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Cada año durante el mes de enero se celebra la
Semana de Oración por la Unidad de los Cristianos. Esta semana comienza el día
18 de enero y termina el día 25, fiesta de la Conversión de san Pablo. Un grupo
interconfesional prepara el tema general y propone unas lecturas de la Biblia y
unas plegarias para cada uno de los días de este octavario. 
El lema y los textos de este año han sido
preparados por un grupo de trabajo en el que había representantes de la Iglesia católica romana, de la Iglesia
ortodoxa y de las Iglesias veterocatólicas y protestantes presentes en Polonia.
El lema escogido para este año son estas palabras
de la carta de San Pablo a los Corintios: “Todos seremos transformados por la
victoria de Nuestro Señor Jesucristo” (1Co 15, 51-58). El texto alude a la
Pascua del Señor y hace también referencia al bautismo, sacramento que nos
identifica y nos une a Cristo y nos hace partícipes de la muerte y en la resurrección
de Cristo. El bautismo es la base de la fraternidad entre los cristianos, pues
existe un acuerdo entre las diversas Iglesias y comunidades eclesiales de
reconocer la validez del bautismo administrado por todas ellas.
Este año que hemos comenzado se
cumplirán los cincuenta años del inicio del Concilio Vaticano II, convocado e
impulsado por el beato Juan XXIII e inaugurado el 11 de octubre de 1962. Para
la Iglesia católica el Concilio Vaticano II significó un gran impulso al espíritu
y al movimiento ecuménico. Uno de los decretos aprobados por la asamblea trata precisamente del ecumenismo
y comienza con estas palabras: “Promover la reconstrucción de la unidad entre
todos los cristianos es uno de los
propósitos del sagrado sínodo ecuménico Vaticano II”.
Y en este mismo decreto se afirma
que la santidad de vida y la oración son el lema del movimiento ecuménico.
Merecen ser recordadas estas palabras: “Recuerden todos los fieles cristianos
que promoverán e incluso practicarán tanto mejor la unión cuanto más se
esfuercen por vivir una vida más pura según el Evangelio. Pues cuanto más
estrecha sea su comunión con el Padre, el Verbo y el Espíritu, más íntima y fácilmente
podrán aumentar la fraternidad mutua” (Unitatis redintegratio, 7).
Dice también el Concilio que “esta
conversión del corazón y
santidad de vida, junto con las
oraciones públicas y privadas por la unidad de los cristianos, deben
considerarse como el alma de todo el movimiento ecuménico y pueden llamarse con
razón ecumenismo espiritual” (UR 8).
En este quincuagésimo aniversario del comienzo del Vaticano
II, somos invitados a dar gracias a Dios por el largo camino de la unidad
recorrido hasta ahora y a poner nuestra confianza en Dios para el futuro del
movimiento ecuménico, dando primacía al ecumenismo espiritual y a todo aquello
que pueda fomentar la fraternidad entre todos los cristianos y los hombres y
mujeres de buena voluntad, aunque no compartan nuestra fe.
+ Josep Àngel Saiz Meneses
Obispo de Terrassa
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