecha Andrés Universidad Pontificia de Salamanca
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