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Meditación de la soledad de María Imprimir E-Mail
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Escrito por Ecclesia Digital   
lunes, 10 de marzo de 2008

Para orar en Semana Santa con María y como María, la Madre del Ajusticiado, la Madre del Salvador.Image

PREÁMBULO: "STABAT MATER"

"Stabat mater dolorosa,
juxta crucem lacrimosa"

Estaba la Dolorosa,
junto al leño de la Cruz.
¡Qué alta palabra de luz!
¡Qué manera tan graciosa
de enseñarnos la preciosa
lección del callar doliente!
Tronaba el cielo rugiente.
La tierra se estremecía.
Bramaba el agua... María
estaba, sencillamente.

COMPOSICIÓN DEL LUGAR

Palidecidas las rosas
de tus labios angustiados;
mustios los lirios morados
de tus mejillas llorosas;
recordando las gozosas
horas idas de Belén,
sin consuelo ya y sin bien
que tus soledades llene...
¡Miradla por donde viene,
hijas de Jerusalén!

MEDITACIÓN

Virgen de la Soledad:
rendido de gozos vanos,
en las rosas de tus manos
se ha muerto mi voluntad.

Cruzadas con humildad
en tu pecho sin aliento, la mañana del portento,
tus manos fueron, Señora,
la primer cruz redentora:
la cruz del sometimiento.

Como tú te sometiste,
someterme yo querría:
para ir haciendo mi vía
con claro sol o noche triste.
Ejemplo santo nos diste
cuando, en la tarde deicida,
tu soledad dolorida
por los senderos mostrabas:
tocas de luto llevabas,
ojos de paloma herida.

La fruta de nuestro Bien
fue de tu llanto regada:
refugio fueron y almohada
tus rodillas, de su sien.
Otra vez, como en Belén,
tu falda cuna le hacía,
y sobre El tu amor volvía
a las angustias primeras...
Señora: si tú quisieras

contigo lo lloraría.

COLOQUIO

Por tu dolor sin testigos,
por tu llanto sin piedades,
Maestra de soledades,
enséñame a estar contigo.
Que al quedarte tú conmigo
partido ya de tu vera
el Hijo que en la madera
de la Santa Cruz dejaste,
yo sé que en ti lo encontraste
de una segunda manera.

Yo en mi alma, Madre, lavada
de las bajas suciedades,
a fuerza de soledades,
le estoy haciendo morada.
Prendida tengo y colgada
ya mi cámara de flores.
Y a husmear por los alcores
por si llega el peregrino
he soltado en mi camino
mis cinco perros mejores.

Quiero yo que el alma mía,
tenga, de sí vaciada,
su soledad preparada
para la gran compañía.

Con una nueva paz y alegría
quiero, por amor, tener
la vida muerta al placer
y muerta al mundo, de suerte
que cuando venga la muerte
le quede poco que hacer.

ORACIÓN FINAL

Pero en tanto que El asoma,
Señora, por las calladas,
-¡por tus tocas enlutadas
y tus ojos de paloma!-
recibe mi angustia y toma
en tus manos mi ansiedad.
Y séame, por piedad,
Señora del mayor duelo,
tu soledad sin consuelo
consuelo en mi soledad

POEMA-ORACIÓN ANTE EL DOLOR Y LA SOLEDAD DE MARÍA
QUE SOSTIENE EN SUS BRAZOS EL CUERPO MUERTO DE SU HIJO JESÚS

Señora:
Como una primavera de puñales
miro tu corazón que pardadea,
al pie del árbol, sangre.
Tu soledad sin horizonte alcanza
la original potencia elemental,
y el pálido perfil que perece en tu manto
me seca la garganta con el llanto olvidado
en la mitad del desierto.
Sin una lágrima, sin un sollozo, sin una sombra,
tu rostro hecho de espinas y de clavos
me mira al pie de tus pies apagados.
Soy el eco de tu soledad, Señora,
Reina de reina de las soledades.
Yo te acompaño en este no decir nada.
Yo te acompaño en esta sangre santa.
Yo te acompaño en este fruto quieto.
Yo te acompaño allá muy hondo,
en tu virginal sabiduría.
Estamos solos en medio de mundo
divinamente misterio y terrible,
Reina de reinas de soledades.

EN TUS MANOS


A la soledad de María

Déjame, Soledad, que te acompañe,
pues grande, más que el mar, es tu quebranto.
Deja que la amargura de tu llanto
con mis manos la achique y la empañe.

Déjame, Soledad, que tu agonía
sea yo quien la viva y la padezca,
que, junto a ti, mi soledad merezca
el dulce alivio de tu compañía

Recuerda, Soledad de soledades,
que fuiste confiada a mi cuidado
por tu Hijo en el trance de su muerte.

Él me fió también a tus bondades.
Toma mis manos, Soledad doliente.
Yo, me quedo en las tuyas cobijado.

(1) Los cinco primeros versos que se ofrecen a continuación son de José María Pemán, en su obra "Poesía Sacra", reeditados por EDIBESA en el libro "La pasión según Pemán". El autor del sexto poema es Carlos Pellicer y el séptimo es del historiador Joaquín Luis Ortega

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